Anton Bruckner

    Autor de nueve monumentales y extraordinariamente orquestadas sinfonías, el compositor austriaco Josef Anton Bruckner (1824-1896) alcanzó gran popularidad en su país natal y en Alemania, aunque su música apenas logró atravesar esas fronteras, debido a la profunda carga de cultura germánica presente en sus obras.

    Bruckner vino al mundo en la localidad austriaca de Ansfelden el 4 de septiembre de 1824. Tras pasar su infancia en un ambiente campesino, a los once años se trasladó a Horsching para estudiar música con su tío, el organista Johann Baptista Weiss, quien le condujo hacia la música religiosa y el órgano. Cuando falleció su padre en 1837, Bruckner ingresó como niño cantor en la abadía de Sankt Florian para poder seguir con sus estudios. Por aquellos tiempos ya era un consolidado intérprete de órgano y violín. En 1839 decidió irse a Linz para estudiar magisterio y dedicarse a la enseñanza. Sin embargo, cuando en 1856 obtuvo el puesto de organista en la catedral de esa ciudad abandonó su anterior actividad para centrarse en la música. Hasta ese año, ya había compuesto casi cincuenta obras religiosas, entre ellas el Réquiem en re menor y el Salmo 114.

    Debido a su espíritu perfeccionista, continuó estudiando contrapunto con Simon Sechter y en 1861 obtuvo el título de maestro de música. Durante los años siguientes continuó produciendo numerosas obras, entre las que destacan tres misas, la Sinfonía en re menor y la Fuga en re menor para órgano, pero las decepciones sentimentales que sufrió y el intenso trabajo le llevaron al borde de la locura. Además, su apoyo a la música de Richard Wagner le ocasionó la enemistad del crítico Eduard Hanslick, quien provocó el rechazo social hacia sus composiciones.

    En 1875 logró ocupar la cátedra de música de la Universidad de Viena, y dos años más tarde accedió al puesto de organista de la Hofkapelle. El reconocimiento definitivo le llegó en 1884 en Austria con la condecoración del emperador Francisco José, por lo que fue admitido como miembro de la Capilla Imperial y designado doctor Honoris Causa por la Universidad de Viena. Poco después concluía la Sinfonía numero 8 y emprendía la orquestación de la que para muchos, aun quedando inacabada, constituye su obra maestra, la Sinfonía número 9, pieza de sonoros acordes y profunda espiritualidad.

    Anton Bruckner murió en Viena, Austria, el 11 de octubre de 1896, afectado por una crisis de hidropesía. Ese mismo año la interpretación de su Sinfonía número 7 por la Orquesta Filarmónica de Viena había cosechado un gran éxito, que cimentaría la base de su prestigio en los tiempos posteriores. Por su propio deseo, fue enterrado bajo el órgano de la iglesia de Sankt Florian.