Inmanuel Kant

    Inmanuel Kant (1724-1804), filósofo alemán, sintetizó las principales corrientes de pensamiento desarrolladas hasta entonces (racionalismo y empirismo), explicando que ambas eran precisas para llegar a un auténtico conocimiento, y sentó las bases de una ética formal, convirtiéndose así en el pensador de mayor influencia sobre la filosofía posterior.

    Datos biográficos

    Nacido el 22 de abril de 1724 en Könisberg (Prusia, actual Alemania), Kant fue criado en el seno de una familia humilde y profundamente religiosa, iniciando pronto los estudios de teología, que luego alternaría con los de matemáticas y física. Tras la muerte de su padre se empleó como tutor durante muchos años mientras terminaba su formación universitaria. En esta época se familiarizó tanto con el racionalismo de Descartes como con el empirismo de David Hume, desarrollando sus primeras obras, que lo hicieron rápidamente célebre.

    Finalmente, en 1770 se hizo con la cátedra de lógica y metafísica de la universidad de Könisberg, ciudad que prácticamente jamás abandonó en toda su vida, y en la que desarrolló sus grandes obras, que impactaron notablemente en el pensamiento de Alemania. Kant falleció el 12 de febrero de 1804 en la ciudad que lo vio nacer, después de pasar varios años de decadencia física y mental, y siendo ya una auténtica celebridad.

    Principales obras

    El grueso de su obra lo forman un conjunto de obras esenciales en la historia del pensamiento, que son leídas una y otra vez por todos los amantes de la filosofía de todos los tiempos. Destacan Crítica de la razón pura (1781), Crítica de la razón práctica (1788) y Crítica del juicio (1790).

    Pensamiento

    El pensamiento de Inmanuel Kant supuso el inicio de una nueva era dentro del mundo de la filosofía, ya que acabó con el racionalismo absoluto de Descartes y el escepticismo empirista de David Hume, llegando a una brillante síntesis dentro del mundo del conocimiento. La gnoseología kantiana, desarrollada en la Crítica de la razón pura, afirma que el conocimiento sólo es posible a partir de los datos sensibles de la experiencia y el poder organizador del intelecto humano.

    Sin embargo, toda actividad intelectual humana viene determinada por unos principios sintéticos a priori, esto es, por la propia forma de ser de la mente humana. De esta manera, Kant distinguió dos polos dentro del conocimiento: de un lado el mundo, las cosas en sí; del otro los objetos, o lo que es lo mismo: el resultado de la fusión de los datos que se obtienen de las cosas del mundo y la forma que les da la mente. Así, la metafísica, que no se basa en los datos de la experiencia, no puede ser entendida como una ciencia, ya que no se puede obtener de ella un conocimiento cierto. Lo mismo sucede con el tema de Dios o del comportamiento.

    En la Crítica de la razón práctica Kant fue más allá y derivó de la libertad del intelecto humano una ética formal, que explicaba cómo debía aparecer en la mente una ley moral para que ésta sea válida. Con el imperativo categórico el pensador de Könisberg definió cómo el hombre debía reconocer los mandatos morales para que éstos fuesen válidos, estableciendo que sólo aquellas cosas que se pueden desear en absoluto, para todos y cada uno de los hombres, puede ser entendido como una máxima o una ley moral.

    Finalmente, con la Crítica del juicio, Kant extendió el alcance de su pensamiento crítico hasta la esfera de lo estético. Así, definió lo bello como aquello que sin concepto produce placer.

    El pensamiento de Inmanuel Kant es sin lugar a dudas el más influyente del siglo XVIII, ya que no existe prácticamente ningún pensador que haya dejado de hacer referencia a sus conceptos básicos. A partir de su obra la modernidad comenzó a declinar, ya que sin advertirlo Kant estaba anunciando la llegada del idealismo y el nihilismo.