Perú

Asentamiento de numerosas civilizaciones preincaicas, como la chavín, la de Paracas o la chimú, centro del imperio incaico y sede principal del virreinato que durante siglos dominó el poder colonial en Sudamérica, el Perú cuenta con un inmenso acervo cultural que encuentra representación en su población, en la que predominan los componentes amerindio y mestizo, y que se proyecta hacia el siglo XXI a través de su evolución histórica.

Bandera de Perú.

Medio físico

Situado en la parte más occidental de Sudamérica, el Perú cuenta con una superficie total de 1.285.220 kilómetros cuadrados. Limita al norte con el Ecuador y Colombia; al este, con Brasil; al sudeste, con Bolivia; al sur, con Chile; y al oeste, con el océano Pacífico.

En Perú se pueden distinguir tres grandes áreas: la cordillera andina, la costa y la selva.

Vista del nevado Coropuna, la tercera cumbre más alta de Perú (6.425 metros).

Los Andes son una formación montañosa de desarrollo relativamente reciente, cuya actividad tectónica se manifiesta de forma continuada a través de movimientos sísmicos que han producido graves daños a lo largo de la historia del país. Dispuesto en tres ramas paralelas, las cordilleras Occidental, Central y Oriental, el cordón andino, que conforma el área conocida como la sierra, presenta altitudes moderadas en su parte norte, que van ganando elevación a medida que se procede hacia el sur. En el Perú central, la rama occidental cuenta con sectores como la llamada cordillera Blanca, en la que se encuentran el nevado Huascarán (6.768 metros), la máxima elevación del Perú, y otras cumbres por encima de los 6.000 metros, como el Huandoy o el Santa Cruz. Más al sur aún se alzan grandes cimas de cota similar como el Coropuna o los volcanes Misti y Ubinas, pero en general predominan los nudos (puntos en los que se entrecruzan tramos de cordillera), como los de Vilcanota y Pasco, y extensos altiplanos, como las mesetas de Ayacucho y Titicaca, asentamiento esta última del lago homónimo. Dentro de la orografía andina merece especial mención las formaciones rocosas denominadas bosques de piedras, como el de Huayllay (provincia de Pasco) o el de Imata (Arequipa) donde la erosión ha esculpido en las rocas singulares figuras que simulan un bosque encantado.

Los bosques de piedra son conjuntos rocosos de formas muy singulares. En la imagen, rocas del bosque de piedra de Imata (Arequipa).

Por su parte, la llanura costera constituye una franja de 30 a 150 kilómetros de ancho, que se extiende entre el océano Pacífico y la cordillera Occidental. La parte más amplia se localiza en el norte, en el desierto de Sechura. Por último, la cuenca amazónica, a la que también se conoce como la montaña o la selva, se extiende en las tierras que descienden desde la vertiente este de la cordillera Oriental de los Andes y ocupa casi la mitad del territorio peruano.

Perú cuenta con numerosos y caudalosos ríos. Los que descienden por la vertiente occidental a la llanura costera, de curso breve, avenan sus áridas tierras y permiten en ciertos casos el desarrollo de zonas de cultivo en sus riberas. Algunos de ellos son, de norte a sur, el Santa, el Huará, el Pico o el Ica. Sin embargo, los grandes cauces fluviales peruanos se sitúan en la vertiente oriental de los Andes y conforman el curso alto de la cuenca del Amazonas, cuyas fuentes se sitúan en el nacimiento del río Marañón, al norte del Perú, que toma el nombre de Amazonas desde su confluencia con otro de los grandes ríos de la zona, el Ucayali, antes de llegar al puerto de Iquitos. A reseñar también el Urubamba, afluente del Ucayali, y el Madre de Dios. Desde el norte, el gran cauce amazónico recibe la aportación de afluentes como el Santiago, el Pastaza, el Tigre y el Napo, antes de seguir su curso hacia Brasil. Al sudeste se sitúa el lago Titicaca, cuyas riberas son compartidas con Bolivia.

Panorámica del lago Titicaca (Andes centrales) ubicado entre Perú y Bolivia.

El clima en Perú viene condicionado por la altitud de los Andes y la corriente de Humboldt, que desplaza en dirección septentrional una gran masa de aguas frías originada en latitudes próximas al círculo polar antártico. Ello hace que la temperatura media del agua de la costa esté comprendida entre 14 y 19 ºC, unos 6 u 8 ºC menos que las aguas que circundan la corriente y que mantienen una temperatura acorde con la latitud que ocupan. El clima de la costa es subdesértico, la temperatura media anual oscila entre los 18 y los 22 ºC y, como consecuencia de la barrera fría, las precipitaciones son casi nulas, dado que las masas nubosas que llegan a ella descargan en el mar sin alcanzar el litoral o cambian de dirección. A pesar de la ausencia de nubosidad, es singular el fenómeno de las brumas, que cubren los cielos de estas tierras buena parte del año.

Periódicamente se forma al norte de la corriente de Humboldt una contracorriente cálida, llamada de El Niño, que desplaza a la primera del litoral y cambia las pautas de precipitación, originando en ocasiones fuertes temporales que inundan unos terrenos en los que se dan con frecuencia avenidas y avalanchas de tierras, debidas a la escasa disposición del suelo árido a absorber tales masas acuosas.

En la zona de la sierra, las temperaturas rondan los 20 ºC, con una máxima de 26 ºC y una mínima de –5 ºC. Suele haber una estación húmeda y las lluvias son escasas con una media de 900 milímetros en el norte y de 300 en el sur. En los puntos más altos el clima es de alta montaña, con nieves y hielos perpetuos. En la selva, como en el resto de la Amazonia, predomina el clima cálido de tipo ecuatorial, con tasas de precipitación elevadas que en determinados puntos superan los 3.000 milímetros al año.

Flora y fauna

Debido a sus especiales condiciones orográficas y climáticas, Perú cuenta con una gran diversidad de ecosistemas. En la zona árida costera, la vegetación está formada por cactos de diversas especies y por las denominadas lomas, extensiones de plantas herbáceas y arbustivas adaptadas a la sequedad. En los niveles inferiores de la sierra se dan plantas arbustivas y ocasionales masas boscosas, mientras que a partir de los 3.000 metros la vegetación es la propia de las mesetas conocidas como punas, en las que predominan las gramíneas. Por su parte, la selva cuenta con la vegetación de bosque tropical característica de este hábitat, con gran profusión de especies arbóreas.

Por cuanto hace referencia a la fauna, destaca la sorprendente variedad de aves acuáticas que pueblan el litoral, en el que abundan gaviotas, pelícanos, cormoranes. Especies características de la zona son el pingüino de Humboldt, amenazado de extinción, y mamíferos acuáticos como el león marino.

Ejemplar de pingüino Humbolt, característico de la fauna peruana y en peligro de extinción.

Las laderas y mesetas andinas son dominio de la llama, la alpaca, la vicuña y su pariente salvaje, el guanaco, y en sus cielos destaca la silueta del cóndor, la mayor de las rapaces. En la selva predominan especies características del ecosistema como el jaguar, el tapir, grandes reptiles como la boa o el cocodrilo y una amplísima biodiversidad de aves e invertebrados de todo tipo.

Población

Demografía

Perú cuenta con unos 30.444.000 habitantes. Uno de sus rasgos demográficos más significativos es su tendencia al crecimiento, en especial durante el siglo XX hasta la década de 1970, tras la cual el aumento tendió a atenuarse hasta alcanzar modernamente un índice, aproximado, del 1 %, que puede considerarse moderado. Como consecuencia de él, la población es mayoritariamente joven, con una media de edad de 27,3 años, en tanto que la esperanza de vida media se sitúa en 71 años para los hombres y 75 para las mujeres.

Uno de los retos a los que se enfrenta el país, y que puede afectar a la estructura poblacional, es la emigración de miles de personas que abandonan el país en busca de nuevas y mejores oportunidades laborales. Los principales destinos son Europa, principalmente España, y los Estados Unidos.

Algo más de la mitad de la población vive en la región costera, una tercera parte en la cordillera andina y sólo un 10 % habita en la Amazonia. Un importante porcentaje de la población dejó sus localidades del interior, sobre todo en la sierra, para trasladarse a las ciudades costeras donde, en su cinturón periférico, se han levantado precarias viviendas llamadas «pueblos jóvenes», que cuentan con insuficientes servicios públicos, como agua corriente, luz, red de alcantarillado o colegios. Este fenómeno de emigración interior ha hecho que la población urbana supere el 70 % del total. Entre los grandes núcleos urbanos del país sobresalen la capital, Lima, en cuya área metropolitana se concentra más de un cuarto de los habitantes del Perú, Arequipa, Tacna y Matarani, al sur de la región costera, y Trujillo, Chiclayo y Piura, al norte, también en el área litoral. En la región andina cabe citar la antigua capital del imperio inca, Cusco, Cajamarca, Ayacucho, Huancayo y Pucallpa, mientras que en la selva las principales ciudades son Iquitos, a orillas del Amazonas, y Puerto Maldonado, sobre el Madre de Dios, en la frontera con Brasil.

En la actualidad, el grupo étnico más numeroso lo componen los amerindios, que representan un 45 %, seguido por la población mestiza con un 37 %. Un 15 % son blancos y el resto se reparte entre negros mulatos, asiáticos. Además de quechuas y aimaras, que conforman la mayoría de la población indígena, en la cuenca amazónica habitan comunidades aisladas de numerosos grupos étnicos como los aguarunas, yaguas y jíbaros, conocidos por sus antiguas prácticas de reducción ritual de cabezas de los enemigos caídos en combate.

Lengua

En el Perú, las lenguas oficiales son el español, hablado por casi toda la población, el quechua y el aimara. El quechua, idioma extendido por los incas, tiene su principal área de implantación en la sierra, mientras que el aimara se localiza en el sudeste del país, junto al lago Titicaca y la frontera con Bolivia.

Religión

La religión mayoritaria de la población es la católica. Además, perviven las creencias tradicionales propias de los pueblos amerindios.

La inmensa mayoría de la población peruana es católica. En la imagen, la catedral de Lima.

Economía y comunicación

Datos económicos

El sector primario supone el 7 % del producto interno (interior) bruto (PIB). Este porcentaje se centra no obstante en la producción minera, ya que sólo una pequeña parte del suelo es apta para los cultivos agrícolas. Los cultivos más mecanizados, que generan buena parte de la producción agrícola destinada a la exportación, se ubican en las riberas de los ríos costeros, en especial en el norte, y son de café, caña de azúcar, arroz y maíz.

Por su parte, en la sierra se hallan explotaciones más tendentes a la producción de subsistencia, como los de papa o patata, quinua o cebada. Los cultivos en el Perú andino se centran en las zonas bajas de los valles, a los que se llama quebradas, y presentan una característica distribución en terrazas, que permite aprovechar los profundos desniveles del relieve. En la zona de la selva la explotación agrícola está aún por desarrollar, ya que la dificultad en las comunicaciones obstaculiza el tráfico de mercancías. Cabe mencionar los cultivos ilegales de hoja de coca, gran parte de cuya producción es transportada a la vecina Colombia por los carteles narcotraficantes para su transformación en cocaína.

La ganadería se concentra en la sierra, siendo especialmente significativa en la zona próxima al lago Titicaca, aunque también es importante en otros altiplanos andinos. La abundancia de pastos hace que sean notables la cabaña ovina y caprina, mayores que la bovina, y la cría de la llama y la alpaca, camélidos perfectamente adaptados a la altura.

Por su parte, la explotación forestal es importante, ya que más de la mitad del territorio peruano se encuentra cubierto por la selva tropical. De ella se obtienen valiosas maderas preciosas, como la caoba, el ébano, el palisandro y el cedro. La transformación de la madera tiene su principal centro en Iquitos, en la ribera del Amazonas. La pesca cuenta con una flota considerable y una desarrollada infraestructura, si bien la periódica aparición del fenómeno de El Niño, afecta considerablemente a su rendimiento.

Por cuanto respecta a la minería y al aprovechamiento de recursos energéticos, ha descendido en importancia la de oro y plata, tradicionales impulsores de la economía virreinal, si bien Perú continúa siendo uno de los principales productores mundiales de estos metales preciosos. Otros recursos minerales actuales son los de cobre, hierro, zinc, manganeso y fosfatos, que han reemplazado en la producción peruana de fertilizantes al guano, otro de los referentes tradicionales de la historia económica peruana.

La producción petrolífera alcanza niveles notables, aunque el creciente desarrollo industrial hace que modernamente no cubra por completo las necesidades de consumo interno. En franca expansión se halla el sector gasífero. Cabe mencionar a este respecto el yacimiento de Camisea, en el departamento de Cusco, en el curso bajo del río Urubamba, que a partir de 2004 comenzó a ser explotado en el marco de un proyecto que preveía la conducción del gas a los centros de consumo a través de dos grandes gasoductos. En 2005 se proyectó incluso una conducción que uniera Pisco con Chile, para la exportación del gas.

El potencial hidroeléctrico es grande y se concentra en la zona oriental. Una de las grandes dificultades para el aprovechamiento de las aguas en la selva amazónica es su alejamiento de los grandes centros de consumo, que se concentran en las ciudades de la costa y fundamentalmente en Lima. Por las centrales térmicas mantienen altos niveles de actividad.

El sector secundario supone el 34,5 % del PIB, aunque sólo el 17,4 % de la fuerza laboral del país trabaja en él. Gran parte de la industria se concentra a lo largo de la costa y el eje Lima-El Callao engloba más de la mitad de la producción industrial. El núcleo de la industria pesada lo constituyen las refinerías de petróleo, las plantas siderúrgicas y las instalaciones para un primer tratamiento de los minerales metalíferos. Las industrias alimentarias han experimentado un rápido crecimiento y elaboran, sobre todo, harinas y aceites de pescado. También son importantes las plantas textiles que trabajan el algodón, la lana y la alpaca.

El sector de los servicios abarca el 58,5 % del PIB, ocupa a más del 56 % de la población activa y se centra en los principales núcleos urbanos. El sistema financiero está regido por el Banco Central de Reserva del Perú, entidad encargada de la emisión de la moneda nacional, el Nuevo Sol, y de preservar la estabilidad monetaria.

El comercio interior se concentra en las ciudades de la costa y, sobre todo, en Lima. Las exportaciones se basan en el sector minero y energético, especialmente en minerales como el cobre, el zinc y el oro, y en el petróleo, que es exportado para su transformación, siendo posteriormente importado de nuevo. Entre las exportaciones agrícolas destacan el café y el azúcar. Los principales destinatarios de las exportaciones son los Estados Unidos, China, Chile, Canadá y Suiza.

Por su parte, las importaciones consisten básicamente en maquinaria, vehículos, plásticos, hierro y acero, trigo y papel. Proceden en su mayor parte de los Estados Unidos, China, Brasil, Ecuador, Colombia, Argentina, Chile y Venezuela. La balanza comercial peruana ha alternado ciclos deficitarios, como los de las décadas de 1970 y 1990, con otros de superávit, como el que mantuvo el país durante la primera mitad de la década de 2000, con tendencia a ser sostenido.

El turismo también adquirió importancia en el marco de la economía peruana en los últimos decenios. Así, la capital del antiguo virreinato, Lima, el corazón del Imperio inca, Cusco, las ruinas de Machu-Picchu, las esculturas de Tacna o las iglesias, templos y palacios de Arequipa, Cajamarca y Chiclayo son polos de atracción para miles de turistas de todo el mundo.

El importante patrimonio histórico y cultural peruano es uno de los factores que han motivado el alza del turismo en el país. En la imagen, plaza de armas de Arequipa, con la catedral al fondo.

Las comunicaciones se ven en buena medida condicionadas por la configuración orográfica del país, ya que han de enfrentarse a la inmensa mole de las elevaciones andinas y a la extensa e intricada selva oriental. La red de carreteras presenta un mayor nivel de desarrollo en la costa, donde se articula en torno a la carretera Panamericana, que atraviesa el país de norte a sur, aunque cuenta también con ramas transversales que unen el litoral con los altiplanos. Otra vía comunica Lima con Chile a través de los Andes.

La comunicación por ferrocarril está proporcionalmente poco desarrollada, con dos líneas principales: la central nace el la costa, en el puerto de El Callao, y asciende hacia las elevaciones andinas, enlazando con una rama que llega a Cerro de Pasco y a través de la cual se encauza la producción minera de los Andes centrales. Otra línea férrea más meridional une Cusco, Arequipa y otras ciudades y llega a Puno, en las orillas del lago Titicaca, donde enlaza con Bolivia por medio de un servicio de transbordador. Se da la circunstancia de que algunas de las líneas ferroviarias peruanas se cuentan entre las de mayor altitud del mundo y, al discurrir a través de espectaculares paisajes, se han constituido en elemento de atracción turística.

El puerto que encauza la mayor parte del tráfico marítimo es el de El Callao, cercano a Lima, y junto a él cabe citar también los de Talara y Chimbote, al norte, y Matarani, al sur. Por cuanto hace referencia al tráfico fluvial, poco desarrollado dado el aislamiento y la escasa población de las regiones amazónicas en las que se ubica, se concentra en Iquitos y Pucallpa, a orillas del Amazonas y el Ucayali respectivamente.

El tráfico aéreo interno se encuentra notablemente desarrollado gracias a los más de cincuenta aeropuertos existentes en las principales ciudades del país. Sobresale el aeropuerto Jorge Chávez, de Lima, que registra un importante tráfico internacional y nacional.

Comunicación

Entre los diarios peruanos de mayor difusión cabe mencionar El Comercio, Expreso, Ojo y La República, todos ellos editados en la capital. También limeño es El peruano, uno de los primeros periódicos publicados americanos, fundado en 1825.

En el país operan diversas cadenas de televisión y emisoras de radio. En 1989 el Perú fue el primer país sudamericano en emplear la transmisión vía satélite para sus emisiones.

Tanto la telefonía fija como celular se encuentran en manos privadas, por lo que el Estado sólo se encarga de la supervisión y vigilancia del sistema. Se calcula que hay algo más de tres millones y medio de líneas fijas, mientras que el número de celulares supera los 32 millones. En los últimos años ha experimentado un notable desarrollo el acceso a Internet, disponible modernamente para unos nueve millones de usuarios.

Administración y política

División territorial

Administrativamente, el Perú se compone de 24 departamentos o regiones que, a su vez, se subdividen en provincias y distritos, más la Provincia Constitucional del Callao y la de Lima. La autoridad en cada departamento se encuentra en manos del prefecto. Las provincias, un total de 195, son gobernadas por un alcalde, elegido por sufragio universal para un periodo de cinco años, que está al frente de la municipalidad. Por debajo de la provincia se encuentra el distrito. Hay un total de 1.828 distritos, también dirigidos por un alcalde, elegido por el voto popular cada cuatro años.

Paralelamente, a mediados de la década de 2000 se encontraba en curso un proceso de regionalización en el país que intentaba fomentar la descentralización. Para ello, bajo el mandato de Alejandro Toledo, presidente entre 2000 y 2006, se impulsó la creación de 25 regiones a cuyo frente estaban los Gobiernos regionales dirigidos por un presidente y vicepresidente apoyados por un Consejo regional. Estas regiones coincidían con los territorios de los departamentos correspondientes, si bien se contemplaba la posibilidad de que tuvieran lugar posibles fusiones destinadas a reducir la infraestructura administrativa del país.

Lima, la capital de la república, lo fue también del Virreinato de Perú. Es la sede del Gobierno y el epicentro de la actividad cultural, económica y comercial del país. En la imagen, vista parcial del palacio municipal.

Forma de gobierno y partidos políticos

Perú es una república unitaria, presidencialista y democrática. El presidente es el jefe del Estado, elegido por sufragio directo y universal. Éste elige a su vez un gobierno encabezado por un primer ministro. El voto es obligatorio a partir de los 18 años hasta cumplir los 70. El mandato del presidente se extiende por un periodo de cinco años y hay posibilidad de reelección desde la aprobación de la nueva Constitución en 1993. En la misma elección presidencial se elige también a sus dos vicepresidentes.

El poder legislativo es unicameral y recae en el Congreso de la República, integrado por 120 miembros. Los representantes del Congreso son elegidos mediante el voto popular y para un periodo de cinco años.

El poder judicial tiene en su cúspide a la Corte Suprema con competencia en todo el territorio. Por debajo de ella se encuentran las Salas Superiores, que están en cada Distrito Judicial. Luego vienen los Juzgados de Primera Instancia, cuya competencia corresponde a una provincia. Además, los peruanos cuentan con un Tribunal de Garantías Constitucionales.

Existen varios partidos políticos de diferentes tendencias en el país. Entre los principales cabe citar la Unión por el Perú (UPP), la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), la Alianza Electoral Unidad Nacional (UN), coalición de partidos de centro-derecha, Alianza por el Futuro, que es una coalición de formaciones partidarias del ex presidente Alberto Fujimori, y Perú Posible, formación progresista surgida en torno al ex presidente Alejandro Toledo.

Servicios del Estado

En el campo de la educación, la enseñanza primaria es gratuita y obligatoria desde los 6 hasta los 15 años, lo que ha permitido aumentar considerablemente la tasa de alfabetización, que modernamente se sitúa en torno al 90 %. Sin embargo, sólo los centros urbanos consiguen la escolarización de la mayor parte de la población infantil. La educación secundaria es gratuita en los centros públicos, aunque para acceder a ella hay que superar un examen selectivo. Las principales ciudades cuentan con centros universitarios, tanto públicos como privados. Cabe destacar, entre otros, la Universidad de San Marcos, fundada en 1551, la Pontificia Universidad Católica y la Nacional de Ingeniería, todas ellas en Lima, y la de Arequipa, creada en 1827.

En el campo sanitario, las cifras muestran que las tasas de mortalidad infantil y de mujeres han descendido notablemente en los últimos años, aunque persisten grandes diferencias al respecto entre el medio rural y el urbano. Entre los programas promovidos por el Gobierno a lo largo de la década de 2000 cabe citar los de erradicación de la poliomielitis y el sarampión a través de campañas de vacunación, acceso universal a servicios de salud pública y programas de mejora de las condiciones de higiene e infraestructura de las zonas de menor nivel de renta.

Historia

Las culturas precolombinas

El territorio del actual Perú estuvo habitado por diferentes culturas amerindias -chavín, paracas, mochica, etc.-, sobre las que asentaría su poder el Imperio incaico, que los conquistadores europeos abatieron tras su llegada a las tierras del actual Perú en el siglo XVI.

La cultura chavín, considerada como la primera civilización de cierta entidad surgida en el área andina, floreció entre los siglos IX y II a.C. en el altiplano y la costa septentrionales del actual territorio peruano. Su centro más importante fue Chavín de Huántar, probablemente centro religioso de la cultura, donde se alza un templo conocido como El Castillo. La agricultura constituyó el eje de su economía y se domesticaron animales como la llama y el guanaco. Esta cultura practicó un tipo de vida sedentaria y el nexo que unía a las distintas poblaciones era la adoración a un dios común. Afín a la chavín fue la cultura de Paracas, que se desarrolló más al sur aproximadamente al mismo tiempo, si bien perduró sólo hasta el siglo IV a.C. Implantada en la península del mismo nombre, en el departamento costero de Ica, en esta civilización alcanzó especial significación la elevada calidad de sus tejidos bordados.

Por su parte, la cultura mochica, floreciente entre el siglo II a.C. y el VI d.C., apareció en la costa norte, en las cercanías de los valles de Moche, cercano a la actual ciudad de Trujillo, y Chicama. Esta cultura trabajó excelentemente la metalurgia, la cerámica y la orfebrería, y se le deben, entre otras, la construcción de las pirámides conocidas como Huaca del Sol y Huaca de la Luna. Prácticamente contemporánea de la mochica fue la cultura de Nazca, que se extendió por el sur del litoral en torno al valle del mismo nombre. Cahuachi fue el principal centro ceremonial y urbano de esta civilización, conocida sobre todo por los gigantescos diseños trazados en el terreno desértico, cuyas enigmáticas formas han sido objeto de múltiples teorías por parte de los arqueólogos.

Entre los siglos VII y IX de la era cristiana, la zona central del actual Perú fue dominada por la cultura de Huari, que llegó a extender su influencia a buena parte del territorio peruano, varios siglos antes del esplendor de la civilización inca. Entre el 800 y el 1200 d.C. se desarrolló la cultura de Tihuanaco (o Tiwanaku) en el altiplano boliviano, la parte meridional de Perú y el norte de Chile. Se cree que sus conocimientos en astronomía y arquitectura fueron muy avanzados.

Por último, entre las civilizaciones preincaicas del Perú cabe citar la chimú, que a principios del siglo XIV tuvo su principal centro en la ciudad de Chanchán, que ocupaba una extensión de unos veinte kilómetros cuadrados. Esta cultura, que amplió sus dominios en el siglo XV, destacó por sus ingentes obras de irrigación e ingeniería, que dieron ligar a complejas redes de canales y caminos y a poderosas fortalezas, a pesar de lo cual fue dominada por el poderío inca.

Ruinas de la ciudad de Chanchan, de la cultura preincaica chimú, notable por sus construcciones y obras de ingeniería.

El Imperio inca

El Imperio inca comenzó a gestarse a comienzos del siglo XIII en el valle de Cusco, en el que permanecieron durante varias décadas sin expandirse. En 1438 la subida al trono de Pachacútec Inca Yupanqui inició una fase de expansión que, en menos de un siglo, convirtió los dominios incas en el reino más poderoso de los habidos en Sudamérica. Pachacútec sometió primero los territorios aimaras de los alrededores del lago Titicaca y conquistó el reino chimú. A su muerte, en 1471, le sucedió su hijo, Túpac Inca Yupanqui, quien llevó las fronteras hasta el Ecuador y el norte de la Argentina y Chile. En la transición al siglo XVI su hijo Huayna Cápac consolidó las conquistas, alcanzó el territorio de Colombia y fortaleció el ejército y el sistema administrativo. Tras su muerte, en 1527, se inició el progresivo debilitamiento del Imperio inca al estallar la guerra civil entre sus hijos Huáscar y Atahualpa, lo que facilitó la conquista española.

El Imperio inca constituyó una monarquía centralizada en la que el soberano, el inca, acaparaba todo el poder. El soberano se apoyaba en una clase sacerdotal poderosa y en la clase aristocrática. El resto de la estructura social lo formaba el pueblo llano, agrupado en ayllus, unidades comunitarias a modo de clan. La base económica era la agricultura, en la que se emplearon técnicas avanzadas de regadío, abono y cultivos en terrazas. La ganadería también era importante y se centraba fundamentalmente en la cría de llamas, alpacas y vicuñas, variedades domesticadas del silvestre guanaco. Asimismo, los incas construyeron excelentes calzadas de piedra y puentes que facilitaron las comunicaciones entre los distintos (y alejados) puntos del imperio y levantaron grandes fortalezas para la protección del territorio, como Ollantaytambo y Sacsahuamán.

La conquista española y las guerras civiles

Las primeras expediciones españolas partieron de Panamá y realizaron incursiones costeras, como las que efectuó Pascual de Andagoya en 1522. No obstante, hasta 1531 no se iniciaría la sorprendente conquista de un territorio en el que una fuerza que inicialmente contaba con menos de 200 hombres sometió al más poderoso imperio sudamericano.

Ese año, Francisco Pizarro desembarcó en la costa peruana y se dirigió a Cajamarca, donde se encontró con el emperador inca, Atahualpa, vencedor de la sangrienta guerra civil que había sacudido el imperio. Atahualpa fue apresado y, después de pagar un ingente tesoro por su rescate, fue ejecutado. Ello permitió a Pizarro entrar en Cusco sin casi oposición en noviembre de 1533. Aunque se mantuvieron algunos focos aislados de resistencia, los españoles afianzaron su poder con la fundación por parte de Pizarro de la Ciudad de los Reyes, la actual Lima, en 1536. Poco después establecieron un puerto en El Callao para mantener la comunicación con Panamá.

Ilustración que representa al inca Atahualpa, cuya muerte precipitó la caída del imperio en manos de los conquistadores españoles.

El sometimiento del Imperio inca permitió el reparto de tierras y riquezas entre los españoles y favoreció el inicio de las disputas entre ellos, lo que se tradujo en una época de guerras civiles. Así, Diego de Almagro, tras su infructuosa expedición de exploración de Chile, se enfrentó a Francisco Pizarro por el dominio de Cusco. Las tropas de Almagro derrotaron a las pizarristas en Abancay, pero en la batalla de las Salinas, en abril de 1538, Almagro fue derrotado y ejecutado. Sin embargo, la guerra se reanudó en 1541, cuando el hijo de Almagro y sus seguidores asesinaron a Francisco Pizarro. Ello motivó la llegada de un nuevo gobernador, Cristóbal Vaca de Castro, quien derrotó a los almagristas en la batalla de Chupas, en 1542. Ese año, el emperador Carlos V promulgó las Leyes Nuevas de Indias que establecían la creación del Virreinato de Perú, lo que motivó la rebelión de Gonzalo Pizarro, hermano de Francisco. El virrey designado, Blasco Núñez de Vela, se enfrentó a Gonzalo, pero fue derrotado y asesinado en Añaquito en 1546. Un nuevo virrey, Pedro de la Gasca, llegó dos años después al Perú y acabó finalmente con el poder de Pizarro que, capturado tras su derrota en la batalla de Xaquixaguana, fue ejecutado.

El periodo colonial

Tras esta turbulenta época, el Virreinato de Perú se consolidó. Inicialmente comprendió todas las tierras bajo dominio español de Sudamérica, a excepción de la gobernación de Caracas. Diversas capitanías generales, audiencias y provincias conformaban su red administrativa y dentro de ellas estaba Nueva Castilla, que incluía el actual territorio de Perú y tenía como capital virreinal a Lima. El comercio se centralizaba en el puerto de El Callao, al que llegaban todos los barcos procedentes de Panamá, lo que instituyó un monopolio mercantil hasta el siglo XVIII.

El virrey Andrés Hurtado de Mendoza, que ocupó el cargo entre 1555 y 1561, acabó con los últimos levantamientos y sentó las bases para el desarrollo del virreinato. Bajo su gobierno tuvo lugar la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre para recorrer los ríos Marañón y Amazonas. La «jornada» acabó con el asesinato del primero, la proclamación del segundo como príncipe de Perú y Tierra Firme y su rebelión contra la monarquía española hasta que fue capturado y muerto. Otro virrey destacado fue Francisco de Toledo (1569-1581), quien sentó las bases administrativas y desarrolló las riquezas del virreinato, que se convirtió en el principal proveedor de la Corona española. Toledo reglamentó el trabajo en las minas con la institución de la mita, lo que provocó la rebelión de Túpac Amaru I, y aumentó la producción de plata de Potosí, situada en el Alto Perú, que se convirtió en el principal yacimiento hasta fines del siglo XVII. Toledo también estableció el Tribunal de la Inquisición y fundó la Universidad de San Marcos.

El poder virreinal en Perú se vería alterado con el advenimiento al trono español en 1700 de la dinastía de los Borbones, que introdujeron numerosos y fundamentales cambios. El Virreinato de Perú se segregó en los virreinatos de Nueva Granada (1739) y del Río de la Plata (1776), que incluía el Alto Perú. Además, se liberó el comercio, por lo que El Callao perdió su monopolio. A todo ello se sumó la rebelión del indígena José Gabriel Condorcanqui, llamado Túpac Amaru II, y proclamado heredero del emperador inca. Fue ésta una de las sublevaciones de mayor alcance del periodo colonial en las colonias americanas anteriores a la independencia. Aunque fue capturado y ejecutado en 1881, el movimiento por él encabezado perduraría hasta dos años más tarde.

El periodo revolucionario y la independencia

Como sucedió en muchas otras colonias de América, la invasión de España por parte de los ejércitos napoleónicos desató un movimiento emancipador que conduciría a la consecución de la independencia. No obstante, en primera instancia, Perú se mantuvo leal a la Corona, por la presencia de muchos españoles en la corte virreinal, el tradicional conservadurismo de la sociedad limeña y la acción del gobernador Fernando Abascal y Sousa, convencido realista que negó el acatamiento a la Constitución liberal de Cádiz en 1812.

El movimiento emancipador tuvo que llegar al Perú desde el exterior. Tras las sucesivas derrotas de las fuerzas independentistas de Buenos Aires en sus intentos de ocupar el Alto Perú, actual Bolivia, el general José de San Martín optó por rodear a las fuerzas realistas, atravesar los Andes y liberar Chile, objetivo que cumplió en 1818. Allí armó una flota que partió hacia el Perú y que, en 1820, desembarcó en el puerto de Pisco, tomando Lima el año siguiente ante la retirada de las fuerzas virreinales hacia el interior.

Sin embargo, San Martín no se vio en condiciones de atacar a las fuerzas españolas y solicitó la colaboración de Simón Bolívar, liberador de todo el norte de Sudamérica. Sin embargo, éste rechazó compartir el liderazgo de las tropas, por lo que, tras el encuentro de ambos próceres en Guayaquil, San Martín se retiró y Bolívar inició una campaña en la que las victorias de Junín y Ayacucho, en 1824, pusieron fin a la presencia española en América.

La independencia del Perú había sido ya declarada por el Congreso de Lima en 1822. No obstante, Bolívar quiso proclamarse presidente vitalicio del nuevo estado, lo que fue rechazado por el Congreso, que en 1827 lo destituyó, reafirmando la independencia de la República de Perú y designando a José de la Mar como jefe del Estado.

La república y las luchas de poder

Después de la marcha de Bolívar se inició una etapa en la que se sucedieron los Gobiernos militares de los llamados «mariscales de Ayacucho», veteranos de la lucha independentista que se sucedieron en el poder. En 1829 accedió a él Agustín Gamarra, quien se caracterizó por un gobierno autoritario, rasgo que se repetiría en el mandato, desde 1835, del general Felipe Salaverry. Un año más tarde, Andrés Santa Cruz, nacido en La Paz y que detentaba el poder en Bolivia, invadió el sur del Perú y estableció la Confederación Peruano-Boliviana, efímera entidad geopolítica que se mantendría vigente hasta 1839, fecha en la que una coalición de chilenos y nacionalistas peruanos derrotó a sus fuerzas en la batalla de Yungay.

Ya antes, en 1838, Gamarra había accedido de nuevo a la jefatura del Estado, pero pronto se sucedieron desórdenes civiles entre liberales y conservadores que finalizaron con la presidencia de Ramón Castilla, quien ocuparía por dos veces la presidencia entre 1845 y 1862. El nuevo mandatario pacificó el país, impuso el orden, reforzó el ejército y restableció la vida parlamentaria. Además, la vida económica cobró un mayor auge gracias a la explotación de los depósitos de guano. Castilla también abolió el tributo de los indígenas y decretó la emancipación de los esclavos negros, lo que posibilitó la inmigración de miles de asiáticos que se integraron como mano de obra para los campos de cultivo y que con el tiempo se constituirían en una significativa minoría de la población peruana.

En 1863 ocupó la presidencia José Antonio Pezet, quien tuvo que afrontar la guerra del Pacífico contra España, que intentaba recuperar su influencia en el Pacífico. Los intentos de alcanzar un tratado por parte de Pezet desataron una sublevación militar encabezada por el coronel Mariano Ignacio Prado, quien se hizo con el poder en 1865 y se enfrentó a España formando una coalición con el Ecuador, Chile y Bolivia. Las tropas españolas cañonearon los puertos de El Callao y Valparaíso, pero finalmente se retiraron y, en 1871, se firmó un tratado de paz.

Entretanto, en el Perú se sucedieron los enfrentamientos entre grupos políticos de diferente signo, a la par que la economía se mantenía en franco deterioro. Las elecciones de 1872 consagraron a Manuel Pardo y Lavalle (1872-1876) como el primer presidente civil del país. Pardo reformó y modernizó el sistema educativo y expropió los yacimientos de salitre de Tarapacá como nueva fuente de recursos económicos. Sin embargo, gran parte de su obra no pudo llevarse a cabo ante la crisis monetaria en Europa y el agotamiento del guano. Los comicios de 1876 devolvieron al poder a Mariano Ignacio Prado, al final de cuyo mandato, en 1879, el Perú se embarcó en la guerra del Pacífico, que habría de tener graves consecuencias.

El enfrentamiento comenzó a gestarse ante la escalada de tensiones entre Chile y Bolivia por la posesión de los yacimientos de salitre en la zona del desierto de Atacama, entonces territorio boliviano. Chile desembarcó tropas en la ciudad de Antofagasta y la ocupó. El Gobierno peruano, tras muchas vacilaciones, apoyó al de Bolivia en virtud de un tratado que habían firmado en 1873, pero el curso de la guerra se torció pronto para los coaligados. En 1879, en la batalla de Iquique, su flota quedó destruida y, al mismo tiempo, el presidente Prado abandonó el país rumbo a Europa, con lo que Nicolás de Piérola tomó el poder. Las tropas chilenas entraron en Lima en enero de 1881, mientras que la resistencia continuaba en el interior del país. Finalmente, en 1883 se firmó el Tratado de Ancón, con el que finalizó la guerra. Además, en ese tratado se dejó en manos chilenas la provincia de Tarapacá y la administración de Arica y Tacna durante diez años.

Durante la posguerra el país quedó sumido en una situación económica de grave crisis, de la que se iría poco a poco recuperando durante una etapa de gobiernos militares, una de cuyas figuras predominantes fue Andrés Avelino Cáceres, quien ocupó la jefatura de Estado en 1886, y que canceló la grave deuda externa con Inglaterra entregando al Gobierno británico la explotación del guano y los ferrocarriles peruanos.

Su sucesor, Remigio Morales Bermúdez, accedió a la presidencia en 1890 y durante su mandato comenzaron a explotarse los ricos yacimientos mineros de Junín. Cáceres reaccedió de nuevo al poder en 1894, pero la burguesía civil desencadenó un movimiento revolucionario en su contra que determinaría el fin del gobierno militar y el acceso a la presidencia, en 1895, de Nicolás de Piérola.

Civilismo y militarismo

Piérola inauguró un periodo de más de dos décadas de gobiernos civiles. Bajo su gobierno las exportaciones se diversificaron y se incrementaron las inversiones extranjeras. El 1908 accedió a la presidencia por primera vez Augusto Leguía, que en esta etapa expandió los cultivos de algodón y café y concretó los límites fronterizos con Brasil, que habían venido siendo objeto de disputa desde hacía décadas.

En las elecciones de 1919, el ambiente social se encontraba agitado y el fin de la etapa civilista estaba próximo. Tras esos comicios, Leguía salió triunfante por segunda vez y pronto estableció un régimen autoritario, introduciendo reformas constitucionales que permitieron su reelección en dos ocasiones. Leguía impulsó la construcción de carreteras y ferrocarriles, favoreció la agricultura y dio comienzo a una pequeña legislación laboral para proteger a la clase obrera. Al mismo tiempo, se alcanzó un compromiso final con Chile por el que Tacna volvió a Perú y Arica quedó en manos chilenas. Paralelamente, la agitación estudiantil se radicalizó y se fundó una formación política que desempeñaría un papel destacado en la política posterior, la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), creada en su exilio mexicano por el intelectual progresista Víctor Raúl Haya de la Torre. La crisis mundial desencadenada a raíz del crac bursátil de 1929 afectó gravemente a la economía peruana y precipitó la caída del régimen de Leguía.

En 1930, una Junta Militar encabezada por el general Luis Miguel Sánchez Cerro depuso a Leguía y, al año siguiente, convocó elecciones en las que fue elegido presidente. Durante su breve mandato –fue asesinado en 1933– reprimió duramente una revuelta aprista en el norte del país. A Sánchez Cerro le sucedió el general Óscar Benavides, quien ilegalizó el APRA y otros partidos políticos, mientras que en los comicios de 1939 triunfó Manuel Prado. Su presidencia estuvo marcada por el estallido de un conflicto con el Ecuador en 1941. El Ejército ocupó la provincia oriental ecuatoriana de El Oro y, por medio de la firma del Tratado de Río de Janeiro, apoyado por potencias extranjeras, pero denunciado por el Gobierno ecuatoriano, obtuvo la posesión de territorios amazónicos que redujeron notablemente la extensión del territorio del Ecuador.

Las elecciones de 1945 dieron como ganador a José Bustamante, mientras que el APRA, nuevamente legalizado, obtuvo mayoría en el Congreso. Sin embargo, tres años más tarde, los militares protagonizaron un alzamiento que dio el poder al general Manuel Odría, quien anuló toda forma de oposición y mantuvo su influencia política durante el mandato de su sucesor, Manuel Prado.

En 1962, la Junta Militar se hizo con el poder y convocó elecciones para el año siguiente, que permitieron el triunfo de Fernando Belaúnde Terry, fundador del partido Acción Popular, de tendencia liberal, cuyo Gobierno emprendió la reforma agraria así como la modernización y extensión de la instrucción pública.

Las reformas del régimen militar

En 1968, un nuevo pronunciamiento militar dio el poder a una junta presidida por Juan Velasco Alvarado, quien desarrolló una política tendente a limitar la influencia estadounidense en la economía peruana. Nacionalizó los pozos petrolíferos hasta entonces gestionados por la International Petroleum Company, así como los transportes y la producción de energía eléctrica, y amplió el límite de las aguas jurisdiccionales a las 200 millas, lo que supuso la expulsión de pesqueros estadounidenses que faenaban en las costas peruanas. Desastres naturales como el devastador terremoto que asoló en 1970 el norte de Perú, con más de cincuenta mil víctimas, o la acentuación del fenómeno de El Niño, que en 1972 produjo un brusco descenso de la producción pesquera, comprometieron gravemente la evolución de la economía.

La política de represión de la oposición y control de los medios informativos y la aproximación diplomática a la Unión Soviética y China de Velasco generaron disensiones en el seno de las Fuerzas Armadas, por lo que un nuevo pronunciamiento dirigido por Francisco Morales Bermúdez motivó su destitución. El nuevo régimen anuló muchas de las reformas de Velasco y convocó una Asamblea Constituyente que elaboró una nueva Constitución, aprobada en 1979. Simultáneamente se permitió el regreso de exiliados y se restablecieron las libertades públicas anuladas durante el gobierno militar.

La restauración democrática y la transición al siglo XXI

En mayo de 1980 se celebraron comicios que dieron de nuevo la victoria a Belaúnde Terry, quien impuso una estricta economía liberal marcada por las directrices del Fondo Monetario Internacional (FMI), que no tuvieron el efecto de recuperación económica deseado. En esta época aparecieron grupos armados que desestabilizaron la nación. El más importante fue Sendero Luminoso, de carácter maoísta, cuyas acciones terroristas, en especial en el medio rural, forzaron el establecimiento del estado de sitio en varias provincias.

En 1985, Alan García, del APRA, obtuvo un resonante triunfo. El nuevo presidente emprendió un gran programa de gasto público, declaró una limitación unilateral de los pagos de la deuda externa, nacionalizó la banca y enfrentó el terrorismo de Sendero Luminoso. No obstante, la economía experimentó un franco deterioro, la inflación alcanzó niveles históricos y los ataques terroristas se recrudecieron. En este contexto, los comicios de 1990 dieron el triunfo al candidato de la opción progresista Cambio 90, Alberto Fujimori, quien derrotó en segunda vuelta al escritor Mario Vargas Llosa.

Fujimori disolvió el Congreso en 1992 y asumió poderes extraordinarios para formar otro Congreso y aprobar una nueva Constitución en 1993. Su mayor triunfo fue la captura de Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso, aunque, en 1995, el país se vio envuelto en un conflicto bélico con Ecuador en la cordillera del Cóndor. En las elecciones de ese año, Fujimori fue reelecto. En su segundo mandato, el terrorismo adquirió de nuevo papel protagonista con una espectacular acción armada del grupo Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), que tomó la Embajada de Japón en diciembre de 1996. En abril de 1997 el episodio concluyó con el asalto del Ejército y la Policía y la muerte de todos los guerrilleros, que retenían a más de ochenta rehenes. En 2000 se celebraron nuevos comicios que volvieron a dar el triunfo a Alberto Fujimori. Pero las acusaciones de corrupción, las irregularidades y los sobornos en círculos próximos al poder, centrados en la figura del consejero presidencial Vladimiro Montesinos, dieron como resultado una insurrección cívico-militar que llevó interinamente a la presidencia a Valentín Paniagua. Fujimori, que se encontraba de viaje por el este de Asia, se refugió en Japón, donde hizo pública su renuncia a la presidencia.

Tras un periodo de transición, en abril de 2001 se celebraron comicios que dieron la victoria a Alejandro Toledo. Éste promovió una economía de carácter liberal que comenzó una línea de lenta recuperación económica. Por su parte, Fujimori se mantuvo en el exilio japonés hasta 2005, año en el que intentó regresar al país, pero fue detenido en Chile en una escala del viaje. Los comicios de 2006 tuvieron en primera instancia como protagonista al militar retirado de tendencia nacionalista Ollanta Humala, quien triunfó en la primera vuelta, aunque sin mayoría. En la segunda vuelta fue derrotado por Alan García, que volvió a ocupar la presidencia del país.

En el contexto económico, el Gobierno de García aplicó una línea política continuista con los Ejecutivos anteriores. Se concentró en la contención de la inflación, el impulso a las exportaciones y el refuerzo de las reservas financieras. Estos planes se verían en parte obstaculizados por la grave crisis financiera y económica surgida a escala mundial desde finales de 2008.

En política exterior, el Ejecutivo peruano fomentó las relaciones bilaterales con otros países de la región latinoamericana. El primer viaje oficial de Alan García como presidente en su nuevo mandato tuvo Brasil como destino. Posteriormente visitó Chile y los Estados Unidos, en una demostración de las prioridades diplomáticas del país peruano.

La política interna de Perú se vio condicionada desde septiembre de 2007 por la extradición a territorio peruano del ex presidente Alberto Fujimori, acusado de delitos de corrupción y atentado contra los derechos humanos. Fujimori fue sentenciado en abril de 2009 a 25 años de prisión como autor mediato de la comisión de delitos de secuestro y asesinato de estudiantes de La Cantuta y el caso Barrios Altos. Esta sentencia se sumaba a otras recibidas por abuso de autoridad, peculado doloso y apropiación de fondos.

En octubre de 2008 tuvo lugar una crisis de gobierno, cuando varios miembros del partido gobernante, APRA, se vieron implicados en un caso de corrupción relacionado con la concesión de explotaciones petrolíferas. Yehude Simón, gobernador regional de ideología izquierdista, fue designado nuevo primer ministro. Simón sería relevado en el cargo por Javier Velásquez Quesquén en julio de 2009. En esta fase de gobierno se produjo un agravamiento de las tensiones fronterizas con Chile, después de que fuerzas de este país realizaran maniobras militares cerca del límite de los territorios que ambos países tenían en disputa.

Siglo XXI

Con el vencimiento del mandato constitucional del presidente Alan García se iniciaron las campañas políticas de los candidatos con mayores posibilidades de éxito. En tal sentido se destacaban la senadora Keiko Fujimori, hija del ex presidente Alberto Fujimori, detenido por delitos de lesa humanidad, por la formación Fuerza 2011; el militar retirado Ollanta Humala, por el partido nacionalista Perú Posible; y el economista liberal Pedro Pablo Kiczynski. Cada uno de ellos representaba a las distintas facetas de una sociedad con diversas reivindicaciones, con independencia del sobresaliente desarrollo económico logrado durante el mandato de la administración de Alan García. No en vano, la economía peruana había experimentado un crecimiento medio del 6,4 % del PIB desde 2002, en un marco caracterizado por la contención de la inflación y las tasas de cambio estables, con ligera tendencia al alza.

El 10 de mayo del 2011 se celebró la primera vuelta de las elecciones presidenciales, en las cuales ninguno de los candidatos alcanzó el umbral mínimo requerido para asumir directamente la presidencia. De acuerdo con la ley, se convocó una segunda vuelta electoral a la que accedieron los dos candidatos más votados, Humala y Keiko Fujimori, quienes buscaron diversas alianzas y acuerdos entre los distintos partidos políticos. Con el apoyo de Intelectuales del Perú, entre ellos, el prestigioso escritor Mario Vargas Llosa y el apoyo del partido País Posible del ex presidente Alejandro Toledo, Ollanta Humala se impuso por un estrecho margen a Keiko Fujimori, del 51,4 % de los votos frente al 48,5 %.

Humala asumió la presidencia el 28 de julio del 2011 para cumplir un mandato de cinco años. La conformación de su primer gabinete confirmó que el nuevo mandatario iniciaba una política de identidad propia pero, en cierto modo, continuista, alejada de los temores de un posible acercamiento a la alianza bolivariana personificada en el presidente venezolano Hugo Chávez. La respuesta de los actores económicos a su orientación política fue positiva.

El primer año del gobierno de Humala se caracterizó por la continuidad de las políticas económicas exitosas de la gestión del Ejecutivo anterior, aunque con mayor atención hacia los sectores más desposeídos, tal como se había comprometido durante su campaña electoral. Durante su gestión en este periodo, Humala se vio no obstante obligado a modificar dos veces la composición de su Gobierno.

Los primeros años de la presidencia de Humala no estuvieron exentos de algunas dificultades. Aunque los parámetros macroeconómicos mantuvieron valores positivos, la dependencia de las exportaciones de metales y minerales y la importación de alimentos provocaron ciertas fluctuaciones en los precios que se reflejaron en el sentir de la sociedad peruana. El retraso en la construcción de infraestructuras seguía afectando a amplias zonas del interior del país, y en el mismo persistían notables bolsas de pobreza, aun con la aplicación de programas gubernamentales ideados para reducir las diferencias sociales. Las reformas prometidas por Humala en su campaña electoral tardaban en materializarse, lo cual provocó un cierto descontento social.

Estallaron tensiones en el norte del país con motivo del proyecto minero de Conga, que según los pobladores de la región afectaría a los suministros de agua y contaminaría el medio ambiente. La virulencia de las protestas contra dicho proyecto llevó al Gobierno a declarar el estado de emergencia en la zona entre julio y septiembre de 2012. Por otra parte, también en 2012, el ex dirigente de la organización insurgente Sendero Luminoso, Florindo Flores, conocido como camarada Artemio, fue capturado, procesado y condenado finalmente a cadena perpetua.

A lo largo de su mandato, Ollanta Humala sufrió una progresiva pérdida de popularidad y apoyo social. No contribuyó a ello la inestabilidad en la jefatura de gobierno, que hasta julio de 2014 fue ocupada sucesivamente por Salomón Lerner, Óscar Valdés, Juan Jiménez Mayor, César Villanueva y René Cornejo. Villanueva dimitió después de ser sometido a una investigación por supuesto trato de favor a una empresa asociada a su gestión. Fue relevado como primer ministro por Ana Jara Velászquez, quien permaneció en el cargo menos de un año. Después de perder una moción de confianza en el Congreso, Jara fue sustituida por Pedro Cateriano, anterior ministro de Defensa. Cateriano se convertía así en el séptimo jefe de gobierno durante el mandato de Humala. El deterioro en la confianza en la gestión del presidente se hizo notorio en julio de este año cuando la formación política progubernamental perdió la presidencia de la Cámara, que pasó a ser ocupada por Luis Iberico Núñez, un destacado miembro de la oposición.

La economía peruana se mantuvo en estos años como una de las más pujantes de la región latinoamericana. Sin embargo, la bajada de los precios de materias primas como los minerales y los metales, de los que Perú era un importante importador, llevó a un cierto debilitamiento de las perspectivas nacionales de desarrollo a corto plazo. Como resultado, durante 2015 la inversión en el sector minero experimentó un importante retroceso, compensado por el mantenimiento de una intensa actividad en construcción de infraestructuras.

En febrero de 2016, Perú firmó junto con otros once países el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica para la liberalización comercial en una región que, en conjunto, sumaba el 40% del producto interior bruto (PIB) mundial. Además de otras dos naciones latinoamericanas (México y Chile), rubricaron el tratado algunas de las grandes potencias comerciales del planeta, como los Estados Unidos, Japón, Canadá y Australia. El Estado peruano rubricó también acuerdos preferentes de comercio con la Unión Europea, China y la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC).

En las elecciones presidenciales de 2016 se produjo una igualada disputa entre los dos principales candidatos: Pedro Kuczynski, representante del movimiento Peruanos por el Kambio (PPK), y Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, hija del ex presidente Alberto Fujimori y que ya había concurrido sin éxito como candidata a los comicios de 2011. Ambos lograron acceder a la segunda ronda electoral, Fujimori con una holgada diferencia y Kuczynski de forma más ajustada. No obstante, en la segunda vuelta de los comicios fue el segundo quien se impuso, con un margen muy estrecho, del 50,12 % de los votos frente al 49,88 % de su rival. Kuczynski fue investido presidente de Perú el 28 de julio de 2016.

En el ámbito económico, la sucesión de graves inundaciones en el mes de marzo de 2017, relacionadas con un episodio especialmente virulento del fenómeno de El Niño, provocó más de un centenar de muertos en Perú y lastró gravemente las perspectivas de crecimiento económico del país a escala nacional en los meses siguientes. Las avenidas de agua destruyeron unos 200 puentes y más de 2.000 kilómetros de autovías. El incremento del gasto público ordenado por el Gobierno de Kuczynski pretendía suavizar la magnitud del problema y promover esfuerzos de recuperación. La reconstrucción de las zonas afectadas, que ocasionó el desplazamiento de varias decenas de miles de personas afectadas, tendría según los cálculos un coste aproximado de 9.000 millones de dólares.

A lo largo de 2017, la vida política peruana se vio sacudida por varios escándalos relacionados con la constructora brasileña Odebrecht que afectaron directamente a los últimos máximos mandatarios de la nación peruana. Con el avance de las pesquisas sobre las actividades ilícitas de esta empresa, los investigadores descubrieron que había aportado fondos para la financiación irregular de las campañas electorales peruanas y, presuntamente, para el enriquecimiento ilícito de altos gobernantes y empresarios influyentes de la región latinoamericana en su conjunto. Uno de los afectados por estos escándalos fue el ex presidente Ollanta Humala, junto con su entorno más próximo. Las investigaciones sobre corrupción ligadas a Odebrecht en Brasil tuvieron como una de sus derivaciones la acusación contra Humala por parte de uno de los directivos de esta empresa por haber recibido fondos en la campaña que lo llevó a la presidencia, en 2011, al frente del Partido Nacionalista. Supuestamente, el Grupo Odebrecht había enviado al entonces candidato tres millones de dólares. Esta investigación llevó a la fiscalía peruana a imputar al ex mandatario la comisión de un delito por el cual fue recluido preventivamente en la prisión de Barbadillo por orden de un juzgado de Lima. En agosto de 2017, la Segunda Sala de Apelaciones peruana confirmó la condena de hasta 18 meses de prisión preventiva, que se extendió igualmente a la esposa del político, Nadine Heredia.

Otro antiguo jefe del Estado peruano, Alejandro Toledo, fue acusado de haber recibido 20 millones de dólares de la constructora brasileña para promover la licitación a favor de la misma de la Carretera Interoceánica Sur entre Perú y Brasil. Los jueces peruanos sentenciaron a Toledo a 18 meses de prisión preventiva y, ante su incomparecencia, cursaron una orden internacional de búsqueda y captura contra él. También se vio envuelto en este entramado otro ex presidente peruano, Alan García, dirigente aprista cuya formación presuntamente habría recibido fondos de Odebrecht para financiar su campaña electoral a la presidencia en 2006.

La situación se complicó aún más cuando se hizo público que tanto el presidente en ejercicio, Kuczynski, como la principal dirigente opositora, Keiko Fujimori, estaban igualmente involucrados en el “caso Odebrecht”. Según los informes policiales, la constructora brasileña entregó a empresas del político y empresario sumas por valor de 4,1 millones de dólares entre 2004 y 2012 para favorecer sus intereses. Kuczyinki se defendió alegando que en ese tiempo se había desvinculado de la administración directa de sus conglomerados empresariales para dedicarse plenamente a la política. No obstante, el Congreso peruano, a instancias de las fuerzas políticas opositoras encabezadas, paradójicamente dada su también presunta implicación, por Keiko Fujimori presentó una solicitud de vacancia del mandatario por “permanente incapacidad moral”. La sesión al efecto en el Parlamento se celebró el 21 de diciembre de 2017 y arrojó un resultado muy ajustado. El presidente superó el intento de destitución por una diferencia de solo ocho votos. Además de sus correligionarios políticos, no avalaron la vacancia algunos miembros de la izquierda parlamentaria y varios diputados del partido fujimorista Fuerza Popular que se desligaron de la propuesta de su líder y optaron por abstenerse.

La máxima dirigente de este partido, Keiko Fujimori, se encontró con la oposición para lograr la vacancia de Kuczynski de un grupo de su propia formación encabezado por su hermano menor Kenji Fujimori. De forma paralela, este había mantenido negociaciones con el presidente Kuczinsky para obtener la concesión del indulto para su padre, Alberto Fujimori, ex presidente del Perú y condenado en 2007 a 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad y de corrupción. Según los analistas políticos, en sintonía con el pacto no confesado con el menor de los Fujimori, Kuczynski firmó el indulto solicitado, por razones humanitarias, unos días después de su fracasada destitución. Alberto Fujimori, a la sazón de 79 años, difundió un mensaje en vídeo desde un hospital a la ciudadanía peruana en el que pedía perdón por haber “defraudado” a sus compatriotas, agradecía el gesto al presidente peruano y animaba a “pasar página” de la historia de su mandato.

El decreto de amnistía originó una profunda división en la sociedad de Perú. Se sucedieron las manifestaciones contrarias al indulto, al tiempo que en el Gobierno tuvieron lugar disensos y varias dimisiones. Una de las renuncias más destacadas fue la del ministro de cultura Salvador del Solar, actor y director de cine y considerado uno de los más estrechos colaboradores del presidente en ejercicio. En los últimos días del año 2017, las protestas populares contra la amnistía de Alberto Fujimori fueron duramente reprimidas por las fuerzas de orden público.

La sucesión de alegaciones de corrupción en la política peruana alcanzó finalmente al presidente Kuczynski, quien se vio forzado a presentar su renuncia al cargo en marzo de 2018. Días después, el vicepresidente Martín Vizcarra pasó a ser investido como nuevo jefe del Estado. También fue imputada por su presunta relación con el “caso Odebrecht” la destacada dirigente opositora Keiko Fujimori, quien entró en prisión preventiva en octubre de 2018. Trece meses más tarde, Keiko Fujimori fue puesta en libertad por orden del Tribunal Constitucional, cuatro de cuyos magistrados emitieron un voto favorable al fallo de anulación de la prisión preventiva frente a tres contrarios. Precisamente, desde su investidura en marzo de 2018, el presidente Vizcarra había mantenido un tenso enfrentamiento con el Congreso, dominado por el partido fujimorista Fuerza Popular, hasta el punto de que la actividad legislativa peruana quedó sumida en un proceso de cierta parálisis.

Sociedad y cultura

Literatura

La primera imprenta en América del Sur se instaló en Lima a finales del siglo XVI y desde entonces la actividad literaria contó con amplia implantación y difusión en el virreinato. Entre las figuras destacadas de las letras virreinales cabe citar a Felipe Guamán Poma de Ayala, de origen inca y autor de Nueva crónica y buen gobierno, obra en la que se relataba la vida andina por medio de numerosos dibujos; y sobre todo, al Inca Garcilaso de la Vega, mestizo de español y princesa inca, y autor de Comentarios reales, obra en la que retrata la época incaica. Posteriormente, en el siglo XVII, sobresalió Juan de Espinosa Medrano, escritor de autos sacramentales en castellano y quechua. En la segunda mitad del XIX, la novela costumbrista tuvo como principal referente a Ricardo Palma (Tradiciones peruanas). Ya en el siglo XX, la narrativa indigenista tuvo como exponentes a Ciro Alegría (El mundo es ancho y ajeno) y a José María Arguedas (Los ríos profundos). En la segunda mitad de la centuria surgió una generación de escritores que alcanzaron notable renombre internacional, como Mario Vargas Llosa (Premio Nobel de Literatura en 2010), autor de una vasta obra con títulos como La ciudad y los perros, Conversación en la catedral, Pantaleón y las visitadoras o La fiesta del Chivo; Julio Ramón Ribeyro, en cuya producción destacan La palabra del mudo y Cambio de guardia; o Alfredo Bryce Echenique, autor de Un mundo para Julius y El huerto de mi amada, entre otras. En las generaciones posteriores de literatos peruanos sobresalen nombres como los de Jorge Eduardo Benavides, Jaime Bayly, Jorge Eslava, Mirko Lawer o Santiago Roncagliolo.

En el campo de la poesía fue Manuel González Prada quien otorgó entidad a la lírica peruana desde premisas modernistas, que tendrían continuación en la inspiración de José Santos Chocano. El simbolismo tuvo su más notable representante en José María Eguren, gran renovador del lenguaje. Posteriormente, desarrollaría su creación César Vallejo, cuya obra es considerada como una de las cumbres líricas de la literatura hispanoamericana, con obras como Los heraldos negros y Trilce. Entre las generaciones posteriores de poetas cabe citar a Javier Sologuren, Reynaldo Naranjo, César Calvo y José Watanabe, entre otros.

Artes plásticas

Perú posee un riquísimo patrimonio artístico, que se remonta en sus orígenes a las numerosas manifestaciones arquitectónicas, escultóricas y artesanales propias de las culturas precolombinas.

De la cultura chavín destacan, por ejemplo, estelas de piedra talladas en relieve que representan animales y seres humanos con atributos felinos y aspecto feroz, y de la de Paracas han perdurado muestras de su alfarería y de los tejidos y bordados que trabajaron con gran pericia. La cultura mochica también sobresale por su producción alfarera, con botellas de cuerpo globular y vasos antropomorfos, y por sus trabajos en metal y madera, y de la de Nazca se preservan cerámicas de tipo polícromo y tejidos, aunque son especialmente notables sus gigantescos y enigmáticos diseños trazados sobre el suelo en los valles de Nazca y Palpa.

La cultura de Nazca dominó la costa sur peruana durante el Periodo Intermedio Temprano. En la foto, unas de las gigantescas líneas trazadas en el desierto, solo visibles desde el aire.

Todas estas civilizaciones preincaicas influyeron en mayor o menor medida en la expresión artística de los incas, en la que cabe reseñar conjuntos artísticos como las ruinas de Machu Picchu, descubiertas al noroeste de Cusco, en 1911, así como los restos incaicos de la capital inca, como el templo de Coricancha, y de su entorno, en el llamado Valle Sagrado, con la fortaleza de Sacsahuamán. Los incas alcanzaron también notable destreza en el trabajo de oro y la plata y en la elaboración de ornamentos con plumas.

Durante la época colonial, Lima como capital y el virreinato como extensión vivieron una etapa de gran producción artística de la que son testimonio la gran cantidad de edificios que se conservan. El estilo renacentista tiene uno de sus principales focos en Ayacucho, antiguamente llamada Huamanga, con la iglesia de San Francisco, que combina motivos platerescos en la decoración.

Por su parte, el estilo barroco está presente en el convento de San Francisco de Lima, y en Cusco en la catedral, la iglesia de la Compañía de Jesús y el claustro de la Merced. La ciudad de Arequipa conserva bellos edificios de finales del siglo XVII, como la iglesia de la Compañía. Del siglo XVIII sobresalen en Lima la fachada de la Merced, el convento de Santa Rosa de las Monjas y el palacio del marqués de Torre Tagle. También son importantes el convento de San Francisco y la iglesia de San Antonio de Padua en Cajamarca. También Cusco se embelleció con numerosos edificios, como las iglesias del Triunfo y Santa Rosa.

Imagen de la fachada principal de la Catedral de Cusco, consagrada a la Virgen de la Asunción.

La escultura tuvo un gran protagonismo en la época colonial. Las órdenes religiosas establecieron escuelas y talleres para enseñar este arte a los indígenas. Del siglo XVII cabe destacar el retablo de San Juan en la iglesia de Concepción, la sillería del coro de la catedral y el coro del convento de San Agustín, todas ellos en Lima.

Más modernas expresiones escultóricas peruanas, como también las pictóricas, se gestaron en torno a la fundación, en 1918, de la Escuela de Bellas Artes de Lima. Entre las figuras destacadas de la moderna escultura peruana cabe citar a David Lozano Lobatón, Artemio Ocaña, Miguel Baca Rossi y, más recientemente, Joaquín Roca Rey o Raúl Franco.

Por cuanto respecta a las manifestaciones pictóricas, merece especial mención la denominada escuela de Cusco, que, entre los siglos XVII y XVIII, desarrolló los presupuestos artísticos clásicos del Barroco sobre la base de criterios autóctonos, con frecuentes evocaciones de la tradición precolombina. Entre sus principales exponentes cabe citar a Diego Quispe Tito, de origen indio y creador de una importante serie de imágenes sobre la vida de San Juan Bautista, Basilio de Santa Cruz, autor de la decoración del transepto de la catedral de Cusco, y Juan Espinosa de los Monteros.

Tras un periodo de seguimiento de las pautas academicistas durante el siglo XIX, a partir del XX surgieron diversas corrientes pictóricas con figuras destacadas como los indigenistas Teodoro Núñez Ureta, Julia Codesido y José Sabogal, los abstractos Fernando de Szyslo o Venancio Shinki, y los seguidores de otras tendencias como Carlos Baca Flor, Juan Manuel Ugarte Elespuru, Alberto Dávila o Alejandro Nolasco Carrión.

Patrimonio cultural

Las actividades culturales en el Perú quedan reguladas por el Instituto Nacional de Cultura. Entre los museos más notables merecen mención el Museo nacional de Arte, el Museo de Antropología y Arqueología y el Museo del Oro, los tres en Lima.

La riqueza del patrimonio cultural peruano se ve reflejada en los numerosos entornos que forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Entre los que rememoran las raíces precolombinas pueden citarse el santuario histórico de Machu Picchu, los sitios arqueológicos de Chanchán y Chavín de Huántar o los glifos gigantes de Nazca; mientras que entre los que evocan el pasado colonial y la integración de las culturas indígenas se cuentan los centros históricos de Lima, Cusco o Arequipa.

Vista aérea del santuario inca del Machu-Picchu, que impresiona por su complejidad y por la perfección técnica de sus construcciones. Es una de las nuevas siete maravillas del mundo y Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO.

Artes escénicas y música

Las artes escénicas contaron con notable aceptación en el Perú desde la época colonial. En la creación dramática de la época sobresalieron autores como Juan del Valle y Caviedes y Pedro Peralta Barnuevo (La Rodoguna), a los que sucedieron otros relevantes durante el periodo romántico, como Felipe Pardo Aliaga, seguidor de las corrientes europeas neoclásicas, y Manuel Ascensio Segura que introdujo en el teatro peruano el elemento indígena, con un lenguaje pródigo en peruanismos y temática local (Ña Catita).

El moderno teatro peruano tuvo un referente esencial en la creación en 1940 de la Escuela Nacional de Artes Escénicas. Personalidad relevante de la moderna dramaturgia del país fue Emilio Salazar Bondy (El fabricante de deuda, Rabdomante), creador del Club del Teatro de Lima.

Por lo referente a la música, las culturas indígena, española y africana dejaron sus huellas en las expresiones musicales peruanas, que cuentan con muchos y variados ritmos. Cabe citar por ejemplo el vals peruano o vals criollo, con ejemplos de renombre universal, como La flor de la canela, la muliza, propia de la región de Cusco, y otras danzas y cantares populares como el yaraví, la zamacueca o marinera limeña, y la huayla.

La música denominada culta gira en el Perú en torno al Conservatorio Nacional de Música y a la actividad de la Orquesta Sinfónica Nacional. Entre los compositores relevantes cabe mencionar a José María Valle-Riestra, autor de la primera ópera de autoría peruana, Ollanta, Vicente Stea, autor de una sinfonía autóctona, Daniel Alomía, creador de la zarzuela Alcedo, de la que forma parte la célebre melodía El cóndor pasa, Carlos Sánchez Málaga y Luis Duncker Lavalle.

El bel canto peruano ha contado y cuenta con figuras de primera magnitud como los tenores Luis Alva, Ernesto Palacio y, más recientemente, Juan Diego Flórez.

Cinematografía

El primer filme peruano de ficción, Negocio al agua, data de 1913. No obstante, la industria cinematográfica peruana experimentó un escaso desarrollo. Cabe mencionar por su labor promocional en las décadas de 1940 y 1950 las productoras Amauta Films y Filmadora Peruana, que realizó películas coproducidas con México para aprovechar la popularidad y la adecuada distribución del cine de ese país. La promulgación de la Ley de Fomento a la Industria Cinematográfica de 1972, que establecía medidas como la exhibición obligatoria y la retribución porcentual, favoreció la producción de cortometrajes y largometrajes y dio cierto impulso al desarrollo del séptimo arte en el Perú.

Entre las figuras relevantes del cine del país cabe citar a Francisco Lombardi, autor de Muerte al amanecer, La ciudad y los perros y No se lo digas a nadie, Alberto Durant (Doble Juego), Nilo Pereira (Ni con Dios ni con el diablo), Luis Llosa (La muerte del chivo, adaptación cinematográfica de la novela de su primo el escritor Mario Vargas Llosa), Marianne Eyde (Mama coca), Aldo Salvini o Fabrizio Aguilar.

Deportes y ocio

El deporte más popular en el Perú es el fútbol. La selección peruana ha participado en cuatro ediciones de la Copa del Mundo y ha alcanzado en dos ocasiones el triunfo en la Copa América, en 1939 y en 1975. Otras disciplinas en las que el deporte peruano ha cosechado éxitos son el voleibol, cuya selección femenina logró la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988, el tiro, que también ha reportado al país varias preseas olímpicas, y el tenis, disciplina en la que sobresalió la figura del peruano nacionalizado estadounidense Alex Olmedo, uno de los mejores jugadores del mundo en la década de 1950.

Gran aceptación popular tienen las numerosas celebraciones de índole tanto religiosa como secular. A reseñar por su singularidad el Inti Raymi, o Fiesta del Sol, que se celebra en la fortaleza de Sacsahuamán y que evoca cultos y ritos propios de la época incaica. Es notable también la implantación de la tauromaquia, que cuenta en la Plaza de Acho de Lima con uno de los más renombrados centros taurinos del continente americano.