Papa Francisco

Francisco (nacido en 1936), el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio elegido sumo pontífice de la Iglesia católica el 13 de marzo de 2013.

Jorge Mario Bergoglio nació en el barrio de Flores, en Buenos Aires, el 17 de diciembre de 1936 en el seno de una familia de origen italiano. Fue ordenado sacerdote en 1969 durante sus estudios en la Facultad Teológica de San Miguel. Amplió su formación teológica en España y Alemania y, entre 1973 y 1979, ejerció como provincial superior de la Compañía de Jesús en la Argentina.

En 1992, Bergoglio fue designado obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. Cinco años más tarde fue consagrado como arzobispo coadjutor de Buenos Aires por el cardenal Antonio Quarracino, a quien sucedió al frente del arzobispado metropolitano de Buenos Aires en 1998. En el consistorio de febrero de 2001 fue nombrado por el papa Juan Pablo II cardenal, con el título de San Roberto Bellarmino.

De talante humilde, tranquilo y conciliador, el cardenal Bergoglio ejerció como presidente de la Conferencia Episcopal de Argentina entre 2005 y noviembre de 2011. En cumplimiento de la ley canónica, al cumplir 75 años en diciembre de ese año presentó su renuncia ante el papa Benedicto XVI como arzobispo de Buenos Aires. Cuando Benedicto XVI, en un gesto infrecuente en la historia del papado, renunció a su condición, el cónclave vaticano eligió a Bergoglio como nuevo papa de la Iglesia católica. El arzobispo argentino, el primer sumo pontífice de la orden jesuita y también el primero originario del continente americano, eligió el nombre de Francisco, en honor a san Francisco de Asís.

A lo largo de su vida, el cardenal Bergoglio ha destacado por su humildad personal y por su compromiso con la justicia social. Una vez elegido papa, trasladó estos valores a su ejercicio pontificio, al que ha dotado de una imagen más sencilla y alejada del boato y los formalismos. De modo simbólico, renunció a ocupar la residencia papal en el Palacio Apostólico y decidió inicialmente permanecer en una estancia más modesta dentro del recinto vaticano.

En el plano doctrinal, el papa Francisco ha defendido posturas conservadoras en cuestiones como el papel de la mujer en el seno de la Iglesia, el celibato sacerdotal, el uso de anticonceptivos y los matrimonios entre personas del mismo sexo. En el ámbito ecuménico se ha mostrado abierto al diálogo con otras confesiones, defensor y partidario de buscar puntos de encuentro y modos de aprendizaje mutuo entre distintas comunidades religiosas.

Defensor de los más necesitados, en una de sus primeras alocuciones públicas conminó a los dirigentes mundiales a que hicieran frente a la «dictadura de una economía sin rostro» y a poner término a la «tiranía del dinero» que consideraba a los seres humanos meros «bienes de consumo». En este discurso hizo un llamamiento a la solidaridad desinteresada y al retorno de la ética, frente al culto al dinero.

En su conjunto, el pontificado de Francisco sobresalió por su fomento del diálogo entre religiones y la defensa de las personas y las comunidades desfavorecidas. Asimismo, emprendió una reforma pausada de la Curia de la Iglesia y, como signo distintivo con respecto a sus predecesores, se caracterizó por una mayor cercanía no solo con los fieles que acudían a los actos religiosos sino también con los representantes de los medios de comunicación. Se prodigó en entrevistas y comparecencias públicas en las que expuso algunas opiniones renovadoras y diferenciadas en su forma y fondo con respecto al mensaje de pontífices anteriores.

En algunos medios se describió a Francisco como un “papa ecologista”, debido a sus frecuentes manifestaciones en favor de la conservación del medio ambiente. En el controvertido ámbito de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes que habían manchado la imagen de la Iglesia en los últimos años anunció claramente su posicionamiento con la expresión “tolerancia cero” frente a los responsables. En otra dimensión de su papado, Francisco intervino activamente como mediador en numerosos conflictos internacionales. Así, tomó parte en conversaciones discretas para contener la guerra civil en Siria y fue un interlocutor privilegiado en la reanudación de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba. Su intervención favorable a las conversaciones de pacificación en Colombia entre el Gobierno de este país y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fue valorada también positivamente.

Durante el papado de Francisco se redactaron dos encíclicas. La primera, Lumen fidei (“La luz de la fe”), vio la luz en julio de 2013, poco después de su elección. En esta carta se propone una visión desde la perspectiva de la teología católica de la cuestión de la fe. Fue redactada en buena parte por su antecesor Benedicto XVI como complemento sobre los escritos anteriores dedicados a las otras dos virtudes teologales, la esperanza y la caridad. La segunda encíclica de Francisco, ya plenamente de su mano, se tituló Laudato si’ (“Alabado seas”) y en ella se recoge la preocupación del pontífice por la importancia de la naturaleza y el medio ambiente para la vida de las personas y por las amenazas que se ciernen sobre ellos. Igualmente se proponen modos de reorientar los modelos sociales hacia formas de desarrollo sostenible. El texto contiene un análisis muy crítico del consumismo incontenido y de la responsabilidad del ser humano en la degradación ambiental. Francisco enmarcó esta visión como parte de su labor apostólica, que lo había llevado a mediar activamente por el entendimiento entre los pueblos, el ecumenismo entre las religiones y la defensa de la naturaleza, pedir a los gobernantes que escuchen «el grito de la Tierra» e incluir el cuidado del medioambiente como una obra de misericordia más.

A lo largo de su papado, Francisco hubo de hacer frente a una delicada situación relacionada con las acusaciones de abusos sexuales por parte de miembros del clero católico de diversos países en las últimas décadas. El pontífice pidió perdón reiteradamente a las víctimas y reconoció que estos casos, al igual que otros de corrupción descubiertos en diversos estamentos de la jerarquía católica, inducirían un alejamiento de los fieles, y en particular los jóvenes, de la Iglesia Católica. Estos problemas afectaron de forma singular a Chile, donde en mayo de 2018 todo el episcopado del país puso sus cargos a disposición del Papa como reconocimiento de su responsabilidad colectiva en el encubrimiento de los abusos sexuales. En los meses siguientes, siete obispos chilenos abandonaron la jerarquía católica en el país, entre ellos el sacerdote Cristián Precht, una figura de alto valor simbólico por su compromiso con la democracia durante el Gobierno en Chile de Augusto Pinochet.

Viajes y ecumenismo

Desde el principio de su pontificado, el papa Francisco realizó numerosos viajes apostólicos intercontinentales. El primero de ellos fue a Brasil, en 2013; su recorrido por tierra americana continuó en 2015 con las visitas a Ecuador, Bolivia y Paraguay, y las de Cuba y los Estados Unidos, donde se reunió, respectivamente, con Raúl Castro y Barack Obama, en apoyo al histórico proceso de aproximación de ambos países. En 2016, viajó a México.

En 2014, el papa visitó Tierra Santa, Corea del Sur y Turquía y, durante una breve estancia en la ciudad francesa de Estrasburgo, habló en el Parlamento Europeo sobre tolerancia y justicia social.

En 2015, llevó su mensaje de fe, reconciliación y justicia a Sri Lanka y Filipinas, en Asia; Kenia, Uganda y República Centroafricana, en África, y en Europa, a Bosnia y Herzegovina, para fomentar la coexistencia pacífica entre las diferentes etnias y religiones de este país.

A principios de 2016, conmovido ante la grave crisis migratoria causada por la guerra siria, Francisco visitó los asentamientos de refugiados en la isla de Lesbos (Grecia) y mostró su solidaridad acogiendo a tres familias. En julio del mismo año durante la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Cracovia (Polonia), con su habitual estilo abierto y espontáneo, exhortó a los jóvenes a luchar contra el miedo y a profundizar en las relaciones con sus mayores, dejándoles como tarea: «Memoria, coraje, futuro...esperanza».

Su labor como mediador en Europa y su preocupación por los desfavorecidos le hicieron merecedor del Premio Carlomagno, otorgado por la ciudad alemana de Aquisgrán a las personalidades más destacadas del continente europeo. En el discurso pronunciado al recibir el galardón, el 6 de mayo de 2016, el pontífice insistió en la necesidad de que Europa no olvidara los valores del humanismo y reafirmara su voluntad de integración cultural y social de los inmigrantes llegados a su territorio.

Durante el transcurso de 2017, los viajes realizados por Francisco fuera del territorio italiano tuvieron un valor altamente simbólico. En abril visitó Egipto tanto para reforzar la relación entre el credo cristiano y el musulmán como para apoyar de forma expresa a la comunidad copta, que era objeto en ese país de persecución y violencia por facciones extremas del fundamentalismo islámico. En su siguiente viaje, a Fátima, en Portugal, canonizó a los videntes de la Virgen, Jacinta y Francisco Marco. Por su parte, entre el 6 y el 10 de septiembre estuvo en varias ciudades de Colombia, durante el proceso de resolución del contencioso que enfrentaba al ejército colombiano con las guerrillas de orientación marxista. Finalmente, su visita a finales de año a Bangladesh y Birmania se produjo en plena crisis humanitaria por el hostigamiento en territorio birmano de los miembros de la etnia musulmana minoritaria de los royingyas que había provocado un éxodo masivo hacia la vecina Bangladesh.

Durante el mes de mayo de 2018, Francisco completó una difícil visita oficial a Chile. La llegada del Papa coincidió con un proceso de exigencia de las responsabilidades de la jerarquía católica en el país por haber encubierto colectivamente numerosos casos de abusos sexuales en las últimas décadas. Por otra parte, en septiembre de ese mismo año, mientras el pontífice realizaba un viaje oficial en Lituania, se conoció la firma de un pacto entre la Iglesia Católica y el Gobierno de la República Popular China. El acuerdo pretendía poner fin a 70 años de conflicto y facilitar la unificación de los católicos chinos. Considerado de trascendencia histórica, el pacto fue sin embargo criticado con dureza por algunos sectores de la congregación católica en China.