Michel de Montaigne

    Michel de Montaigne (Michel Eyquem, 1533-1592), filósofo, teólogo y literato francés, su pensamiento estuvo marcado por un escepticismo que le impedía tener ninguna confianza en el hombre y creer que podía llegarse al conocimiento de Dios. Asimismo, Montaigne planteó una concepción de la moral, subjetivista y universal, inédita hasta la fecha.

    Datos biográficos

    Nacido el 28 de febrero de 1533 en el castillo de Montaigne, Burdeos (Francia), tuvo una educación esmerada y poco usual debido a su preceptor, quien le enseñó el latín antes que el francés, su lengua materna. Posteriormente perfeccionó sus estudios en el colegio Guyenne de Burdeos, para licenciarse finalmente en derecho.

    El pensador francés se dedicó a trabajar como consejero del parlamento de Burdeos, mudándose más tarde a la corte parisina de Carlos IX gracias a la amistad que mantenía con éste. Aunque se casó en 1565, la muerte de cinco de sus hijos hizo que el matrimonio fuese una experiencia traumática. Esa circunstancia, sumada al fallecimiento de su mejor amigo unos años antes, le hizo tener una visión amarga de la existencia.

    Tras la muerte de su padre, quien confiaba en su talento para la edición, decidió poner por escrito sus pensamientos, lo que lo llevó a retirarse a su castillo en 1571. Sólo lo abandonó para intervenir en los grandes debates religiosos de la época. Murió en el castillo de Montaigne el 13 de septiembre de 1592.

    Obra

    Se puede decir que la obra de Michel de Montaigne supuso el inicio de una nueva forma de expresión filosófica y literaria. Destacan sus Ensayos, publicados en 1580 por primera vez, y que se convirtieron rápidamente en un hito dentro de la historia de la filosofía, ya que en ellos empleaba un lenguaje muy literario, lleno de referencias, metáforas e imágenes de gran valor estético.

    También publicó otras obras relevantes, como Théologie naturelle (1569), traducción de una obra del filósofo español Ramón Sabunde, o Diario de viaje, que no fue publicado hasta el siglo XVIII.

    Pensamiento

    El personalísimo pensamiento de Michel de Montaigne se encuentra recogido casi de manera completa en sus Ensayos, que fueron revisados una y otra vez por el propio autor. En ellos presenta una interesante imagen de la evolución de su pensamiento, que pasó del estoicismo más clásico, en el que concebía la vida como la asunción del sufrimiento, al escepticismo más radical.

    Escepticismo

    Este escepticismo había nacido a partir del estudio de la obra de Sexto Empírico, y lo llevó a desconfiar de cualquier forma de conocimiento. Para Montaigne, el hombre era poco menos que un ser destinado al error, por lo que desconfiaba de cualquier clase de innovación. Esta postura se tradujo en un conservadurismo político muy marcado.

    En lo que se refiere a la religión, como no podía ser menos en un teólogo escéptico, concibió a Dios como un objeto exclusivo de la fe y la revelación, ya que la razón se mostraba según él completamente insuficiente para dar cuenta de los elementos sublimes de la existencia. En los Ensayos también dedicó espacio al estudio de la obra y el pensamiento del pensador español Ramón Sabunde.

    Su pensamiento estuvo además fuertemente condicionado por las grandes disputas religiosas que caracterizaron su tiempo. Dado su escepticismo, Montaigne tomó siempre partido por las posturas católicas más conservadoras. Al final de su vida decidió dejar estas disputas para centrarse en su pensamiento más personal.

    La moral

    La evolución del pensamiento de Montaigne, recogida en sus Ensayos, culminó con una novedosa concepción subjetivista de la moral. Para el pensador francés, cada sujeto lleva dentro de su subjetividad todo lo que le concierne a la humanidad. Es decir: hablar de subjetividad es lo mismo que hablar de universalidad. Por este motivo, una moral que parta de lo individual puede terminar comprendiendo la totalidad del género humano. De esta manera planteaba la posibilidad de una ley moral universal.