Tiziano

    “Carlos V, a caballo, en Mühlberg”, obra de Tiziano (Museo del Prado, Madrid)

    Tiziano Vecellio (h. 1477-1576), pintor italiano considerado como el más importante de la escuela veneciana, a la que dotó del colorismo que tan célebre la hizo durante el cinquecento y el periodo manierista. Pintó sobre todo temas religiosos y mitológicos, y como retratista pocos le igualaron en grandeza. Entre sus obras más conocidas están el retrato ecuestre de Carlos V en la batalla de Mühlberg o Dánae recibiendo la lluvia de oro.

    Tiziano nació en la localidad de Pieve di Cadore (Italia) hacia 1477. Se formó, junto con Giorgione, en el taller del pintor Giovanni Bellini. Esta circunstancia ha producido que muchos de los cuadros de los primeros años atribuidos a Tiziano se piense que pertenecen a Giorgione y viceversa, pues sus estilos fueron muy parecidos al comienzo de sus carreras.

    Entre los cuadros que todavía producen controversia están la Natividad Allendale, de Giorgione según algunos expertos, y la Virgen gitana (h. 1510), que pudo ser fruto de una colaboración entre ambos, cuando no únicamente de Tiziano, por el mayor realismo de la composición.

    La ofrenda a Venus, obra del joven Tiziano para el duque Alfonso d'Este.

    Sin embargo, con el tiempo, Tiziano se desmarcó del lenguaje de Giorgione, derivando hacia un mayor realismo, intensidad colorista y armonía compositiva. En 1511 pintó los Milagros de san Antonio para la Scuola del Santo de Padua. A éstos le sucedieron los primeros cuadros importantes de temática profana y mitológica, como Las tres edades del hombre (1513), Amor sagrado y amor profano (c.1515), Baco y Ariadna y las bacanales para el duque Alfonso d'Este: Bacanal y La ofrenda a Venus.

    En cuanto a la obra de temática religiosa correspondiente a este periodo, hay que destacar las monumentales Asunción de la Virgen (1518) y Virgen de Pésaro (1526) para la iglesia Santa María dei Frari de Venecia.

    Durante la década de 1530 el lenguaje de Tiziano anduvo a caballo entre lo sereno y sutil (como en la Venus de Urbino de 1539), y el brío gestual y dinamismo de, por ejemplo, La batalla de Cadore (h. 1540) o las pinturas de techos de la iglesia de Santa María della Salute, dominada por violentos escorzos y figuras titánicas. Fue en este momento cuando Tiziano comenzó a acentuar su faceta manierista.

    Como retratista, pocos artistas estuvieron al nivel de Tiziano. Reinventó el retrato consiguiendo sintetizar el carácter y el temperamento con la fiel representación externa del sujeto. Otra novedad fue el énfasis que puso en reflejar la posición social del retratado, cuidando mucho los detalles, el vestuario y el entorno en el que lo pintaba.

    Entre los numerosos retratos que pintó destacan El Caballero del guante (1520), Federico Gonzaga (h. 1526), Carlos V con perro (1532), su Autorretrato a los 80 años (1566), Carlos V en la batalla de Mühlberg (1548), Felipe II con armadura (1551), La emperatriz Isabel de Portugal (h. 1548), El Marqués del Vasto arengando a sus tropas y El papa Pablo III (1543).

    Dánae recibiendo la lluvia de oro, cuadro de Tiziano en el que destaca la sensualidad del desnudo.

    La madurez artística de Tiziano se caracterizó por diluir la forma en pro de una pincelada más suelta y unos colores más brillantes e intensos, sobre todo en pinturas de temática mitológica como Venus y Adonis (1540), La ninfa con el pastor, El rapto de Europa (h. 1562), Marsias desollado o una de sus obras maestras de este género, La muerte de Acteón (1561). De gran sensualidad y donde el desnudo femenino adquiere dimensiones eróticas es Dánae recibiendo la lluvia de oro.

    El mismo lenguaje de este periodo lo aplicó a sus pinturas de temática religiosa, destacando La Anunciación (1565) y La coronación de espinas (h. 1570).

    Tiziano murió en Venecia en 1576. De sus últimas obras merece ser mencionada La Piedad, que tuvo que dejar inacabada. En ella Tiziano logró ennoblecer la figura de Cristo presentándola con una gran serenidad, sin perder ni un ápice el dramatismo que la escena de por sí entraña.