El proceso de comunicación

Decir «hola» o mover la mano para despedirse de alguien son dos escenas habituales en las que existe un proceso de comunicación. Desde el momento en que una persona utiliza un sistema de signos o señales para trasladar un mensaje a otro, se inicia el mecanismo de la comunicación. Los animales, por ejemplo, tienen sus propios códigos para ello (sonidos, movimientos, olores) pero es el ser humano el que ha desarrollado los sistemas más complejos, que abarcan desde el simple gesto hasta la televisión o el correo electrónico enviado a través de Internet.

En cada uno de los sistemas desarrollados por el hombre se produce ese intercambio de información que forma parte del proceso comunicativo. Así, a diario se envía y se recibe información de forma continua y mecánica, sin apenas realizarlo conscientemente en algunos casos. Cuando las personas hablan con otros individuos, interpretan señales de tráfico, hacen gestos, leen un texto, etc., están en realidad comunicándose.

En esos actos comunicativos, el conjunto de signos utilizado por excelencia es el lenguaje humano, concretado en cada una de las diferentes lenguas o idiomas: un código que deben conocer los dos sujetos que intervienen en el proceso para que la comunicación resulte exitosa. En cualquier caso, no se trata del único medio comunicativo ya que las formas no verbales (imágenes, sonidos) están también presentes en la vida diaria de la mayoría de las personas. De hecho, a menudo se recurre a una combinación de códigos verbales y no verbales para dar más fuerza al acto comunicativo y transmitir mejor el mensaje.

Tabla 1. Funciones del acto comunicativo.

Sin embargo, no siempre la transmisión de información obtiene los resultados esperados. Junto a la necesidad de que el código y el canal elegidos sean los correctos (no podemos comunicarnos con alguien que no entiende nuestro idioma, por ejemplo, o que no sepa utilizar el correo electrónico) en algunas ocasiones determinados factores hacen que no se comprenda el mensaje transmitido. Si existen barreras personales, físicas o semánticas, puede frustrarse la intención comunicativa; para evitarlo el emisor debe esforzarse por proporcionar una información coherente, con un código comprensible y en un contexto adecuado. Por su parte, el receptor tendrá que mostrar interés por recibir ese mensaje y descodificarlo para su comprensión.

La comunicación

La importancia de la comunicación como fenómeno social radica en el hecho de que pone en contacto a un individuo con otros de su especie. En este sentido, el ser humano es único en el reino animal por su compleja capacidad de comunicación, ya que puede inventar nuevos signos y dar otros significados a los ya existentes. Sin embargo, la comunicación en sí no es un fenómeno exclusivo del ser humano, ya que los animales también se comunican, aunque no lingüísticamente, mediante otros sistemas como los sonidos o los movimientos.

Puesto que el hombre vive en comunidad, la comunicación es la base de las relaciones humanas. Se practica de forma continua en la vida cotidiana cuando se reciben y se emiten mensajes, bien sea una mirada, una señal de tráfico, la hora en un reloj, una llamada de teléfono, un anuncio en televisión o un libro. Cada uno de estos actos constituye diferentes niveles comunicativos con distintos objetivos. Sin embargo, todos son comunicación puesto que en cada uno de ellos, un individuo establece con otro un contacto para decir algo.

La comunicación es esa transferencia de información a través del contacto entre dos unidades que se relacionan. La información es una parte de la comunicación y se transmite en forma de mensaje, que puede ser acústico o gráfico. Por tanto, hay comunicación siempre que se transmite un mensaje y que el receptor y el emisor compartan el mismo código. La diferencia fundamental entre información y comunicación es que la primera puede obtenerse unilateralmente (un sujeto puede ver directamente que nieva), mientras que la comunicación es siempre bilateral o multilateral y requiere al menos dos sujetos que interaccionan entre sí.

Funciones

Cuando dos personas se comunican, lo hacen con alguna intencionalidad, esto es, con una función comunicativa. Por este motivo se emiten enunciados para saludar, pedir información, declarar amor, regañar o expresar una duda. Todos ellos son actos de habla que constituyen la unidad mínima de comunicación.

Existen diferentes funciones de la comunicación según el objetivo que se persigue. Por ejemplo, la comunicación cumple una función asertiva cuando la finalidad es proporcionar información al destinatario: «Mi nombre es María». Si, por el contrario, lo que se pretende es obtener información del destinatario, se está ante una función interrogativa: «¿Cómo te llamas?». Cuando el objetivo que se persigue es lograr que el destinatario del mensaje lleve a cabo alguna acción, será una función directiva: «Entra en el coche», mientras que si el emisor del mensaje manifiesta su subjetividad o punto de vista, se trata de una función expresiva: «¡Qué frío tengo!».

Los signos y el lenguaje

Al comunicarse, las personas representan una realidad en su mente que luego transforman en mensaje para hacérselo llegar a otro individuo. Para ello, los seres humanos se valen de gestos, señales o iconos que permiten reflejar una idea de forma comprensible para todos los sujetos que intervienen en el proceso de comunicación. Los signos son esa forma de representar la realidad y están formados por dos partes bien diferenciadas: el significante y el significado. El significante puede estar compuesto por cualquier imagen, sonido, gesto o palabra con la que se intenta comunicar algo. El significado es la idea que se intenta transmitir. Por ejemplo, el dibujo de un autobús indica la presencia de una estación de autobuses: el dibujo es el significante y la estación es la realidad a la que se refiere.

Para que el proceso comunicativo tenga éxito, es necesario que emisor y receptor compartan códigos y contexto, es decir, ideas, inquietudes y significados propios de una época y lugar.

Hay diversos tipos de signos y, según el sentido con el que los percibimos, se distinguen signos visuales, como una luz de emergencia, o signos auditivos, como el pitido de un árbitro. Atendiendo a su forma, se encuentran signos lingüísticos, basados en el lenguaje humano (palabra) o no lingüísticos, los cuales se basan en sistemas de comunicación no lingüísticos, por ejemplo, los gestos. Los seres humanos poseen un instrumento específico para comunicarse: el lenguaje, que se concreta en el uso de una lengua determinada y que es la facultad que comparten todas las personas para comunicarse. Este código lingüístico es el principal medio de comunicación de la sociedad.

Elementos que intervienen en la comunicación

El proceso de comunicación es bidireccional, es decir, en él hay dos partes involucradas que, además, requieren de otra serie de elementos para realizar la comunicación. Este conjunto de piezas son determinantes para asegurar que el acto de intercambio de información se produzca satisfactoriamente.

El emisor es el sujeto que elabora y envía el mensaje, el individuo que inicia el proceso de comunicación. Para ello, en primer lugar elige un mensaje, lo codifica y lo envía, seleccionando un código que facilite la transmisión de la información. Esta información la recibe el receptor, que es el destinatario del proceso de comunicación que ha iniciado el emisor. Su función es recoger e interpretar el mensaje, así como cerrar el proceso mediante la recepción, descodificación y aceptación de la información. Puede responder a través de otro mensaje, con lo que retroalimenta al emisor. El mensaje es la representación de una idea. Contiene la información que el emisor transmite al receptor y está formado por símbolos verbales (orales o escritos) y claves no verbales. El mensaje emitido y el recibido no siempre son el mismo ya que la codificación que realiza el emisor y la descodificación del receptor, pueden hacerlo variar según los puntos de vista de cada uno.

Además, en el proceso de comunicación interviene el código. Éste es el sistema de signos relacionados entre sí y de reglas de construcción con el que se fabrica o codifica el mensaje. Hay muchos tipos de códigos: el idioma español, el lenguaje de los sordomudos, el código de circulación, etc. Cuando se codifica el mensaje, debe hacerse de forma sencilla, organizada y coherente para facilitar su comprensión. Si se escribe una carta, por ejemplo, las palabras tienen un orden preciso en cada frase para su correcta interpretación. Este sistema de signos con el que está cifrado el mensaje debe ser compartido por el emisor y el receptor.

Tabla 2. El sentido de cualquier acto comunicativo viene condicionado por los distintos contextos. Sin su comprensión y asunción, no hay comunicación posible.

Para que llegue de forma plena el mensaje es imprescindible que exista un canal. El canal es la vía por la que circula el mensaje, es decir, el elemento físico que establece la conexión entre emisor y receptor. Puede ser el medio natural, como el aire por el que se transmiten las palabras, o un medio técnico como el teléfono. En cualquier caso, debe ser percibido a través de los sentidos del receptor (oído, vista, tacto, olfato y gusto).

No todos los canales poseen la misma capacidad para transmitir la información. Un documento financiero tiene una capacidad de transmisión baja, mientras que una conversación entre dos personas tiene una capacidad alta puesto que involucra tanto comunicación verbal como no verbal.

Por último, para que este proceso sea totalmente satisfactorio, son necesarios el referente y el contexto. El referente es la realidad externa a la que se refiere el mensaje. Cuando se comunica, la intención es ofrecer información sobre una realidad que se convierte en idea en la mente y se plasma en un signo o conjunto de signos para ser enviada, una vez codificada, al receptor. En cambio, la situación o contexto es el conjunto de factores y circunstancias que rodean el acto de comunicación en el que se produce el mensaje y que debe ser conocido por el emisor.

Se pueden establecer tres tipos de contextos que influyen significativamente en el proceso comunicativo. El contexto situacional está formado por las circunstancias espaciales y temporales en las que se produce el acto comunicativo: puede no ser lo mismo decir una frase en una iglesia que en un colegio, o por la mañana que de madrugada. El contexto sociohistórico, a su vez, hace referencia al conocimiento de la época en la que se producen los mensajes mientras que el contexto lingüístico atañe a lo dicho antes o después de un enunciado, lo que puede condicionar su interpretación. Estas circunstancias que rodean al hecho comunicativo permiten comprender el mensaje en su justa medida ya que la relación entre las palabras que se emiten y su entorno facilita el entendimiento de lo que se quiere expresar.

Intencionalidad

Un acto que se realiza de un modo tan rutinario como el de comunicar puede parecer bastante sencillo. Sin embargo, está formado por un conjunto de elementos que se interrelacionan de forma compleja y que de hecho, han sido objeto de estudio en diferentes épocas para comprender su funcionamiento en profundidad.

Si bien el proceso comunicativo fue estudiado primero dentro del contexto de la teoría lingüística, a partir de 1950 surgió una verdadera ciencia de la comunicación y la información. En una época en la que los medios de comunicación, los llamados mass media, estaban en pleno apogeo, las múltiples investigaciones que se llevaron a cabo sobre ellos dieron como resultado el creciente interés por conformar una doctrina científica específica que abarcara el campo de la comunicación.

Son muchas las corrientes científicas que han investigado el complejo proceso de comunicación. Profesores como Harold Lasswell, Nixon Schramm o Bruce Westley establecieron diversos diagramas de referencia para estudiarlo y así, por ejemplo, el profesor Lasswell sintetiza el proceso en una sencilla fórmula:

A partir del diagrama de Laswell, al que luego aplicó algunos cambios Nixon, se han desarrollado la mayoría de los estudios de comunicación.

Pese al fuerte desarrollo de los sistemas visuales potenciados por la televisión, el sistema verbal o lingüístico sigue siendo el código por excelencia en la comunicación humana y el más utilizado en los mensajes. Sin embargo, es un sistema más complejo de lo que podría parecer ya que intervienen en él una serie de factores que deben ser tenidos en cuenta.

Antes de construir el mensaje, el emisor decide que el receptor debe saber o hacer algo; surge lo que se ha llamado «el motivo de la comunicación». Es decir, para iniciar el proceso de intercambio de información ha de existir un estímulo o impulso que lleve al emisor a enviar un mensaje. Por otra parte, si quiere conseguir sus objetivos, el emisor tendrá que elaborar un mensaje adecuado al medio que utiliza y al tipo de público al que se dirige. Si un profesor se dirige a sus alumnos de cinco años escribiendo fórmulas matemáticas en la pizarra, el proceso comunicativo habrá fallado porque el mensaje y el medio son inadecuados, ya que los niños no entenderán nada. Finalmente, el receptor puede modificar su conocimiento o conducta a causa del mensaje recibido, por lo que el mensaje no es sólo un conjunto de signos, sino que también refleja las intenciones del emisor y la relación social que se establece.

En el proceso de comunicación intervienen cinco elementos básicos, más el contexto, que aglutina y llena de sentido dichos elementos.

Comunicación verbal y no verbal

Entre las múltiples formas que registra la comunicación entre los seres humanos, las más importantes son la comunicación verbal y la no verbal. Habitualmente se suelen utilizar de forma simultánea en el proceso comunicativo contribuyendo así a hacer más comprensible la información.

La comunicación verbal puede realizarse de forma oral, a través de signos orales y de palabras habladas, o escrita, por medio de la representación gráfica de signos. Una de las formas más antiguas de comunicación es la que constituyen los gritos, llantos o risas, que informan sobre el estado anímico del emisor. En cambio, la forma más evolucionada de la comunicación verbal es el lenguaje articulado, los sonidos que generan sílabas, palabras y oraciones. Entre los tipos de comunicación escrita también encontramos fórmulas muy variadas que abarcan desde los antiguos jeroglíficos hasta los modernos logotipos.

El ser humano utiliza habitualmente la comunicación verbal (palabras) y no verbal (gestos) al mismo tiempo como forma de reforzar el mensaje y que éste sea más fácil de comprender para el receptor.

La comunicación no verbal se realiza a través de múltiples signos como olores, gestos, movimientos, etc. Puede emplearse junto a la comunicación verbal y actúa como reguladora del proceso influyendo en el significado del mensaje. Los sistemas de comunicación no verbal varían según las culturas y esto puede incidir en la distorsión del mensaje o la mala interpretación del contenido. En este tipo de comunicación destaca el lenguaje corporal, formado por los gestos, los movimientos, el tono de voz e incluso los olores que emanan de la persona, y el lenguaje icónico, que engloba diversas formas de comunicación no verbal, como el código Braille, los signos de luto, un beso o las señales de la policía.

El lenguaje de los sordomudos es un ejemplo de código no verbal que permite la comunicación entre personas con dicha discapacidad. Se basa en gestos corporales que reproducen conceptos o, como en la imagen, letras.

La comunicación no verbal adquiere cada vez más importancia y suscita un gran interés, por lo que existen tres áreas académicas que se encargan de estudiarla. La kinesia se ocupa de la comunicación no verbal expresada a través de los movimientos del cuerpo. Sus principales fuentes de estudio son la postura corporal, los gestos, la expresión facial, la mirada y la sonrisa. La paralingüística estudia el comportamiento no verbal expresado en la voz y recoge las variaciones no lingüísticas que influyen en el mensaje, como el volumen, el tono y el ritmo de la voz. La proxémica, por último, se encarga del comportamiento no verbal relacionado con el espacio que rodea a la persona. Sus ámbitos de referencia son el estudio acerca del espacio personal en cuanto a la proximidad física en la interacción y el contacto entre las personas y los estudios sobre la conducta territorial humana, referidos al espacio que necesita la gente para vivir y que concluyen, por ejemplo, que ciertos diseños de casas favorecen las disputas entre vecinos.

Competencia comunicativa del hablante

No siempre la comunicación se realiza de forma satisfactoria para las dos partes implicadas, puesto que en el proceso pueden existir problemas que ocasionen malentendidos o fallos en la comunicación. Son las llamadas barreras, obstáculos que pueden anular la comunicación, excluir una parte del mensaje o darle un significado incorrecto. Puede tratarse de barreras personales, cuando las interferencias provienen de emociones, valores o actos del individuo (si estás nervioso no prestas la misma atención); barreras físicas, que pertenecen al ambiente donde tiene lugar la comunicación (ruido, interferencias en el teléfono); y barreras semánticas, que surgen a través de las limitaciones de los símbolos, cuando el significado no es el mismo para el emisor y el receptor. En este sentido, se denomina ruido al conjunto de perturbaciones no previstas ni previsibles que alteran o destruyen el contenido del mensaje. Para combatirlo, se utiliza la «redundancia», aquellos elementos innecesarios que aparecen en el mensaje.

Se conoce como ruido al conjunto de perturbaciones que alteran o destruyen el contenido del mensaje. Éste puede ser el caso del ruido ambiente que impide una conversación clara y fluida durante una fiesta, en un bar o en una calle transitada.

Del emisor depende intentar que en el proceso de comunicación exista el menor número de barreras posible para que su información se transmita sin problemas al receptor y pueda obtener el objetivo previsto. Para ello, debe esforzarse para que el mensaje esté bien construido, correctamente estructurado y contenga una información clara y coherente. Además, debe asegurarse de que el código seleccionado sea conocido por el receptor y elegir un canal adecuado para la transmisión.

El éxito del proceso de comunicación depende en un alto grado de la capacidad comunicativa del hablante, algo que puede observarse, por ejemplo, entre los políticos. Aquellos que controlan adecuadamente el sistema comunicativo tienen más posibilidades de hacer llegar su mensaje a la población y modificar su conducta, en este caso, la intención de voto.

Adecuación a la situación y al receptor

Para que el proceso de comunicación sea fructífero, el receptor tiene que ser capaz de interpretar el mensaje de forma correcta y para ello son necesarios varios requisitos. El mensaje debe llegar con claridad ya que los ruidos y las interferencias obstaculizan la correcta recepción. Además, el receptor debe reconocer los significantes enviados por el emisor y ser capaz de asociarlos a sus correctos significados.

El receptor, por su parte, debe interpretar bien la intencionalidad del emisor y poseer la capacidad apropiada para comprender la realidad a la que hace referencia el mensaje (será muy difícil entender un texto sobre genética si no poseemos los conocimientos básicos). La información tiene que emitirse amoldándose al tipo de receptor, pues no es lo mismo hablar para un público especializado en derecho que para un grupo de adolescentes. Además, el mensaje ha de estar también adecuado a la situación en la que se produce. De esta forma, una persona no puede expresarse igual en un entierro que en una fiesta de cumpleaños, con lo que las circunstancias que rodean al acto comunicativo tienen que tenerse muy en cuenta a la hora de comunicar.