Gian Lorenzo Bernini

    La plaza de San Pedro rodeada por la columnata de Bernini.

    Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), escultor y arquitecto italiano, está considerado la figura artística más influyente del periodo barroco italiano. Desarrolló casi toda su actividad en Roma, donde realizó la célebre columnata de El Vaticano o la escultura del Éxtasis de Santa Teresa.

    Gian Lorenzo Bernini nació en Nápoles en 1598 y murió en Roma en 1680. Su formación estuvo vinculada al taller de su padre, escultor del periodo manierista, a la vez que se nutrió de las influencias del rico grupo de artistas que el Cinquecento había producido, en especial de Miguel Ángel.

    Considerado el genio de su siglo, Bernini fue el mejor intérprete de un nuevo catolicismo que debía superar la rigidez contra-reformista impuesta en el anterior periodo. A diferencia del Manierismo, él pregonó que la imaginación en la representación debía hacerse realidad y para hacer valer esta idea, confió de forma ilimitada en las virtudes de la técnica, la cual le debía permitir penetrar en la esencia religiosa, extrayéndola para lograr que el sentido devocional despertase a través de la realidad y no del naturalismo fantástico, más propio del Manierismo.

    Por todo ello, se le considera el artista que dota al barroco italiano de carácter, variando las formas y creando un nuevo modelo de representación. Observando sus esculturas, en comparación con las del Cinquecento, Bernini va más allá del bloque compacto, cerrado, cuyo movimiento se basa en ligeras torsiones y espirales, para buscar el movimiento, el brío; las extremidades de las figuras se separan de los troncos, gesticulan; la tensión dramática, el gusto por el detalle llegan a su máxima expresión; las esculturas cobran más vida que nunca… En resumen, la realidad se hizo dueña del arte en el momento en que Bernini aplicó su nuevo sentido de la técnica y sus renovadoras ideas acerca de la representación religiosa.

    Resulta complicado disociar su faceta de escultor de la de arquitecto; es más, en la mayoría de los casos en los que los proyectos incluyen por su parte arquitectura y escultura, ambas se complementan, llegando a constituirse como partes integrantes de un mismo conjunto, funcionando en perfecto equilibrio. En cualquier caso, el lenguaje que introdujo Bernini en la arquitectura fue también revolucionario. Su obra (eminentemente religiosa aunque también civil) se caracterizó por romper el equilibrio clásico y ordenado que predominaba en el periodo anterior para favorecer el empleo de diferentes volúmenes, tanto en fachadas como en interiores, acentuando y sacando hacia fuera las formas constructivas, jugando con nuevas tipologías de planta (algunas ovaladas, como la de San Andrés del Quirinal) que, a través de la sinuosidad y el dinamismo, buscan un nuevo sentido escénico, caracterizado por el dramatismo.

    La producción artística de Bernini fue vastísima, pues desde muy pronto el poder del Vaticano puso sus ojos en él para encomendarle las más ambiciosas empresas artísticas. Entre 1619 y 1625, realizó para el Papa y el cardenal Borghese Eneas y Anquises, El rapto de Proserpina, David y Apolo y Dafne. En todas ellas presentó lo que sería uno de los pilares de su lenguaje: el movimiento.

    Entre 1624 y 1633 realizó una de sus piezas más famosas en lo que al Vaticano se refiere, el Baldaquino de San Pedro. Construido en bronce, fue ayudado por quien sería su gran rival, Francesco Borromini. Otros proyectos arquitectónicos de entidad fueron el Palacio Barberini, la Scala Regia del Vaticano, el Palacio de Montecitorio y las iglesias de San Andrés de Quirinal, Castelgandolfo y Ariccia.

    Éxtasis de Santa Teresa, obra escultórica de Gian Lorenzo Bernini.

    En 1665, precedido por su fama, fue llamado por el rey de Francia para proyectar el palacio del Louvre, aunque sus diseños no llegaron a realizarse. Pero su empresa arquitectónica más célebre fue quizá la columnata de San Pedro. Otras esculturas de su madurez fueron San Longino, el conjunto de la Cátedra de San Pedro, el Éxtasis de Santa Teresa (probablemente su escultura más famosa), la Beata Ludovica Albertoni y el Ángel con rollo. Son también conjuntos espectaculares los monumentos funerarios de los Papas Urbano VIII y Alejandro VII y célebres sus fuentes, como la del Tritón y la de Los Ríos. Como retratista realizó, entre otros, los bustos de Inocencio X y el cardenal Scipione Borgheses.