John Locke

    John Locke (1632-1704), filósofo inglés y máximo representante del empirismo, afirmó que las teorías e ideas no pueden sustituir a la experimentación, negando así las ideas innatas de Descartes y la posibilidad de llegar a un conocimiento de Dios.

    John Locke nació el 29 de agosto de 1632 en la localidad de Wrington, Somerset (Inglaterra). Rodeado de un espíritu religioso y puritano desde su infancia, estudió humanidades y ciencias en la Christ Church de Oxford, donde terminó como docente. Tras familiarizarse con las principales teorías científicas de la época y el grueso del pensamiento de René Descartes trabajó como asesor para Lord Ashley, canciller de Inglaterra. En este periodo también empezó a mostrar su preocupación por los asuntos políticos de la época, revelándose como un decidido liberal.

    Con la caída en desgracia de su protector tuvo que abandonar Inglaterra, adonde volvería en 1689 con la victoria de Guillermo de Orange. A partir de ese momento Locke fue un autor muy admirado y agasajado en su país, lo que le permitió dedicarse a su obra por entero. Murió en Oates, Essex (Inglaterra) el 28 de octubre de 1704.

    Sus obras más destacadas son: Ensayo acerca del conocimiento humano (1690), Carta sobre la tolerancia, escrita en 1689 y de contenido marcadamente religioso, y Dos tratados sobre el gobierno civil (1690).

    La filosofía de John Locke marcó la culminación del empirismo, que se basaba en la primacía de la experiencia sobre la razón pura. Así, negaba las ideas innatas y puras de Descartes y afirmaba que la mente sólo es una página en blanco que poco a poco se va llenando de impresiones gracias a la experiencia sensible.

    La reflexión por su parte permite derivar de las impresiones originales nuevas ideas y relaciones que terminan generando teorías del mundo; sin embargo, hay que tener presente que estas teorías e ideas sólo son hipótesis, jamás certezas o realidades que puedan sustituir a la experiencia misma. De esta manera, categorías como las de sustancia carecen de entidad científica, y Dios queda marginado al ámbito de la fe y la revelación.