Émile Durkheim

Émile Durkheim (1858-1917), sociólogo francés, fue una de las principales figuras, junto con Max Weber, de la sociología contemporánea.

Émile Durkheim nació en Épinal, Francia, en abril de 1858. Hijo de un rabino, tras estudiar en la École Normal Supérieure fue contratado como profesor de filosofía, ejerciendo la docencia en Burdeos y París pero sin abandonar nunca su interés por la sociología. De hecho, en 1896 fundó la revista L’Année sociologique.

Durkheim recibió una formación humanística que, sin embargo, él mismo percibió como incompleta e insuficiente para estudiar los fenómenos sociales. Así pues, buscó una nueva vía, intentando aplicar un enfoque científico y sistemático al estudio de la sociedad. De este modo, se le considera uno de los fundadores de la sociología como ciencia independiente, disciplina que contribuyó a renovar con obras como La división social del trabajo, su tesis doctoral, Las reglas del método sociológico, El suicidio, La educación moraly Las formas elementales de la vida religiosa. Durkheim dotó a la sociología de significación propia, ya que consiguió que dejara de ser considerada como una rama de la biología o la psicología. Durkheim fue, además, el primero en ejercer la docencia de sociología en Francia.

Murió en París el 15 de noviembre de 1917.

Influencia de Durkheim en la sociología moderna

Las teorías de Durkheim han dejado una profunda huella en las ciencias sociales contemporáneas, tanto por lo que respecta a las materias investigadas (religión, moral, trabajo, suicidio), como por establecer un método de investigación social basado en el análisis sistemático, objetivo y científico de los «hechos sociales».

Durkheim se interesó por el estudio de los lazos invisibles que unen a las sociedades, preguntándose cuál es el mecanismo que hace que un grupo de individuos forme un grupo social unido y estable. Encontró que, mientras en las sociedades primitivas esta solidaridad es fuerte y se produce de un modo mecánico, al estar todos los individuos en un plano de igualdad e identificarse de modo natural con el grupo, en las sociedades modernas es mucho más débil y se produce de un modo orgánico, pues los individuos están ligados por intereses económicos, por obligaciones y derechos que se derivan de la división social del trabajo. Estos débiles lazos de solidaridad son fuente de conflicto, al situar a los individuos en planos de desigualdad, lo que provoca desajustes y desórdenes en el conjunto social que, en el plano individual, pueden provocar inadaptación, ausencia de valores o incluso el suicidio.

Con respecto al estudio de las religiones, otro de sus grandes campos de análisis, Durkheim diferencia entre lo sagrado y lo profano, refiriéndose lo primero a la sociedad y lo segundo al individuo, de donde se deriva el poder moral de la colectividad sobre el individuo.