Max Weber

    Max Weber (1864-1920), sociólogo alemán, fue, junto con Émile Durkheim, una de las máximas figuras de esta ciencia durante el siglo XX, contribuyendo a hacer de ella una disciplina autónoma, dotada de un método y un objeto de estudio específicos y reconocidos.

    Nacido en Erfurt (Prusia, actual Alemania) el 21 de abril de 1864, Weber era hijo de un abogado de clase alta, dedicado a la política, por lo que se crió en un ambiente intelectual y, al mismo tiempo, religioso, dadas las profundas convicciones calvinistas que profesaba su madre. Se formó en Derecho, Economía, Filosofía e Historia en Heidelberg y Estrasburgo, estudios que después amplió en Gotinga y Berlín.

    Su excelente carrera académica culminó con la presentación de una brillante tesis sobre Historia agraria romana y su significación para el derecho público y privado, lo que le valió ser nombrado profesor de Derecho Mercantil en la Universidad de Berlín. Al mismo tiempo, sus escritos y estudios sobre la situación del campesinado en Prusia le valieron un justo reconocimiento, lo que provocó que su carrera docente fuera en constante ascenso, ejerciendo en las universidades de Berlín, Friburgo y Heidelberg.

    Reconocido internacionalmente, ofreció numerosas conferencias por diversos países, a pesar de que una enfermedad neuronal le obligó a reducir paulatinamente su frenética actividad académica y política. En 1903 fundó, con Jaffé y Sombart, la revista Archivo de Ciencia Social y de Política Social, que pronto se convertirá en la punta de lanza de los estudios sociológicos. Este interés por la investigación le hizo abandonar desde 1907 temporalmente la docencia, fundando, junto con Simmel, la Asociación Alemana de Sociología.

    Más involucrado con la política en sus últimos años, durante la Primera Guerra Mundial dirigió un hospital en Heidelberg, interviniendo, poco después, en la creación del Partido Democrático Alemán y, tras la guerra, en los acuerdos del Pacto de Versalles y en la creación de la República de Weimar. En 1918 regresó a la docencia, siendo profesor en Viena y Munich, ciudad en la que murió el 14 de junio de 1920.

    Su producción bibliográfica, de inmenso valor científico, guarda algunos de los máximos referentes de la sociología y el análisis económico y político actuales. Entre sus numerosos títulos, muchos de ellos publicados en forma de recopilación de artículos, destacan: Economía y sociedad, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Sobre la teoría de las ciencias sociales, Ensayos sobre metodología sociológica o Ensayos de sociología contemporánea.

    La obra de Weber influyó extraordinariamente en el pensamiento contemporáneo, en ámbitos como la sociología, la filosofía, el derecho, la economía, la historia, la política o el estudio del fenómeno religioso. Sus investigaciones sobre el capitalismo y la religión protestante demostraron la existencia de relaciones entre sistemas hasta entonces considerados independientes o alejados, como la economía y la creencia religiosa.

    Las teorías de Weber en este campo son fundamentales para el entendimiento del origen e implantación del capitalismo. Weber encontró que el sistema de producción capitalista guardaba una estrecha relación con la religión protestante, pues ésta defiende el esfuerzo individual como un valor supremo y el enriquecimiento personal como un acto agradable a los ojos de la divinidad. La ética protestante, con su defensa del trabajo y el éxito económico como valor supremo ante los ojos de Dios, ayudó a la implantación y desarrollo del capitalismo, sistema económico que después se adaptó a otros ámbitos culturales diferentes del norte-europeo.

    Otra de sus grandes aportaciones teóricas tuvo relación con el método de estudio sociológico. Weber distinguió entre dos planos de acción social: uno, interno, es el ocupado por las instituciones, mientras que en el otro, externo, se sitúa la acción humana. Para Weber, el hombre es el centro de la vida social y, aunque en sus acciones están presentes la irracionalidad y el plano emotivo, se puede establecer la existencia de un patrón racional de conocimiento de la sociedad y la cultura, un modelo que puede ser estudiado por la sociología.

    Finalmente, Weber estableció los límites entre Sociología e Historia, entendiendo que la primera estudia los modos de forma estadística y aproximativa, mientras que la segunda se fija en las acciones particulares e interpreta su significado.