Jean-Jacques Rousseau

    Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), escritor y pensador suizo, fue posiblemente el filósofo que más influyó en la Europa moderna, pues por una parte, sus ideas sobre el estado y la sociedad supusieron el germen de la Revolución Francesa, y por otra, fue el precursor del romanticismo que imperaría en gran parte del siglo XIX.

    Datos biográficos

    Nacido el 28 de junio del año 1712 en Ginebra (Suiza), tuvo una infancia especialmente dura, ya que su madre murió a los pocos días del parto, y su padre lo abandonó cuando sólo contaba diez años. Así pues, tuvo que enfrentarse desde su nacimiento a una vida marcada por el esfuerzo y la superación. Primero se hizo cargo de él un clérigo, y luego fue protegido por Madame de Warens, quien trató de estimularlo para que se dedicase a la vida piadosa. Sin embargo, hasta que no cumplió los veintinueve años se dedicó a vagabundear y a buscarse la vida como preceptor y como profesor de música. A partir de 1731 decidió centrarse en el estudio del pensamiento.

    En 1744 ubicó su residencia permanente en París, lugar en el que alcanzó cierta notoriedad como escritor y pensador a pesar de su espíritu demasiado transgresor para la época. Conoció a Denis Diderot, uno de los grandes personajes de la ilustración francesa, y tuvo cinco hijos con una criada, hijos que fueron ingresados en un orfanato.

    Después de pasar una temporada viviendo cerca de Montmorency empezó a publicar sus obras más célebres, que le valieron el desarraigo social y la soledad. Así, se dedicó a vagabundear a través de Suiza e Inglaterra, donde conoció al gran pensador empirista David Hume. A los 56 años pudo al fin casarse con Thérèse Levasseur, la joven criada con la que muchos años atrás había tenido cinco hijos; y en 1770 volvió a instalarse en París, aunque llevó una vida apartada, hundido en amargas reflexiones. Rousseau murió el 2 de julio de 1778 en Ermenonville (Francia).

    Obra

    La obra de Jean-Jacques Rousseau constituye un elemento esencial dentro del desarrollo de la Europa moderna, ya que prefiguró en gran medida el romanticismo y sobre todo las ideas que culminaron en la Revolución Francesa. De su vasta obra destacan: Discurso sobre las ciencias y las artes (1750), que le valió un premio y el reconocimiento de su figura intelectual en París; Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (1755), en la que trató el origen de los errores de las civilizaciones; Émile (1762), que supuso una de las obras cumbre de la historia de la novela pedagógica; y sobre todo El contrato social, también del año 1762, compendio de las ideas que mejor caracterizaron la labor intelectual de Rousseau. En los últimos años de su vida escribió un par de obras de corte claramente romántico, en las que contaba sus últimas impresiones en torno a la sociedad y la naturaleza. Se trata de las célebres Confesiones y Ensoñaciones de un paseante solitario, publicadas ambas póstumamente, en el año 1782.

    Pensamiento

    Aunque para la cultura occidental el pensamiento de Jean-Jacques Rousseau se haya terminado convirtiendo en la base sobre la que entender e interpretar la realidad social, en su tiempo supuso una auténtica revolución. Muy cercano en principio a las ideas de los autores enciclopedistas, quienes veían en la sociedad un instrumento idóneo para llevar la cultura y la madurez de la razón a todo el mundo, pronto se separó de éstos al poseer una visión mucho más atormentada y negativa de la sociedad. Así, para Jean-Jacques Rousseau, el hombre nace bueno; es un ser pacífico por naturaleza, un ser destinado al ejercicio de la bondad. Esta teoría, que fue conocida como la teoría del buen salvaje, concluía sin embargo con una afirmación impropia de un hombre ilustrado: la sociedad corrompe al hombre, convirtiéndolo en un ser enajenado y violento, desposeído y huraño.

    Esta postura contrasta diametralmente con la de otro gran pensador y sociólogo de la época, con el que muchas veces ha sido emparentado: Thomas Hobbes, quien mantenía que el hombre es un lobo para el hombre y tiende por naturaleza a enfrentarse a otros hombres por sus intereses y su libertad, y que el estado, sólo posible a través de una monarquía, un órgano regido por una sola figura imponente y poderosa, debe servir como coacción de esa violencia, estableciendo un estado equilibrado basado en un contrato.

    Rousseau no sólo estimaba que el hombre no nace malo; sino que además creía que es la sociedad la que lo corrompe, y que si bien es cierto que ésta debe basarse en un contrato social, dicho contrato social debe ser muy distinto al propuesto por Hobbes. Para Rousseau, existe en la sociedad un orden natural, un orden basado en unos principios internos de corte cristiano. Aunque es cierto que la sociedad supone invariablemente el origen de todas las desigualdades a las que se ve expuesta la humanidad, es posible llegar a una sociedad mejor a través de una reforma radical de las instituciones y el propio estado moderno.

    La sociedad y los estados deben ser el fruto de un contrato social acordado entre los gobernantes y el pueblo. No basta con imponer una monarquía, tal y como pretendía Hobbes, es necesario que el gobierno sea elegido por los propios ciudadanos para evitar que las desigualdades y el sufrimiento se multiplique. El poder no debe ser ostentado por ninguna clase de rey, por ninguna clase de figura autoritaria; sino que debe estar en manos de los ciudadanos. El orden social sólo puede tener un origen, y este origen es la voluntad popular.

    De esta manera, Rousseau inauguró la moderna comprensión de la sociedad y los estados, comprensión que llevaría a Francia a la revolución de 1789.

    Por otro lado, al hablar de la inocencia del salvaje, del hombre al margen de la sociedad, Rousseau también estaba inaugurando la comprensión romántica de la naturaleza, en la que ésta es concebida como lo originario, como lo puro, lo auténtico y lo bueno. No en vano, sus últimas obras suponen una primera aproximación al espíritu romántico, caracterizado por el individualismo, el amor a la naturaleza y la amargura.

    Rousseau supuso en definitiva el origen de las ideas que animaron la Europa moderna, así como la concepción del hombre como un ser bueno, siempre y cuando sea capaz de mantener sus raíces cerca de sus orígenes, cerca de la naturaleza. Además mantuvo siempre la tensión interna propia de un ser que ama al hombre y a sus sociedades y el hombre que ama la soledad y la autenticidad de la vida natural. Estas tensiones fueron las que efectivamente terminaron caracterizando al hombre occidental moderno.

    Cronología de Jean-Jacques Rousseau

    1712 – Nace Jean-Jacques Rousseau en Ginebra, Suiza.

    1728 – Abandona Ginebra. Es acogido bajo la protección de la baronesa de Warens, en Chambéry.

    1731 – Se centra en el estudio del pensamiento. Formación autodidacta.

    1743 – Trabaja como secretario del embajador francés en Venecia.

    1744 – Fija su residencia en París. Conoce a los ilustrados.

    1750Discurso sobre las ciencias y las artes.

    1754 – Visita Ginebra.

    1755Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres.

    1756 – Se instala en la residencia de su amiga Madame d’Épinay en Montmorency.

    1761Julia o la Nueva Eloísa.

    1762Émile o De la educación. El contrato social.

    1766 – Se traslada a Inglaterra.

    1768 – Se casa con Thérèse Levasseur, su amante durante décadas.

    1770 – Regresa a París.

    1778 – Muere en Ermenonville, Francia.

    1782 – Publicación póstuma de Confesiones y de Ensoñaciones de un paseante solitario.

    Esquema de Jean-Jacques Rousseau

    Escritor y pensador suizo, fue posiblemente el filósofo que más influyó en la Europa moderna, pues por una parte, sus ideas sobre el estado y la sociedad supusieron el germen de la Revolución Francesa, y por otra, fue el precursor del romanticismo que imperaría en gran parte del siglo XIX.