Asia

Asia

El continente asiático se extiende desde el océano Glacial Ártico, en el norte, hasta el océano Índico, en el sur; y entre los montes Urales, en el oeste, y el océano Pacífico en el este. Constituye junto con Europa la gran masa de tierra conocida como Eurasia. Su nombre le fue atribuido por los antiguos griegos para denominar las tierras situadas al este de su país; se cree que proviene de la palabra asiria asu, “este”.

Medio físico

La superficie de Asia es de 31.880.824 kilómetros cuadrados, lo que equivale a las tres quintas partes de las tierras emergidas. En el extremo norte del continente, que se extiende entre el estrecho de Bering y la isla de Nueva Zembla, se encuentran las penínsulas de Chukots, Taimir, Guida y Yamal. Los entrantes en la costa ártica acogen los mares de Siberia Oriental, Láptiev y Kara. La costa oriental del continente se encuentra bañada a su vez por una serie de mares, comunicados en este caso con el océano Pacífico: el de Bering, el de Ojotsk, el de Japón, el Amarillo, el de China Oriental y el de China Meridional. También en la costa oriental hay que señalar las penínsulas de Kamchatka, Corea e Indochina. Mares situados en la costa sur del continente son el de Andamán, el golfo de Bengala y el mar Arábigo. Las principales penínsulas del sur de Asia son: Malaca, Indostán y Arabia. La conexión con el continente africano se efectúa a través del istmo de Suez, hoy en día interrumpido por un canal artificial navegable. La frontera con Europa abarca la costa mediterránea turca, los estrechos de los Dardanelos y el Bósforo, los mares Negro y de Azov, el río Kuma, la orilla norte del mar Caspio y las laderas orientales de los montes Urales. Las islas que forman parte del continente asiático son muy numerosas, entre ellas se encuentran: Nueva Siberia, y Nueva Zembla, en el océano Glacial Ártico; las de Sajalín, Kuriles, el archipiélago del Japón, Taiwán, las Filipinas, las Célebes, las Molucas, Borneo, Java, Sumatra, Bali, Flores y las demás islas pertenecientes al archipiélago de Insulindia, en el océano Pacífico; y las de Andamán, Nicobar, Sri Lanka, Maldivas y Laquedivas, en el Índico.

Son varias las divisiones que se aplican a Asia. Una de las más habituales es la que separa el continente en tres partes: Oriente Próximo, que abarca Líbano, Cisjordania, la Franja de Gaza, Israel, Turquía, Jordania, Siria, Iraq y Arabia; Oriente Medio, el cual incluye Irán, Pakistán y la India; y, por último, Extremo oriente, donde se encuentran China, Corea, Japón y los llamados países del Pacífico. En tal división se considera a Rusia como parte de Europa.

Atendiendo a su orografía, se puede dividir el continente asiático en dos grandes grupos de llanuras y mesetas. Estos grupos se sitúan a los costados de la gran línea central de cordilleras que parte de Asia Menor y avanza en dirección oeste-este, para luego dividirse en dos ramas: una en dirección noreste, que llega hasta el estrecho de Bering, en el extremo noreste del continente, y otra que progresa hacia el este, formada por las cordilleras de Karakorum, Himalaya, Kunlun, Nanshan y Tsingling. Este último brazo traza a continuación un quiebro hacia sur, desciende por Indochina, y luego gira de nuevo hacia el este en Indonesia. Esta línea de montañas continúa su recorrido hacia el este bajo el océano Índico, siendo los archipiélagos de Filipinas, Japón, las Kuriles y la isla de Taiwán afloramientos de sus cumbres sobre la superficie de las aguas. Por otra parte, al oeste y noroeste del continente se alza otra línea montañosa, en dirección suroeste-noreste, formada principalmente los montes Urales. Entre estas grandes líneas montañosas se ubica una serie de mesetas y planicies. Al sur se hallan la llanura de Mesopotamia, las mesetas Arábiga y de Irán, los valles de los ríos Indo y Ganges, la meseta del Decán, situada en la India, la meseta de Korat y el valle del río Mekong, estos dos últimos en Indochina, y la meseta de Yunnan en China. Al norte del Himalaya se extiende la gran meseta del Tíbet. En la zona central del continente, se hallan, entre otras formaciones orográficas, las estepas de Kazajstán, los Kirguises y el Isim, el desierto de Gobi, las mesetas de Mongolia y las llanuras de China septentrional. Al norte del continente se hallan la llanura de Siberia Occidental, la meseta de Siberia Central y la llanura de Kolima.

Los principales ríos de Asia parten de las cordilleras. Entre los que vierten sus aguas al océano Glacial Ártico se encuentran los ríos siberianos, como el Ob, el Yeniséi, el Lena y el Kolima, los cuales permanecen helados durante gran parte del año. En las zonas este y sur del continente, donde grandes cantidades de agua son aportadas por los monzones estacionales, así como por el deshielo en las montañas, existen ríos largos y provistos de gran caudal, como el Amarillo, el Yangtsé, el Mekong, el Brahmaputra, el Ganges y el Indo. Se trata de ríos que arrastran una enorme cantidad de sedimentos que son depositados en sus orillas, en las desembocaduras (en muchos casos en forma de delta) o que, por último, van a parar al océano. En el occidente de Asia, donde se sufre una gran escasez de precipitaciones, se dan los fenómenos de arreismo, o ausencia de corrientes permanentes, y endorreismo, caso en el cual los ríos no vierten sus aguas a ningún mar u océano sino que, en este caso, lo hacen a hoyas interiores y lagos salados. Los dos ríos más destacados de esta zona son el Tigris y el Éufrates, nacidos en la meseta de Armenia y que recorren la llanura de Mesopotamia antes de desembocar en el golfo Pérsico. Por último, en el centro de Asia apenas figuran corrientes de aguas destacables. Abunda el endorreismo, o vertido de los ríos en cuencas interiores. Los ríos Amú Daria y Sir Daria concluyen sus recorridos en el mar de Aral; otras corrientes van a desembocar al mar Caspio o a los lagos Baljash y Baikal.

La enorme extensión y variedad de relieve de Asia ocasionan una gran diversidad climática. Puede señalarse como clima preponderante el continental, caracterizado por importantes oscilaciones térmicas entre las estaciones, así como entre el día y la noche, y por la escasez de precipitaciones. El dominio de este tipo de clima viene ocasionado, entre otros motivos, por la presencia de grandes barreras montañosas que impiden la llegada de los vientos oceánicos, cargados de humedad, a los territorios del interior.

De forma más específica, se diferencian cuatro regiones climáticas en el continente: Siberia, el Asia mediterránea, los desiertos y el Asia monzónica. El clima de la región siberiana se halla determinado por la influencia de vientos árticos, así como por la existencia de un importante anticiclón permanente durante el largo invierno. Se trata de un clima extremo, que, además, gana en aridez y temperaturas bajas a medida que se avanza hacia el este y el norte. Un tipo de clima muy diferente, el mediterráneo, es el dominante en la zona litoral de Asia Menor. Los rasgos principales son inviernos frescos y lluviosos y veranos calurosos. A medida que aumenta la distancia a la costa, las condiciones de aridez se vuelven cada vez más crudas, hasta dar paso al clima desértico propio de Arabia, Siria, Irán y determinadas zonas de la India. En el centro del continente el clima continental extremo se manifiesta en forma de estepas y desiertos fríos, como el de Tíbet y el Gobi. Finalmente, las regiones del sur y este de Asia se hallan sometidas al efecto periódico de los monzones. Allí, los inviernos son secos y los veranos muy lluviosos. En zonas como Sri Lanka, este clima monzónico evoluciona hasta adquirir características puramente ecuatoriales: temperaturas elevadas y abundancia de precipitaciones, las cuales se producen regularmente a lo largo de todo el año.

Población

La población de Asia abarca más de la mitad del total mundial. Tal inmensidad de habitantes, sin embargo, se encuentra distribuida de forma muy poco uniforme. La mayor parte se concentra en las grandes llanuras de China, el valle del Ganges, el delta del Mekong, Java y Japón, lugares donde se alcanzan densidades de población de 800 habitantes por kilómetro cuadrado. En otros emplazamientos, como los desiertos de Asia central, por el contrario, la densidad apenas llega a 4 habitantes por kilómetro cuadrado. La mayoría de la población reside en áreas rurales. Las principales áreas urbanas se encuentran en Oriente Próximo, la India, China y Japón. La tasa de natalidad es muy elevada, con una media de 30 nacimientos por cada 1.000 habitantes, aunque en la zona sur se alcanzan los 40 nacimientos por cada 1.000 habitantes. Este fenómeno, unido al descenso de la tasa de mortalidad, ha obligado a los gobiernos de algunos países a adoptar medidas para controlar la superpoblación.

Los grupos étnicos principales son el caucásico, el mongoloide y el negroide o melanoide, cada uno de ellos dividido a su vez en varios subgrupos. Los habitantes caucásicos, o de raza blanca, pueblan principalmente el Oriente Próximo, Irán y la India. Los habitantes mongoloides, o de raza amarilla, son dominantes en el norte y oriente del continente. Por último, los habitantes negroides se encuentran en el sur de la India, así como en determinadas áreas del sureste asiático.

Los grupos lingüísticos principales son el de las lenguas eslavas, donde se engloba el ruso; el japonés; el coreano; las lenguas semíticas, como el árabe y el hebreo; el iranio; las lenguas indoarias, las cuales incluyen el hindi, el urdu, el bengalí y el nepalés; las dravídicas, las altaicas, con el turco, el manchú y el mongol; las chino-tibetanas, con el tibetano-birmano y el chino; las malayopolinesias, entre las que se ubican el malayo, el polinesio y el japonés; las caucásicas, como el georgiano; las thai, con el thai, el siamés y el laosiano; y las austroasiáticas, como el vietnamita. Las lenguas más habladas en el continente son el mandarín, el hindi y el árabe. A causa de la colonización europea en el pasado, en gran número de países se emplean también idiomas de este continente. El inglés, por ejemplo, dispone de amplia utilización en la India, Malasia, Filipinas, Singapur, Birmania, Sri Lanka, Pakistán, Líbano, Israel y los Emiratos Árabes Unidos, entre otros lugares; mientras que el francés se utiliza en países de la península de Indochina, además de en parte de la India y en Líbano; en la isla de Chipre se habla griego además de turco.

Las tres religiones que disponen de mayor número de practicantes en Asia son el budismo, el islamismo y el hinduismo. Las siguen en importancia el confucionismo, el taoísmo, el sintoísmo, el judaísmo y el animismo.

Economía

La desigual distribución de los recursos naturales en el continente asiático es una de las causas del subdesarrollo de muchos de los países que lo integran. La mayoría de la riqueza se concentra en Japón, Rusia e Israel.

El sector primario es el que ha ocupado históricamente a la mayor parte de la población de Asia. El arroz es el cultivo principal en los países del área monzónica, seguido por el maíz, el algodón, el té y el yute. En las zonas del ámbito mediterráneo y las más secas el cultivo más abundante es el trigo. En lo que se refiere al sector ganadero, en el centro y occidente se practica un pastoreo trashumante de ovejas; en Arabia se crían caballos y camellos. Las vacas son animales sagrados en la India. Los cerdos se encuentran ausentes en los países de religión islámica, por considerarlos ésta un alimento prohibido. Casi un tercio de la superficie de Asia se halla cubierto por diferentes tipos de bosques, los cuales nutren a la industria maderera. La pesca se practica con asiduidad en el mar de Japón y en aguas del sureste asiático.

En lo que a reservas energéticas se refiere, las más sobresalientes son las de petróleo, ubicadas en el golfo Pérsico y el oeste de Siberia, seguidas de las de gas natural, en Siberia, y las de carbón, en China y Rusia. Entre las reservas minerales se cuentan antimonio, tungsteno, cobre, estaño, hierro, zinc, bismuto, cobalto, oro, plata, manganeso, níquel, titanio y vanadio. La mayoría de la industria se ubica en Japón, Israel y la parte asiática de Rusia; aunque países como China, Corea del sur, Hong Kong y los países del golfo Pérsico han efectuado notables inversiones en infraestructuras a lo largo de las últimas décadas, lo que se ha reflejado en un notable aumento de su competitividad.