Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret, profeta y predicador judío, también conocido como Jesucristo o Cristo (christos, traducción griega de la palabra hebrea mashiach, es decir, Mesías” o “el ungido de Dios”), es la figura central de la religión cristiana, pues es considerado el Hijo de Dios, nacido como salvador y redentor de la humanidad.

Para el dogma cristiano, Dios se encarnó en Jesús (versión griega de Joshua) de Nazaret, adoptando una forma humana, y murió crucificado y resucitó físicamente de entre los muertos. La creencia en la identidad entre Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo (la Trinidad) como un Dios único y triple es el eje central de la religión cristiana.

Datos históricos

Sobre la biografía de Jesús se acumulan datos de contenido tanto histórico como religioso, muchos de ellos en cuestión. Entre los primeros, los más importantes corresponden a fuentes muy antiguas no cristianas, de origen judío (como el Talmud o los escritos del historiador Flavio Josefo) o pagano, con autores como Suetonio o Tácito. Entre las fuentes religiosas, para la tradición cristiana la vida, la muerte y la resurrección de Jesús se encuentran recogidas principalmente en los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Éstos fueron redactados para proclamar el “reino de Dios” y a Jesús como hijo de Dios, por lo que su valor es más de tipo religioso que histórico. Pese a ello, se acepta generalmente que Jesús nació en Belén de Judá, Palestina, según los Evangelios en una fecha anterior a la muerte del rey Herodes el Grande, que se produjo en el año 4 a.C., lo que sitúa su nacimiento como fecha más probable entre los años 9 y 4 a.C., es decir, algo antes de lo que marcan la tradición y el calendario cristianos, fijados mucho tiempo después por el monje Dionisio el Exiguo. A finales del siglo IV, cuando el cristianismo se expandió por Roma y fueron abolidos los festivales paganos, se adoptó la fecha del solsticio de invierno y de la consiguiente fiesta pagana del Sol Invencible (25 de diciembre) como la del nacimiento de Jesús, ya que según los Evangelios Jesús es “la luz del mundo”.

Nacimiento y huida a Egipto

Jesús fue hijo de una mujer llamada María y de su esposo José, ambos judíos devotos. Nuevamente según la tradición, María permaneció siempre virgen, por lo que su alumbramiento fue obra divina: el arcángel Gabriel se presentó ante ella y le anunció que iba a concebir milagrosamente un niño divino a través del Espíritu Santo; tras su nacimiento, tres sabios o magos se presentaron en el lugar siguiendo el rastro de una estrella que les anunciaba la llegada del “rey de los judíos”. Conocido el hecho por el rey Herodes, quien gobernaba sobre los judíos por mandato de los romanos, ordenó asesinar a todos los recién nacidos de la región de Belén, aunque José, advertido en sueños por un ángel, huyó con su familia a Egipto.

Muerto Herodes, José (carpintero de profesión), María y Jesús regresaron a Palestina y se establecieron en Nazaret, donde transcurrió la infancia de Jesús. Poco se sabe de esta etapa de su vida, más allá de algunos datos que hablan de su creciente devoción y su intenso sentimiento espiritual, así como de que ayudaba a su padre en sus labores de carpintero.

Bautizo y descenso del Espíritu Santo

Ya adulto, cuando tenía unos treinta años se hizo bautizar en el río Jordán por Juan Bautista, un importante profeta. El relato del Nuevo Testamento cuenta cómo cuando estaba siendo bautizado se abrieron los cielos y descendió el Espíritu Santo en forma de paloma, al tiempo que se oyó una voz en las alturas que dijo: "Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido". A partir de entonces y durante el año siguiente, Jesús se preparó espiritualmente para llevar a cabo su misión predicadora. Durante este periodo se produjeron diversos episodios narrados por los Evangelios, como el ayuno en el desierto durante 40 días y 40 noches, la expulsión de los mercaderes del templo o la prisión de Juan Bautista, entre otros.

Los doce apóstoles

A partir de entonces comenzó su predicación por la región de Galilea. Para ayudarle en esta misión, Jesús escogió a doce de sus seguidores, sus discípulos principales, conocidos como apóstoles (del griego apostolos, “mensajero” o “delegado” de Cristo). Esta etapa de predicación se prolongó durante unos tres años, y en ella visitó Jerusalén en varias ocasiones. Las narraciones de los Evangelios describen a Jesús como un profeta obrador de milagros, describiendo varios episodios de curación, exorcismo de demonios, resurrección, transformación de agua en vino, multiplicación de panes y peces para dar de comer a una multitud, etc. Al mismo tiempo, su mensaje mesiánico iba dirigido a los enfermos, pobres y marginados, a los que anunciaba la llegada del “reino de Dios”, su Padre, y la finalización de todos sus padecimientos. Con su prédica y acciones, el número de sus seguidores fue en constante aumento, acudiendo multitudes allá donde realizaba su predicación. Considerado divino por sus seguidores, algunos de sus planteamientos chocaron con la ortodoxia religiosa de las autoridades judías. La importancia del movimiento llamó la atención de los líderes judíos, especialmente entre los saduceos, que consideraban su mensaje una blasfemia. Igualmente, varios de entre sus partidarios se sintieron defraudados, pues esperaban que Jesús se identificase como descendiente del rey David y que, como tal, se autoproclamase rey de los judíos y los liberase de la dominación romana, tal y como existía la creencia en la región de Galilea, foco de resistencia judía contra Roma.

Traición de Judas Iscariote y resurrección

Según los relatos de la vida de Jesús, cuando se celebraba la festividad judía de la Pascua Cristo fue traicionado por uno de sus discípulos, Judas Iscariote, siendo arrestado en el huerto de Getsemaní, en Jerusalén. Tras ser severamente interrogado por los mandatarios judíos Anás y Caifás, fue llevado ante el gobernador romano, Poncio Pilatos, y más tarde entregado al gobernador de Galilea, Herodes Antipas, quien lo devolvió a Pilatos. Jesús fue acusado de promover una sublevación y de proclamarse rey de los judíos, lo que significaba una blasfemia para la ley judía y una traición para los romanos. Declarado culpable por un tribunal, fue condenado a morir crucificado, un castigo habitual en Roma para los criminales y los traidores.

Los Evangelios cuentan con todo detalle los últimos años de la vida de Jesús y, especialmente, sus últimos días, con episodios como la última cena con sus apóstoles, el lavado de los pies de sus discípulos por Cristo, su martirio y pasión y, finalmente, su crucifixión en el monte del Calvario, junto a dos criminales comunes. Su muerte ocurrió hacia el año 30 d.C., el viernes de Pascua, día considerado por los cristianos como Viernes Santo. Igualmente, estos textos relatan todo lo sucedido inmediatamente después: junto a su cruz quedaron María, algunas mujeres más, y Juan; José de Arimatea y Nicodemo pidieron su cuerpo y lo enterraron en el huerto del primero; tres días después de su muerte, el Domingo de Resurrección, un grupo de mujeres halló la tumba vacía y un mensajero divino anunció que Jesús había resucitado, apareciéndose ante varias personas. A los cuarenta días de su resurrección, Jesucristo ascendió a los cielos para reunirse con Dios Padre. A partir de entonces, sus seguidores comenzaron a difundir su mensaje y sus enseñanzas, un movimiento creciente del que emergió la fe cristiana, actualmente la más numerosa de las religiones del mundo.