Juana de Arco

    Juana de Arco durante la coronación de Carlos VII, cuadro de J. D. Ingres.

    Juana de Arco (1412-1431), heroína y patrona de la nación francesa, se caracterizó por su firmeza moral y ardiente religiosidad. Su inquebrantable apoyo a la corona de Francia fue decisivo para recuperar ante Inglaterra el terreno perdido durante buena parte de la Guerra de los Cien Años.

    Nacida en la región de la Lorena (Francia) en el año 1412, en el seno de una familia de campesinos, Juana de Arco afirmó haber experimentado de niña visiones sobrenaturales que la impulsaban a apoyar el derecho al trono de Francia de Carlos de Valois, hijo del anterior soberano, Carlos VI. Era un delicado momento para Francia en el transcurso de la Guerra de los Cien Años, pues Inglaterra controlaba buena parte del país y casi había logrado imponer los derechos de su propio pretendiente a la corona francesa.

    En marzo de 1429, con apenas 17 años de edad, Juana fue el encuentro del heredero francés y le convenció para que la admitiera a su servicio frente a los ingleses. La campaña militar fue liderada por Juana con coraje e inteligencia, obligando a las tropas inglesas, contra todo pronóstico, a levantar el cerco de la ciudad de Orleans en mayo, y venciéndoles de nuevo en junio en la decisiva batalla de Patay. Gracias a ello, el heredero francés fue coronado como Carlos VII en Reims al mes siguiente.

    Los éxitos militares de Juana, y su creciente carisma y popularidad, renovaron el empuje del ejército francés en la guerra. A pesar de no contar con la entera aprobación de su rey, Juana continuó la lucha hasta que en mayo de 1430 fue apresada en combate por las tropas del Duque de Borgoña, principal aliado francés de Inglaterra. Acusada de brujería por los ingleses, fue juzgada y condenada a morir en la hoguera en Ruán el 30 de mayo de 1431, convirtiéndose así en mártir y símbolo de la independencia de Francia.

    La memoria de Juana de Arco fue rehabilitada por el Papado unos años después de su muerte, siendo finalmente canonizada por la Iglesia en 1920.