Barbuch de Spinoza

Barbuch de Spinoza (1632-1677), pensador holandés y defensor del panteísmo, fue uno de los precedentes de varias corrientes de la filosofía moderna, como el nihilismo, el idealismo y el romanticismo. Concibió el mundo sujeto a unas férreas leyes matemáticas, que impedían el libre albedrío y demostraban la existencia de Dios en todas las cosas. La equiparación de Dios a lo material le valió duras críticas por parte de la Iglesia.

Datos biográficos

Nacido el 24 de noviembre de 1632 en Amsterdam (Países Bajos) y de origen judío, se dedicó desde muy pronto a estudiar a los grandes pensadores, muy especialmente a Descartes, lo que lo llevó a mantener tesis muy arriesgadas en torno a la Biblia.

Después de trabajar durante algunos años en un pueblo como óptico se estableció definitivamente en La Haya, ciudad en la que escribió y publicó la mayor parte de su obra. Ésta le valió sin embargo la repulsa de gran parte de la iglesia, que lo acusó de ateísmo. Murió en La Haya el 21 de febrero de 1677.

Obra

La monumental obra de Barbuch de Spinoza hunde sus raíces en los grandes pensadores de la modernidad, preparando el camino a las teorías más determinantes de los siglos XVIII y XIX. Destacan La reforma del entendimiento, obra de juventud publicada póstumamente; Ética demostrada según el orden geométrico (1677) y Tratado teológico-político, escrito en los últimos años de su vida y que confirmó las críticas de la iglesia a su talante ateo.

Pensamiento

El pensamiento de Barbuch Spinoza supuso la radicalización de los planteamientos racionalistas inaugurados por Descartes. Así, consideraba que la realidad debía ser entendida a partir de las matemáticas, más concretamente a partir de la geometría. Cada elemento que compone el mundo posee su propia razón de ser, tiene su esencia en sí mismo, y en consecuencia es perfectamente comprensible para el método geométrico que define la mente humana.

Si Descartes había diferenciado entre una res extensa y una res cogitans, para Spinoza existía una única sustancia que se encontraba en toda la realidad, haciendo del mundo un fenómeno inmanente, que no necesitaba de ninguna causa externa. De esta manera nació la primera forma de panteísmo moderno, en el que se entendía que el mundo era la única realidad y que Dios se hallaba en la naturaleza.

Además, Spinoza negaba el libre albedrío, afirmando que todo estaba sujeto a unas leyes matemáticas necesarias impuestas por la perfección de Dios; y pretendía además que éste fuese equiparable a la materia, lo que suponía una grave ofensa para los dogmas cristianos más arraigados. En ocasiones, la necesidad de la materia, las leyes que la regían, parecían estar incluso por encima del propio Dios, quien no podía ser sino como era, quedándose de esta manera sin cualquier forma de libertad o de omnipotencia.

En lo que se refiere a la ética, que constituye la otra gran preocupación de su pensamiento, se caracterizó por suponer ante todo una búsqueda de la felicidad humana a partir de la libertad. Sin embargo, esta libertad se veía subordinada a su idea de la naturaleza, el mundo y Dios. El hombre libre no puede sino reconocer las leyes que rigen el mundo, y en consecuencia su libertad no consiste sino en la asunción de las determinaciones de la existencia, que conducen al amor a Dios y a la felicidad. En este contexto los estados y los gobiernos no tienen más remedio que basarse en la democracia, ya que hay que dejar que el hombre haga uso de su libertad para que pueda apreciar el verdadero sentido de la existencia y sus leyes.

El pensamiento de Barbuch Spinoza, que encontró un gran número de detractores en su tiempo, fue rescatado por los grandes pensadores de los siglos XVIII y XIX, quienes supieron ver en su panteísmo el origen del nihilismo, el idealismo trascendental y el romanticismo.