Hielo

    Los cristales de hielo tienen forma de estrella.

    El agua en estado sólido adopta una estructura cristalina de tipo hexagonal. En este caso, pasa a denominarse hielo, el cual es incoloro y transparente, aunque cuando aparece en forma de grandes masas compactadas puede presentar un tono azulado o verdoso.

    La principal particularidad del hielo es que las moléculas que lo forman están más separadas que en el agua. El motivo se halla en el peculiar tipo de enlaces que unen las moléculas de agua: los puentes de hidrógeno. Esto hace que el agua aumente de volumen al congelarse, y también que el hielo resulte menos denso que el agua líquida, por lo que es capaz de flotar en ella.

    El aumento de volumen parejo a la formación del hielo lo dota de un gran poder de erosión. Cuando el agua penetra en grietas y huecos del terreno y posteriormente se congela, el crecimiento de volumen provoca tensiones que pueden llegar a romper las rocas.

    Además de la capacidad del hielo para fracturar rocas y abrir el terreno durante su formación, su acción geomorfológica se puede manifestar de otros modos. Cuando el hielo se presenta en grandes masas, que además se desplazan por la acción de la gravedad, como los glaciares, posee un muy elevado poder de erosión. Araña el terreno, arranca fragmentos del mismo y procede a transportarlos hasta grandes distancias, donde los deposita y acumula.

    Actualmente, el modelado del terreno que realiza el hielo, y de forma especial los glaciares, se limita a las zonas más frías del planeta: las regiones polares y las cumbres montañosas dotadas de nieves perpetuas. Sin embargo, en el pasado, durante los periodos de glaciación, el hielo cubrió extensas áreas del planeta, haciendo sentir en mayor medida su gran poder de erosión.