Amsterdam

Vista de uno de los canales de Amsterdam (Holanda)

Situada a orillas del río Amstel, Amsterdam es una ciudad de una gran personalidad, dominada por el color de las flores que adornan sus calles, las fachadas de sus pintorescos edificios y las cubiertas de los barcos-casa amarrados en los canales que tejen una espesa red a través de la ciudad. Un lugar donde el buen vivir y la tolerancia han sido durante las últimas décadas las principales señas de identidad de esta ciudad de los Países Bajos.

Amsterdam se sitúa al oeste del país, junto al cauce del río Amstel, en una amplia llanura pantanosa sin accidentes geográficos apreciables situada al nivel del mar. En realidad está compuesta por decenas de médanos atravesados por canales y unidos por puentes.

El actual centro urbano es el emplazamiento original de la ciudad, donde se levanta la antigua iglesia de Oudekerk. A partir de aquí, la ciudad creció en círculos concéntricos, al tiempo que se construían diferentes canales que conforman una especie de tela de araña. El origen de Amsterdam se remonta al siglo XIV, cuando se inició la construcción de los diferentes sistemas de contención y drenaje del agua. Antiguamente, el límite norte de la población estaba marcado por el Ij, un brazo del golfo de Ijsselmeer, una barrera natural que, en la actualidad, ha sido totalmente urbanizada.

Administrativamente, Amsterdam es la capital legislativa de los Países Bajos y acoge delegaciones de las oficinas del gobierno, que reside en La Haya.

Amsterdam tiene una población de 740.000 personas. No obstante, la cifra supera el millón y medio de habitantes si se suman los que viven en los barrios y suburbios que engloba la zona metropolitana. La mayoría de la población es holandesa, si bien en los últimos años ha aumentado considerablemente la inmigración, procedente sobre todo de Alemania, el este de Europa, el Magreb, Antillas, Turquía, Indonesia y Surinam.

Buena parte de la población se declara aconfesional. La religión más practicada es el catolicismo, seguida por protestantes, musulmanes y judíos.

El comercio, la industria, la actividad financiera y la venta de diamantes son las principales actividades económicas de la ciudad. Pero mientras la industria es un ejemplo de modernidad, el resto de sectores tiene una larga tradición. Además de editoriales, metalurgias, siderurgias y astilleros, las fábricas producen compuestos químicos y farmacéuticos, artículos textiles, componentes electrónicos y alimentos preparados.

El importante comercio de Amsterdam se remonta al siglo XVII, cuando la ciudad se convirtió en el principal puerto de mercadeo con las colonias holandesas. El tráfico comercial con las colonias fue regulado por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, a la cual se unió el Banco de Cambio de Amsterdam que dio origen a la actividad financiera, pues se encargó de regular y centralizar las diferentes operaciones relacionadas con las colonias. En la actualidad, el puerto mantiene una gran actividad, aunque ha sido desplazado de su emplazamiento original y modernizado para admitir barcos de gran tonelaje. También de la misma época proviene el tallado y venta de diamantes, consecuencia del establecimiento en la ciudad de judíos portugueses y conversos españoles que, huyendo de ambos países, fueron aceptados en una urbe luterana donde mantuvieron sus oficios. Aunque la Segunda Guerra Mundial conllevó la persecución y deportación de muchas familias, los supervivientes regresaron a la ciudad tras el fin del conflicto bélico y reiniciaron sus actividades.

Uno de los sectores económicos que más ha crecido en los últimos años ha sido el turismo. La singular imagen de Amsterdam y sus numerosos atractivos la han convertido en el destino preferido por miles de visitantes extranjeros.

Todo ello favorecido por las buenas comunicaciones que posee la ciudad, tanto por carretera como por ferrocarril con las principales ciudades de los Países Bajos y con otras ciudades europeas. También cuenta con el servicio del aeropuerto de Schiphol, donde tiene su sede la línea aérea nacional de los Países Bajos, la KLM, y que está comunicado por tren y autobús con la ciudad.

Historia

Aunque se han hallado restos romanos, el origen de Amsterdam se remonta a los últimos años del siglo XII, época en la que se estableció un poblado de forma permanente junto al río Amstel, probablemente dedicado a la pesca, dada la privilegiada situación del lugar y la construcción de un dique. Un siglo más tarde, la población había incrementado su tamaño y el número de sus habitantes hasta el punto de que obtuvo de los señores de Amstel permiso para comerciar libremente. A principios del siglo XIV, Guy van Henegouwen, obispo de Utrecht, le concedió derechos de ciudad, iniciándose su desarrollo como destacado centro comercial. El puerto de Amsterdam, unido a la Liga Hanseática, se convirtió en escala obligada en las rutas marítimas del mar del Norte y mercado de diferentes productos (pimienta, seda, especias, materias primas) procedentes de España, Portugal, Francia e Inglaterra.

Con la proclamación de Carlos V como emperador de Alemania, los Países Bajos y Flandes quedaron bajo gobierno de la corona española, comenzando diversos conflictos por la independencia. Unas luchas que se vieron agravadas por el contenido religioso, dado que estos territorios fueron especialmente permeables al protestantismo. Felipe II, hijo de Carlos V, envió grandes ejércitos para someter los territorios. El saqueo de Amberes benefició a Amsterdam como ciudad comercial, que continuó con su crecimiento. Además, en el siglo XVI, se inició el establecimiento de nuevas rutas comerciales con puertos africanos e y de Oriente.

En el siglo XVII, Amsterdam fue el centro de un poderoso imperio mercantil apoyado en la independencia de los españoles (lograda en 1609), la formación de un imperio colonial y la creación de un completo sistema financiero y de crédito compuesto por bancos, casas de bolsa y compañías específicamente dedicadas al comercio con ultramar (las compañías de las Indias Orientales y de las Indias Occidentales y las del Norte y de Levante). La “ética protestante” de sus ciudadanos, donde el trabajo, el ahorro y la vida sencilla son la base de la salvación eterna, permitió el crecimiento económico y demográfico de la ciudad.

El siglo XVIII marcó cierta decadencia en la población, en parte motivada por la competencia de las casas de comercio británicas y en parte por las invasiones francesa y prusiana de finales de siglo. Napoleón Bonaparte convirtió Amsterdam en la capital del reino de Holanda y la dejó en manos de su hermano Luis. La derrota del imperio francés hizo de la ciudad capital del reino independiente de los Países Bajos, gobernada por los monarcas de la casa de Orange (1813), que impulsaron tanto la recuperación económica como su industrialización.

Amsterdam sufrió las consecuencias de Primera Guerra Mundial, aunque protegida por su condición neutral. En 1928, fue sede de los Juegos Olímpicos. En 1940 las tropas alemanas ocuparon la ciudad y deportaron a más de diez mil judíos. En la década de 1960 se produjeron graves disturbios como consecuencia de la política de vivienda y transportes. A partir de la década de los setenta la ciudad entró en una época de paulatina recuperación económica.

Cultura, ocio y servicios

Los comedores de patatas de Van Gogh. Amsterdam destaca por sus innumerables museos.

Como gran ciudad, Amsterdam cuenta con numerosos centros culturales y educativos. Entre los primeros, destacan la Universidad de Amsterdam y la Universidad Libre Protestante, además de la Academia de Arte Moderno, el Conservatorio Superior de Música, el centro de estudios económicos y el instituto de la historia social.

Amsterdam dispone de más de treinta museos. Entre ellos, sobresalen el Rijksmuseum, la pinacoteca más importante del país; el Museo Van Gogh, la casa-museo de Rembrandt y el Stedelijk Museum, dedicado al arte del siglo XX. A ellos, se suman los museos históricos, destacando la casa-museo de Ana Frank, el Museo Histórico, el Museo Municipal, el Museo Arqueológico Allard Pierson y el Museo de la Marina. Otros espacios interesantes son el museo de la marihuana y los dedicados al erotismo, a las tecnologías y a las regiones tropicales. La ciudad cuenta con un jardín botánico, un parque zoológico, buen número de teatros y salas de música (entre ellos, el Teatro Nacional de Danza, el Teatro Real y el Conservatorio de Música) y la sede de la ópera y el ballet nacionales (Muziektheater).

El mismo casco urbano de Amsterdam bien merece una visita. Formado por edificios de cuatro o cinco pisos que conforman calles estrechas que se alternan con canales y puentes, el núcleo histórico de la ciudad alberga abundantes puntos de interés. Entre las construcciones religiosas destacan la iglesia vieja (siglo XIV) y la iglesia nueva (siglo XV), ambas de estilo gótico. De los edificios civiles, aparte de los muchos edificios históricos que alojan museos, debe señalarse el Palacio Real, del siglo XVII, y el edificio de la Bolsa. No menos interesante es el Gran Dique, levantado en la segunda mitad del siglo XX y cuya longitud supera los 32 kilómetros. Mención especial merece la línea defensiva de la ciudad, erigida entre 1883 y 1920 y considerada como Patrimonio de la Humanidad.

Uno de los lugares más visitados de Amsterdam es el conocido como Barrio Rojo. Situado en el casco antiguo de la ciudad, concentra la mayor parte de los locales dedicados al negocio del sexo y la prostitución. Esta actividad es practicada de forma legal por mujeres de diferentes nacionalidades que pagan sus impuestos y cuentan con seguridad social. Repartidos por toda la ciudad están los cofee shops, en donde los mayores de 18 años pueden adquirir y consumir legalmente hasta cinco gramos de drogas blandas de origen vegetal.

La ciudad cuenta con buen número de servicios que cubren todas las necesidades (bancos, oficinas de correos, hospitales...).

En cuanto al transporte urbano, Amsterdam, además de contar con autobuses, metro y tranvías, tiene uno de sus rasgos más distintivos en el uso de la bicicleta, cuyo tráfico supera con creces al de los vehículos a motor. Los canales también son recorridos por multitud de pequeñas embarcaciones, tanto de servicio público como privadas.