Apeninos

    Cascada del rio Velino, en los Apeninos

    Cadena montañosa perteneciente al plegamiento alpino, que, como una espina dorsal, recorre Italia de norte a sur entre Liguria y Sicilia a lo largo de 1.400 kilómetros. Durante gran parte de la historia italiana, la barrera montañosa ha supuesto un elemento disgregador, favoreciendo el aislamiento regional.

    Geológicamente, los Apeninos se cuentan entre las cadenas más jóvenes pertenecientes al plegamiento terciario, ya que comenzaron a elevarse durante las últimas fases de la orogenia alpina, junto con el Atlas norteafricano y los Alpes dináricos que atraviesan la región balcánica. Sin embargo, los movimientos tectónicos todavía abundantes a lo largo de las estructuras falladas del centro y del sur evidencian que el levantamiento de una parte de la cordillera no ha concluido. Esto se pone de manifiesto en el vulcanismo activo del Etna y el Vesubio, así como en los numerosos movimientos sísmicos.

    Estructuralmente, la cordillera se divide en tres sectores. El septentrional está formado por el macizo ligur, que finaliza abruptamente en la costa de Génova, y el Apenino toscano. El sector central de la cordillera es el más elevado y está constituido por el macizo de los Abruzzos, que alcanza su mayor altura en el monte Corno (2.914 metros). Por último, la sección meridional de la cadena está integrada por una serie de mesetas elevadas hasta los 2.000 metros, que ocupan las regiones de Calabria, Lucania y Campania. La única excepción es la región calabresa de Aspromonte, donde el monte Pollino alcanza los 2.248 metros de altitud.

    A lo largo de los Apeninos, la aridez mediterránea es menos acusada debido a la altitud, que favorece la pluviosidad. Una gran parte de la red hidrográfica italiana tiene su origen en la cadena apenínica, donde nacen algunos de los ríos más importantes del país como el Arno, el Tíber, el Volturno y el Sele. Asimismo, los lagos Bolsena y Vico, en la región del Lacio, se formaron en antiguos cráteres volcánicos.

    En las zonas bajas la vegetación está constituida por bosques de encinas y fresnos, mientras que las cumbres presentan una flora eurosiberiana, formada básicamente por robles y hayas. La agricultura es escasa, limitándose a la tríada mediterránea (olivo, vid, cereal) debido a la escasez de suelo fértil, mientras que los principales recursos se concentran en el subsuelo (pizarra, mármol, pirita, mercurio, estaño y azufre) y en la generación de energía hidroeléctrica.