Voltaire

Voltaire

Voltaire (François-Marie Arouet, 1694-1778), filósofo y literato francés, humanista ilustrado por excelencia, fue un convencido defensor del progreso, la razón y la cultura, así como del hombre y su capacidad para luchar contra las injusticias, y un crítico mordaz de las instituciones políticas y religiosas de la época.

Datos biográficos

Nacido el 21 de noviembre de 1694 en París (Francia), creció en un ambiente selecto, gracias a la privilegiada situación económica de su familia, formándose con los jesuitas, quienes estimularon en su talento precoz el interés por el pensamiento. Aunque en un primer momento se dedicó a la carrera administrativa, pronto decidió abandonarla para dedicarse a su verdadera pasión, la literatura y la filosofía. Sus primeras obras dramáticas le valieron una temprana fama, aunque también el presidio, debido a las críticas mordaces que destilaba contra los personajes más destacados de la sociedad francesa, como el duque de Orleans.

Después de pasar un breve periodo de su vida exiliado en Inglaterra, donde aprendió a admirar el liberalismo de las administraciones políticas parlamentarias británicas, regresó luego a Francia y a la representación teatral de sus incómodas ideas. En 1734 comenzó a publicar obras filosóficas en las que atentaba contra las creencias más extendidas en su país, lo que produjo un nuevo escándalo y su retirada a la Champaña francesa junto con su amante, Madame de Chatêlet. Allí prosiguió con su incansable labor literaria y filosófica, hasta que recibió importantes encargos políticos de la mano de Federico II de Prusia y Luis XV, quien lo nombró historiador oficial de la corte.

Sin embargo, la muerte de su amante vino a turbar la candidez con la que discurría su nueva vida, hundiéndolo en una tremenda depresión que lo llevó a abandonar Francia y a viajar a través de Europa. En este periodo entró en contacto con los enciclopedistas, con los que colaboró, volviendo a tener problemas con las autoridades religiosas, quienes veían en él la encarnación de la disidencia religiosa moderna. Finalmente, en el año 1758, decidió establecer su residencia en Suiza, muy cerca de la frontera con Francia. Allí escribió las obras que lo hicieron más célebre, tanto tratados filosóficos como obras dramáticas y cuentos.

Voltaire murió en París el 30 de mayo de 1778, en mitad de un viaje que había realizado a la capital francesa con el fin de asistir al estreno de una de sus obras.

Obra

La obra de Voltaire constituye uno de los pilares fundamentales de la modernidad y el pensamiento ilustrado, y contiene algunas de las obras más famosas de la historia de la literatura y el pensamiento. Dentro de su producción dramática cabe destacar Edipo, representada en 1718, Bruto (1730), Zaire (1732), Alzire (1736), Mahoma (1741), Mérope (1743) e Irene (1778).

En lo que se refiere a la narrativa, son sus obras más famosas Zadig (1747), Micromégas (1743) y sobre todo Cándido, publicado en 1759 y que constituye la crítica más brillante que jamás se ha hecho al optimismo que caracterizó a los primeros racionalistas como Leibniz.

Finalmente, Voltaire también produjo importantes tratados filosóficos, científicos e históricos que removieron los cimientos del pensamiento del siglo XVIII. Destacan Cartas filosóficas (1734), Elementos de la filosofía de Newton (1738), diversas colaboraciones y artículos incluidos en la Enciclopedia; El siglo de Luis XVI (1751), Ensayo sobre las costumbres (1756), Diccionario filosófico (1764) y Filosofía de la historia (1765).

Pensamiento

El pensamiento de Voltaire supone la cima de la ilustración. Así, encarna a la perfección todos los grandes conceptos que caracterizaron tan brillante momento histórico: fe en el progreso de la humanidad a partir de la razón y la cultura, y una crítica profunda a las viejas instituciones políticas y religiosas. Se puede decir que Voltaire creía ante todo en la razón y en el hombre, y en que ambos, de la mano, podían llevar al mundo a una situación mejor.

Desde un punto de vista filosófico, Voltaire creía en Dios, por lo que no se puede decir que fuese ateo; sin embargo, descreía de las teorías que afirmaban que el mundo era una maquinaria perfecta que respondía a su voluntad. Si esto fuese así no se podría explicar cómo era posible la injusticia y el sufrimiento humano. Gottfried Wilhelm Leibniz, el mayor representante del optimismo metafísico racionalista, había mantenido que todos los males eran males menores si se entendía que el mundo era el mejor de los mundos posibles, un plan perfecto ideado por Dios. Voltaire por su parte criticó ampliamente esta idea en su relato Cándido, afirmando por el contrario que el mundo no dependía de Dios y de sus leyes, sino que era un mundo inhóspito al que había que enfrentarse a través del esfuerzo intelectual y de la ilustración.

Esta comprensión real del sufrimiento positivo humano llevó a Voltaire a preocuparse de manera concreta por la moral, por las medidas prácticas que pudiesen hacer al hombre más feliz, alejándose de las grandes teorías filosóficas que planteaban eternas dudas en torno a la naturaleza de la existencia o los atributos de Dios. Lo que importa es el hombre de carne y hueso, y no los conceptos. Por ello es necesario plantear una moral práctica que alivie los dolores, y esta moral práctica pasa por la crítica a todas aquellas instituciones que intentan frenar el avance de la razón y la ciencia, instituciones ancladas en el pasado y en la superstición, como era el caso de la iglesia de su tiempo o las formas de gobierno caducas, alejadas del parlamentarismo británico.

Transmisión de la cultura y relevancia literaria

Esta comprensión del hombre, la política y la razón llevaron a Voltaire al desarrollo de una impresionante labor dedicada al estudio y a la escritura de obras que hiciesen llegar al pueblo las ideas más fundamentales de la historia, el pensamiento y la ciencia. De lo que se trataba no era tanto de llenar la historia del pensamiento de ideas nuevas como de hacer llegar las ya existentes a la sociedad; aunque siempre desde un una visión crítica, moderna, adecuada a las grandes ideas ilustradas de progreso y razón. Es por ello que Voltaire no dudó en colaborar ampliamente con los autores de la Enciclopedia, y por lo que también dedicó gran parte de su vida a escribir diccionarios filosóficos o estudios históricos.

Como no podía ser de otra manera, Voltaire terminó constituyendo un ejemplo para los filósofos y los escritores que le siguieron. No sólo había intentado hacer del mundo un mundo mejor a través de la razón y la cultura, sino que además había hecho de la filosofía de la historia una ciencia necesaria. Además, Voltaire ha supuesto una figura indispensable dentro de la historia de la literatura, ya que en muchos aspectos ha inaugurado nuevos géneros como los relatos filosóficos. Su Cándido se ha terminado convirtiendo en un concepto, en una idea que describe a la perfección el sufrimiento humano y la capacidad de éste para superarlo a través del humor, además de suponer un ejemplo paradigmático de la ironía y el ingenio.

Cronología de Voltaire

1694 – Nace Voltaire en París, Francia.

1704-1711 – Estudia en los jesuitas del colegio Louis-le-Grand de París.

1713 – Viaja a La Haya como secretario de embajada.

1718Edipo. Es encarcelado en la Bastilla.

1726 – Vuelve a ser encarcelado en la Bastilla.

1726-1729 – Se exilia a Gran Bretaña. Conoce a Locke y a Newton.

1729 – Regresa a Francia. Se instala en París.

1730Bruto.

1732Zaire.

1733El templo del gusto.

1734Cartas filosóficas. Se ve obligado a abandonar París y se refugia en el Château de Cirey.

1735La muerte de César.

1738Elementos de la filosofía de Newton.

1743Micromegas.

1746 – Luis XV le nombra historiógrafo real.

1747Zadig.

1750 – Se traslada a Berlín para trabajar bajo las órdenes de Federico II.

1755 – Se instala en Ferey (Ginebra), Suiza. La doncella.

1756Ensayo sobre las costumbres.

1759Cándido.

1763Tratado de la tolerancia.

1764Diccionario filosófico.

1778 – Fallece en París.

Esquema de Voltaire

Flósofo y literato francés, humanista ilustrado por excelencia. Fue un convencido defensor del progreso, la razón y la cultura, así como del hombre y su capacidad para luchar contra las injusticias, y un crítico mordaz de las instituciones políticas y religiosas de la época.