Angola

La República de Angola, situada en la franja sudoccidental del continente africano, es un vasto territorio dotado de excepcional riqueza natural. Sin embargo, la devastadora guerra civil que sucedió a la independencia, obtenida de Portugal en 1975, y la corrupción de su clase política han convertido a esta nación, la segunda potencia africana en recursos petrolíferos, en una de las que posee las mayores desigualdades sociales entre su población.

Bandera de Angola.

Medio físico

Panorámica de las playas y el núcleo urbano de Luanda, la capital de Angola

Con una superficie de 1.246.700 kilómetros cuadrados, el territorio angoleño se abre al océano Atlántico a lo largo de unos 1.600 kilómetros de costa, y hacia el interior a través de unos 5.000 kilómetros de frontera terrestre. El país limita al norte con la República Democrática del Congo (antiguo Zaire); al este, de nuevo, con la República Democrática congolesa y con Zambia; al sur, con Namibia; y al oeste, con el océano Atlántico. Situada entre la República del Congo y la República Democrática del Congo se encuentra la provincia angoleña de Cabinda, fuera, por tanto, de las fronteras del resto de la nación.

Fotografía vía satélite del territorio angoleño.

La geomorfología del territorio angoleño presenta dos unidades de relieve fundamentales, la llanura costera y la meseta central (conocida como planalto), separadas por una zona de transición, los relieves intermedios. Éstos están constituidos por las tierras altas de Bié y Huila, donde se encuentran las montañas de Tundavala y las mayores alturas del país: el monte Mouo (2.620 metros) y el monte Meco (2.538 metros). El litoral angoleño está formado por una extensa y recta llanura costera que se extiende desde la desembocadura del río Congo hasta Luanda, la capital del país. Desde este punto, la costa angoleña se estrecha y se curva en suaves y profundas ensenadas hasta la frontera con Namibia. La gran meseta central, cuyo material geológico corresponde al antiguo zócalo africano, ocupa la mayor parte del país, determinando que el 65% del territorio se sitúe entre los 1.000 y los 1.600 metros de altitud.

Montañas de Tundavala, en la región de Huila.

El sistema hidrográfico de Angola forma parte de dos de las cuencas más importantes del África subsahariana: la del río Congo o Zaire, cuya desembocadura sirve de frontera entre Angola y la República Democrática del Congo, y la del Zambeze, que recorre el extremo oriental del país. La mayor parte de las cuencas fluviales interiores angoleñas, cuya extensión total ocupa el 60% del territorio, nacen y se distribuyen a partir de las tierras altas interiores. A la cuenca hidrográfica del Congo pertenecen los ríos Cuango, Cuilo, Cuangue, Cassai y otros afluentes menores, que nacen en la meseta central y fluyen hacia el norte para desembocar en aquél. Hacia el oeste corre el río Cuanza o Kwanza, que desemboca en el Atlántico al sur de Luanda, ofreciendo una importante vía de comunicación con el interior. El Cunene es el otro gran río que vierte sus aguas al Atlántico, tras discurrir desde el centro hacia el sudoeste y hacer de frontera con Namibia durante el tramo final de su recorrido. Por último, el Cubango y su afluente, el Cuito (los dos grandes ríos que, nacidos en las tierras altas del interior, discurren hacia el sur), atraviesan Namibia y van a morir en la depresión del antiguo lago Ngami, al norte de Botswana, rodeados por las ardientes arenas del desierto del Kalahari.

Cataratas de Epupa, en el río Cunene.

La alternancia estacional entre época seca y época de lluvias es la única característica climática común a todo el territorio angoleño, aunque, en general, en Angola se pueden distinguir tres regiones bioclimáticas. La zona norte, inmersa en el área intertropical, presenta un elevado índice de pluviosidad, por encima de los 600 milímetros anuales, y una temperatura media superior a los 23 ºC. En el interior, la elevada altitud hace descender la temperatura media anual hasta los 18 ºC, con temperaturas mínimas mucho más bajas durante la estación seca. Por último, en la región del sudoeste, sometida a la influencia de grandes masas de aire cálido y seco, las precipitaciones disminuyen hasta los 50 milímetros, en medio de un clima semiárido que anuncia la proximidad del desierto del Kalahari.

Flora y fauna

La latitud, el clima y la compartimentación del relieve determinan una notable variedad paisajística en Angola. Frondosas y húmedas selvas tropicales cubren el norte y algunas zonas de las tierras altas del interior, estas últimas particularmente en la provincia de Huila, donde las precipitaciones alcanzan los 1.055 milímetros anuales. En total, el bosque húmedo tropical ocupa un 43% del territorio, mientras que las distintas variedades de sabana (desde los altos pastos hasta los achaparrados bosques de acacias), junto con pantanos y manglares en las áreas fangosas de las costas y los ríos, suponen un 23 % de la superficie del país.

El rico patrimonio vegetal ha propiciado la existencia de numerosos animales. Aún hoy, a pesar de la merma fáunica que han supuesto los casi treinta años de guerra civil, la caza furtiva y los campos de minas, siguen estando presentes en el territorio de Angola la mayor parte de los grandes mamíferos africanos. En las sabanas angoleñas todavía pueden contemplarse algunas manadas de elefantes y grandes felinos, así como algunas especies raras o escasas, como el antílope negro gigante, especie emblemática de Angola. En las cuencas fluviales habitan buen número de cocodrilos e hipopótamos.

Especímenes de antílope sable o negro, especie angoleña en peligro de extinción.

Un grave problema medioambiental de Angola, por otra parte común a muchos de los territorios con bosques lluviosos tropicales, es la deforestación indiscriminada, que provoca una preocupante erosión del suelo y una grave pérdida de la biodiversidad.

Población

Demografía

Angola cuenta con una población que sobrepasa los 24 millones de habitantes. Después del desastre demográfico generado por la guerra civil, que ocasionó más de un millón de muertos y cuatro millones de desplazados, Angola se repobló rápidamente con una tasa de crecimiento de población cifrada en niveles cercanos al 3% anual. A esta recuperación contribuyen tanto el retorno de refugiados a sus poblaciones de origen como la alta tasa de natalidad (la media de fertilidad es de 5,3 hijos por mujer), lo que facilita un rápido incremento demográfico. La sociedad angoleña es muy joven, pues su media de edad no alcanza los 18 años. Por otra parte, la esperanza de vida sigue siendo baja, situada en torno a los 56 años, y existe un alto índice de mortalidad infantil debido a las carencias nutricionales y a la escasa o nula educación sanitaria. Sin embargo, Angola sigue siendo un país escasamente poblado, con una baja densidad demográfica (algo menor de 15 habitantes por kilómetro cuadrado), que se concentra en su mayor parte en las ciudades y en el norte y el litoral del país.

La mayoría de las ciudades importantes se hallan en la costa. Luanda, la capital, ha doblado su población en los últimos diez años y se ha convertido en uno de los mayores puertos del país. Otras ciudades destacadas son Lobito, Cabinda y Soyo. De menor entidad pero con cierto relieve deben consignarse las urbes costeras de Benguela y Namibe y las interiores de Lubango y Malanje, esta última situada en el curso medio del río Cuanza.

La gran mayoría de la población angoleña está constituida por diferentes etnias de origen bantú. La más numerosa (un 37 % de la población nacional) es la de los ovimbundus, que viven en la región centrooccidental de Angola. Al grupo etnolingüístico kimbundu pertenece el 25 % de la población. Algunas comunidades de este grupo, que habitan en las islas próximas a Luanda, han hecho de la pesca un medio de vida casi espiritual, caracterizándose también por las coloristas fiestas de carnaval que todavía celebran. Por último, el grupo bakongo, que se aloja en Cabinda y en los territorios del nordeste, representa el 13 % de la población total.

Otros grupos étnicos de origen bantú, conformados por un menor número de individuos, son el lunda, el ganguela, el nyaneka-humbe, el ambó, el herero y el xindonga. En cuanto al resto de la composición étnica del país, debe mencionarse la presencia de unos diez mil bosquimanos (habitantes originarios de una amplia zona de África meridional, actualmente relegados al extremo sudeste de Angola y a algunas zonas del desierto del Kalahari), de un componente mixto surgido del cruce entre indígenas y colonizadores (el 2 % de la población) y de un 1 % de europeos (fundamentalmente portugueses, aunque en la provincia de Moxico existe una importante colonia de hispanohablantes).

Lengua

El portugués es el idioma oficial de Angola, así como la lengua más hablada por la población. Sin embargo, en el país se hablan también numerosas lenguas y dialectos de origen bantú, entre las que destacan el umbundu, el kimbundu y el kikongo.

Religión

El cristianismo, sobre todo en su vertiente católica, es la principal fe de Angola. A pesar de la predicación de los misioneros, la práctica de cultos animistas y otras tradiciones religiosas locales es habitual en el 47 % de la población.

Economía y comunicación

Datos económicos

Aunque el 85 % de los angoleños se dedica a la agricultura, sólo el 10,2 % del producto interno (interior) bruto (PIB) procede de ésta, ya que aproximadamente la mitad de la población practica una agricultura de subsistencia a pequeña escala, con el cultivo de productos tradicionales del trópico, como el maíz, la mandioca y el ñame. El Gobierno angoleño ha realizado esfuerzos por relanzar sectores con un enorme potencial productivo que se habían visto paralizados por la guerra, como la agricultura a gran escala o la pesca. Antes de la independencia de 1975, Angola era el cuarto productor mundial de café y el segundo de sisal. En la actualidad cuenta con proyectos destinados a rehabilitar las infraestructuras y apoyar a nuevos productores. Las cosechas de caña de azúcar, algodón y bananas se dedican, sobre todo, a la exportación.

Recursos naturales del sector primario, como la pesca y la explotación forestal, también necesitan ser relanzados. Antes de la guerra, Angola, que posee uno de los mejores caladeros de la región, capturaba alrededor de 600.000 toneladas de caballa, atún, marisco y sardinas. Por otro lado, los extensos bosques que cubren gran parte del territorio angoleño son una fuente inagotable de maderas nobles como el palo de rosa, el ébano, la caoba o el sándalo africano. El reto es conseguir una explotación compatible con la conservación medioambiental.

El petróleo, tras el descubrimiento de los segundos yacimientos más importantes de África (después de los de Nigeria) a finales de la década de 1960, se ha convertido en el verdadero motor de la economía angoleña. El combustible fósil supone el 90 % de las exportaciones y alrededor de la mitad del PIB del país. El alto índice de crecimiento económico (8,4 % en 2012, después de alcanzar el 19 % en 2005) está directamente relacionado con el aumento de los precios y la producción de crudo. Sin embargo, esta bonanza económica no revierte en la población, que en un 70 % se halla por debajo del índice de pobreza. Tampoco lo hacen las fabulosas minas de diamantes que se encontraron a principios del siglo XX en los depósitos aluviales del nordeste del país (provincias de Lunda Norte y Lunda Sul), una reserva minera calculada por los geólogos en 130 millones de quilates que sólo está parcialmente explotada. La extracción de hierro, cobre, manganeso, bauxita, fosfatos, feldespato, uranio, oro, sal y cemento completa la nómina de una riqueza minera excepcional.

Fotografía tomada por satélite de unas minas de diamantes angoleñas.

Luanda y las principales ciudades costeras del sur (Lobito, Benguela y Namibe) concentran la mayor parte de la industria manufacturera del país. En la capital se fabrica fundamentalmente cemento, textiles y azúcar, mientras que en el sur se concentran los procesados alimenticios, como las conservas de pescado, harinas y cerveza.

Angola ingresa por sus exportaciones a Estados Unidos, China, Taiwán y Francia casi veinte mil millones de dólares más de lo que destina a comprar. Las importaciones, principalmente de maquinaria, equipamiento eléctrico, vehículos y repuestos, medicamentos, alimentación, textiles y armamento, proceden de Corea del Sur, Portugal, Estados Unidos, Sudáfrica, Brasil, Japón y Francia. Por otra parte, se considera que los sectores de la banca, la telefonía móvil y el comercio tienen un gran potencial de crecimiento para los próximos años.

Tras la finalización de la guerra civil en 2002, la infraestructura pública de transportes estaba seriamente dañada. La mayor parte de los transportes de mercancías se hacen por vía aérea o marítima, debido al mal estado de las carreteras. Muchas de las conexiones por vía férrea, incluso con la República Democrática del Congo y Zambia, se abandonaron durante la guerra. En la actualidad, sólo funcionan algunas conexiones entre las ciudades principales de la costa. Angola cuenta con un aeropuerto internacional en Luanda y con otros domésticos en las principales ciudades costeras. Los aeropuertos de las urbes del interior, como Malanje y Huambo, están en malas condiciones. Los puertos más destacados del país son los de Cabinda, Luanda, Lobito y Soyo.

Comunicación

El Gobierno angoleño controla los principales medios de comunicación nacionales. Éstos son el Jornal del Angola, único periódico diario existente; la Televisao Popular de Angola, con dos canales en emisión, y la Radio Nacional de Angola, que actualmente emite en cinco canales.

Entre los medios privados, la mayoría con base en Luanda, destacan semanarios como Folha 8 y A Capital; una televisión de pago, Multichoice Angola, que ofrece algunos canales portugueses y brasileños, y emisoras de radio como Radio Ecclesia, de corte cristiano, y Radio Morena, que emite desde Benguela.

Administración y política

División territorial

Administrativamente, Angola está dividida en 18 provincias. Tanto por su potencial económico como por su importancia política, la más destacada es la de Luanda, que acoge a la capital del país.

Mirador de Lua, cerca de Luanda capital de Angola.

Forma de gobierno y partidos políticos

Nominalmente, Angola es una república con un sistema de gobierno basado en una democracia multipartidista. La última Constitución por la que se rige el país (adoptada en 2010) afirma que el presidente será elegido por un periodo de cinco años por votación parlamentaria, con posibilidad de renovación para un segundo mandato. El actual presidente de la república, José Eduardo dos Santos, que aúna en su persona la jefatura del Estado y la del Gobierno, designa a los miembros del Ejecutivo.

El poder legislativo está representado por una sola cámara, la Asamblea Nacional, que cuenta con 220 miembros, elegidos en proporción a los votos obtenidos por cada partido. Por su parte, el poder judicial, representado en la Corte Suprema y las cortes provinciales, no está separado del ejecutivo, ya que es éste quien elige directamente a los jueces.

El Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) es el partido del Gobierno desde 1979, cuando fue elegido el presidente Dos Santos mediante un sistema unipartidista. El principal partido de la oposición es la Unión Nacional para la Total Independencia de Angola (UNITA), al que le siguen, con mucha menor representación en la cámara, el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA) y el Partido para la Renovación Social (PRS).

Historia

Los primeros pobladores

Según demuestran recientes investigaciones arqueológicas, el territorio de Angola estuvo habitado desde el Paleolítico inferior. Las primitivas poblaciones autóctonas de cazadores-recolectores fueron los ancestros de los actuales khoi-san (bosquimanos y hotentotes). A lo largo del primer milenio antes de la era cristiana, grupos de pueblos de origen bantú, que practicaban la agricultura y dominaban la fundición del hierro, fueron asentándose en el territorio de Angola, desplazando a las poblaciones originales, que quedaron relegadas a territorios menos favorables para la agricultura y para la vida.

Descubrimiento y conquista por los portugueses

Las primeras incursiones de los europeos en las costas angoleñas, impulsadas por el talante descubridor e inquieto del rey portugués Juan II el Navegante, datan de 1482. Cuando el marino luso Diogo Cao remontó el río Congo hacia el interior, encontró un reino, el Congo, del que dependían otros más pequeños, como el Matamba y el Ndongo. Del nombre genérico que en este último daban a sus gobernantes, ngola, procedería el futuro nombre de Angola.

Guiados por el afán descubridor y científico del monarca portugués, las relaciones que los primeros colonizadores entablaron con los nativos fueron cordiales y respetuosas. Pero tras la muerte de Juan II a finales del siglo XV, las ambiciones comerciales impulsaron la conquista del territorio angoleño.

A medida que penetraban en las nuevas tierras, los portugueses fueron creando factorías costeras y evangelizando a la población. En 1576, Paulo Dias de Novais fundó Luanda. Los enormes beneficios reportados por el comercio de esclavos a gran escala impulsaron a la corona portuguesa a la conquista abierta en el siglo XVII. En poco tiempo cayeron los reinos indígenas del interior.

Hacia 1700, los esclavos negros con destino a Brasil, Portugal y las Antillas eran la principal mercancía que los colonizadores obtenían de Angola. La penetración hacia el interior perseguía el único objetivo de mantener abiertas las rutas de caza de esclavos en la meseta, hasta que la rivalidad colonial del siglo XIX entre las potencias europeas impulsó grandes expediciones geográficas en el territorio angoleño. Éstas culminaron con la realización de la cartografía de Angola y con el reparto colonial de África en la Conferencia de Berlín de 1885. El siglo XIX significó también el fin oficial de la esclavitud, primero con la prohibición de la trata de esclavos en 1836 y después con la abolición definitiva en 1878.

Independencia y guerra civil

Durante el primer tercio del siglo XX surgieron en Angola brotes independentistas que rechazaban la agresiva política colonial del dictador portugués António de Oliveira Salazar. En 1955, Angola consiguió la declaración de provincia portuguesa de ultramar. Una larga serie de conflictos desembocó, veinte años más tarde, en 1975, en la definitiva independencia de la nación.

El Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), de corte prosoviético y apoyado por la Unión Soviética y Cuba, se hizo con el control del país, pero otros partidos de signo contrario, fundamentalmente la UNITA y el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), financiados por Estados Unidos y la minoría blanca sudafricana, declararon la guerra al nuevo Gobierno. El territorio angoleño se convirtió en campo de batalla de bloques antagónicos, lo que dio lugar a una de las más cruentas y largas guerras civiles de todo el continente africano.

Afianzado en el poder, el MPLA realizó un meritorio esfuerzo por implantar planes sanitarios y de educación. A principios de la década de 1990, tras la caída del bloque comunista, el partido en el poder abandonó la ideología marxista. En 1992 se celebraron las primeras elecciones multipartidistas de la historia de Angola. El estrecho margen de resultados entre el MPLA y la UNITA obligaba a una segunda vuelta, pero ésta no se celebró, recrudeciéndose la actividad bélica.

Tras la muerte del líder de la UNITA, Jonas Savimbi, en 2002, se firmó un acuerdo de paz definitivo que incluía un ambicioso plan de reconstrucción nacional. El presidente Dos Santos había prometido elecciones libres en 2003, que no se celebraron debido a la imposibilidad de acceso al voto para muchos habitantes de aldeas aisladas por la destrucción de las infraestructuras. Los siguientes comicios se fijaron para septiembre de 2006. A comienzos de este año, el Programa de Ayuda al Desarrollo para el periodo 2003-2008 establecido por las Naciones Unidas había favorecido notablemente la estabilización social de Angola.

En septiembre de 2008 se celebraron en el país las primeras elecciones legislativas en los últimos 16 años. El presidente Dos Santos anunció elecciones presidenciales para 2009, aunque llegada la fecha los comicios se pospusieron mientras se avanzaba en reformas constitucionales que reforzarían los poderes presidenciales y suprimirían la elección del cargo por sufragio directo. Estas enmiendas fueron aprobadas por el Parlamento en enero de 2010.

Ese mismo mes, Angola fue sede de la celebración de la Copa de África de Fútbol. El torneo se tiñó de luto cuando los autobuses en los que se desplazaban los miembros de la selección de Togo fueron atacados por grupos armados, poco después de cruzar la frontera angoleña, por guerrilleros separatistas de Cabinda. Murieron dos miembros de la expedición y varios más resultaron heridos de gravedad. Este movimiento permaneció activo en los años siguientes y organizó ataques a objetivos de interés económico para el Gobierno central, como el cometido contra un convoy de trabajadores chinos en noviembre de 2010.

En las elecciones legislativas de septiembre de 2012, el gobernante del MPLA logró una cómoda victoria que abrió el camino hacia un nuevo mandato presidencial para Dos Santos. Las acusaciones de irregularidades presentadas por los partidos opositores no fueron respaldadas por los observadores internacionales.

A lo largo de la década de 2010, las cifras macroeconómicas de Angola experimentaron una notoria mejoría. Impulsada por las exportaciones de petróleo, la economía angoleña se había situado como la quinta del continente africano. La inflación, que en 2000 superaba el 325 %, se había reducido a un manejable 9 % en 2014. La renta per cápita era superior a 5.935 dólares, una de las más elevadas de África. Sin embargo, el reparto de esta riqueza era enormemente desigual. Según informes de las Naciones Unidas, el 37 % de la población aún vivía en condiciones de extrema pobreza. La abrupta caída de los precios de las materias primas y, singularmente, del petróleo durante 2015 provocaron desequilibrios en las cuentas públicas angoleñas. Como medidas paliativas ante esta coyuntura, el Gobierno, sobre el que pesaban acusaciones de corrupción, anunció un recorte de los subsidios y el establecimiento de cuotas a las importaciones.

Sociedad y cultura

La música y la danza, así como la creación de máscaras y esculturas en madera y otros materiales, forman parte de la herencia cultural y espiritual del pueblo angoleño. Ritmos tradicionales del país, como el kaduke y el semba, llevados por los esclavos a Brasil y fusionados allí con el sustrato cultural amerindio y portugués, dieron lugar a un baile mundialmente famoso: la samba. Por su parte, la propensión ancestral de los luanda a la celebración de festivales carnavalescos tiene su máxima expresión en los carnavales brasileños.

En la actualidad, artistas locales desarrollan un arte plástico con ciertas reminiscencias tradicionales. Sus obras pueden contemplarse en Luanda, donde se encuentran las principales galerías de arte del país.