Antonio Canova

    “La muerte de Adonis”, obra del escultor italiano Antonio Canova

    Antonio Canova (1757-1822), escultor italiano considerado como el máximo representante de la escultura neoclásica. Su producción engloba, por encima de todo, la temática mitológica, con la que recuperó la tradición estilística griega y romana. Entre sus obras más importantes están Dédalo e Ícaro, Cupido y Psique o el retrato de Paulina Bonaparte Borghese como Venus.

    Antonio Canova, marqués de Ischia, nació el 1 de noviembre en Possagno (Italia). Hijo y nieto de picapedreros, en 1768 entró para formarse en el taller del escultor Giuseppe Bernardi, donde leyó a los clásicos y aprendió el dibujo del desnudo.

    Establecido en 1775 con su propio estudio en Venecia, en 1779 Canova ejecutó su primera obra de importancia, Dédalo e Ícaro, de gran realismo a pesar de mostrar todavía formas rococó.

    Para adquirir un conocimiento profundo de la antigüedad clásica, de sus formas y su lenguaje, entre 1779 y 1781 visitó las excavaciones de Nápoles y alrededores (Paestum, Pompeia y Herculano), y en este último año se estableció en Roma, ciudad en la que permanecería la mayor parte de su vida.

    Asimismo, mientras estudiaba la antigüedad, cuajaban en él las teorías neoclasicistas y el pensamiento del historiador del arte y arqueólogo alemán Johann Joachim Winckelman.

    Con Teseo y el minotauro muerto (1782) Canova adquirió la fama que en 1783 le dio sus primeros grandes encargos: la tumba del papa Clemente XIV para la iglesia de los Santos Apóstoles y la de Clemente XIII para la basílica de San Pedro, mostrando esta última una mejor adecuación a la estética clásica e interpretación de la antigüedad que la de Clemente XIV.

    En posteriores monumentos funerarios, al gusto ya plenamente neoclásico, Canova unió la influencia del también escultor y dibujante inglés de temas mitológicos John Flaxman, a la hora de saber combinar la serenidad con la expresión de sentimientos. De esta época es una de sus obras más célebres, Cupido y Psique (1793), ejecutada con un lenguaje alejado de la imitación del frío estilo de la escultura griega clásica de moda en la época para mostrar una mayor estilización, depuración de las formas, gracia y movimiento contenido.

    A partir de 1798, con la invasión francesa de Roma, se inició en la vida de Canova una etapa de peregrinaje por Europa. En Viena esculpió la tumba de María Cristina, que terminaría en 1805 y donde utilizaría un nuevo tipo de composición en pirámide.

    Posteriormente llegó a París y se puso a las órdenes de Napoleón, para quien realizaría colosales estatuas en las que representaba al emperador como un héroe clásico, creando Napoleón como primer cónsul, un nuevo tipo de retrato claramente inspirado en el modelo de busto de emperador romano.

    Paulina Bonaparte Borghese como Venus, obra maestra de Antonio Canova.

    Otro gran encargo de Napoleón fue la celebérrima Paulina Bonaparte Borghese como Venus (h. 1807), en lo que supone la fusión de la clásica figura femenina recostada semidesnuda sobre un triclinium, al estilo romano, con el retrato moderno. Su dedicación a las empresas imperiales no impidió que su producción de esculturas mitológicas se viera mermada, destacando en esta época Perseo con la cabeza de Medusa.

    Entre las obras más importantes de sus últimos años destacaron Venus y Marte (encargo que le realizaron en Inglaterra), Las tres Gracias, Teseo y Centauro o el Monumento a George Washington, que sería destruido por el fuego en 1830.

    El enorme talento de Canova le fue reconocido en forma de títulos y honores. En 1805 fue nombrado inspector de Bellas Artes del Vaticano, y durante toda su vida ostentó el puesto de presidente de la Accademia di San Lucca en Roma. En 1815 el papa le otorgó el título de marqués de Ischia.

    Canova murió el 13 de octubre de 1822 en Venecia.