Barry C. Barish

    El científico estadounidense Barry C. Barish asumió el liderazgo del magno proyecto internacional que detectó por primera vez en la historia la existencia de ondas gravitacionales de origen cósmico. Por este logro recibió el Premio Nobel de física de 2017, compartido con Rainer Weiss y Kip S. Thorne.

    Barry Clark Barish nació en Omaha, en el estado estadounidense de Nebraska, el 27 de enero de 1936. Miembro de una familia de origen judío polaco emigrada a los Estados Unidos, cursó estudios universitarios en la Universidad de California en Berkeley, en la que se doctoró con un trabajo sobre física experimental de partículas de alta energía. Más tarde se sumó al equipo docente y de investigación del Instituto Tecnológico de California (conocido como Caltech).

    A lo largo de su carrera profesional, Barish investigó las partículas subatómicas en proyectos como el acelerador de partículas Fermilab y el experimento MACRO, en la cueva italiana del Gran Sasso, en busca de monopolos magnéticos. Su gran experiencia en este tipo de proyectos llevó a que fuera designado investigador principal del Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory (LIGO, observatorio de ondas gravitacionales de interferómetro láser), en el que colaboraron más de un millar de investigadores. En 1997, Barish pasó a ser el director del proyecto.

    El objetivo del LIGO era lograr la detección de las llamadas ondas gravitacionales, un ente teórico predicho por la teoría de la relatividad general de Albert Einstein. En virtud de esta teoría, las grandes masas aceleradas presentes en el Universo deberían ser capaces de generar unas perturbaciones en el espacio-tiempo que se desplazarían en el mismo a la velocidad de la luz como ondas de energía radiante. Estas perturbaciones fueron llamadas ondas gravitacionales. Tras más de dos décadas de trabajos, el 14 de septiembre de 2015 el LIGO observó por primera vez en la historia unas ondas gravitacionales ligadas a la colisión entre dos agujeros negros. El hallazgo tuvo una enorme repercusión científica, dado que confirmaba experimentalmente uno de los aspectos más elusivos de las hipótesis de Einstein.

    Las decisivas contribuciones de Barish a la detección de estas ondas mediante el detector LIGO le hicieron merecedor del Premio Nobel de física de 2017 que compartió con su compatriota Kip S. Thorne y el alemán Rainer Weiss. Barish recibió, al igual que Thorne, la cuarta parte de la dotación económica del galardón. Ese mismo año, los tres galardonados recibieron el Premio Princesa de Asturias de investigación científica y técnica.