Demografía

Es la ciencia social que se encarga del estudio de las poblaciones, de su tamaño, composición, estructura, evolución o distribución. Este estudio puede restringirse a un determinado territorio, periodo de tiempo o grupo social concreto y, para desarrollarlo, se utilizan técnicas de prospección estadística. Su análisis es, pues, fundamentalmente cuantitativo.

El término demografía procede de la conjunción de las palabras griegas demos “pueblo” y grafos “descripción” o “representación”. Son objeto de estudio de la demografía cuestiones como la cantidad de individuos que componen un grupo humano concreto (una sociedad, el número de habitantes de una ciudad, un sector de la población, etc.), su distribución territorial, su composición por edades, sexo, estado civil, ocupación, nivel de estudios, grupos étnicos, creencias religiosas, etc.; su evolución demográfica, tasa de nacimientos, defunciones, migración, matrimonios; así como otras cuestiones derivadas de las anteriores: grado de delincuencia, efectos sociales y económicos, etc.

La investigación demográfica se realiza utilizando técnicas estadísticas, por medio de herramientas como las encuestas y los censos, con los que se representan los datos en tablas, pirámides de población, gráficas, etc.

Historia de la demografía

Históricamente siempre ha existido un interés de los gobernantes por conocer el número y composición de los pobladores de un determinado territorio. Este interés se producía por razones tanto políticas (control de la población, levas militares, detección de necesidades, etc.), como económicas (pago de impuestos, prevención de desastres como las hambrunas). Así pues, desde muy antiguo los gobernantes se han interesado por conocer el número y la composición de sus gobernados, además de su evolución demográfica, existiendo noticias de este interés, por ejemplo, en la antigua Roma, donde se realizó un censo general de todos los ciudadanos adultos.

A pesar de ello, este tipo de conocimiento no se ha logrado sino hasta tiempos muy recientes, cuando se han podido desarrollar los métodos y técnicas necesarios. Hasta hace unos pocos siglos no existían procedimientos sistemáticos de registro de los individuos, ni mecanismos de control de la población.

En la edad media europea, las poblaciones eran agrupadas en familias o vecinos, inscritas en los registros parroquiales, aunque esta práctica no se llevaba a cabo de un modo sistemático ni riguroso. Tampoco existían herramientas ni prácticas que permitieran conocer el volumen de una población o su composición. No obstante, se considera que el primer censo general de población fue realizado en la ciudad alemana de Nuremberg en el año 1449.

Con la progresiva implantación de los aparatos estatales y la formación de los estados, al tiempo que los países tienden a unificarse (eliminando las fronteras interiores, homogeneizando las leyes, suprimiendo los feudos señoriales, etc.) se va a desarrollar en paralelo una amplia burocracia administrativa, entre cuyos objetivos estará hacer llegar el estado a todos los rincones del país y, por tanto, conocer y controlar a todos sus habitantes. Este lento proceso comienza a producirse a partir de los siglos XV y XVI, cuando la desaparición del modelo feudal da lugar al surgimiento de monarquías absolutas, fuertemente asentadas y centralizadas. Durante el siglo XVII, los monarcas absolutistas (con Luis XIV como paradigma) se interesaron por conocer a sus gobernados, por razones tanto políticas como económicas: para prevenir levantamientos, recaudar impuestos, realizar levas forzosas, conocer la marcha de la economía, etc. Es en este siglo y en el siguiente, pues, cuando comenzaron a surgir los primeros estudios serios sobre demografía, que aún no es considerada como una ciencia. En distintos países, eruditos de diversas ramas del saber se interesaron por el estudio de la población, como el francés A. Deparcieux, el alemán P. Süssmilch, los ingleses J. Graunt y E. Halley, el sueco P. Wargentin o el holandés W. Kersseboom. Esta corriente intelectual y los trabajos que de ella se derivan pasaron a ser conocidos como aritmética política, aunque aún no se contaba con los instrumentos teóricos y metodológicos necesarios para el surgimiento de una verdadera ciencia demográfica.

El surgimiento de la demografía

Algunas fuentes consideran a Thomas Robert Malthus como el verdadero creador de la demografía, aunque más bien se le puede considerar como su antecedente más directo. Él, y otros economistas, como Cantillon, comenzaron a percibir los problemas que podría producir el exceso de población en un mundo en el que los alimentos son limitados. En su obra Ensayo sobre el principio de la población y sus efectos sobre el mejoramiento futuro de la sociedad, publicada en 1798, Malthus advertía que la población humana tiene una tendencia constante al crecimiento, y que esta tendencia es superior a la capacidad de producción de alimentos, por lo que este desequilibrio acabaría traducido en hambrunas, guerras, enfermedades y muertes. Para Malthus la población era, pues, el principal factor de la economía, y por tanto se hacía necesario conocer su volumen, su composición y sus tendencias futuras. Sin embargo, en aquella época aún no se contaba con los instrumentos adecuados de medición demográfica, y el mismo Malthus elaboró sus predicciones utilizando fuentes fragmentarias e incompletas, lo que restó credibilidad a sus teorías. Además, el paso del tiempo demostró que las poblaciones pueden dejar de crecer y que, por el contrario, la ciencia puede incrementar la producción de alimentos, lo que ha hecho que muchos consideren sus teorías excesivamente catastrofistas y, en definitiva, erróneas, al poner sólo el acento en la influencia de la población en la economía, dejando de lado otros factores.

Pese a estos errores, lo cierto es que el gran mérito de Malthus consistió en poner de relieve la necesidad de contar con medios para conocer el volumen y la composición de la población, siendo ésta, a partir de entonces, una necesidad para todos los gobiernos. Ya durante el siglo XVIII comenzaron a surgir censos de población, una práctica que se fue incrementando a lo largo del siglo XIX. En España, por ejemplo, aunque había habido otros intentos anteriores, el primer censo riguroso fue llevado a cabo bajo los auspicios de Floridablanca, ministro de Carlos III, quien en 1785 ordenó que cada provincia realizara una relación de todos los pueblos que la componen, con indicación de datos relativos al sexo, edad, estado civil, tipo de vivienda y ocupación de sus pobladores. En el resto del mundo, tres países, Canadá (1666), Suecia (1749) y Estados Unidos (1790), se disputan el haber sido los primeros en los que se realizó un censo general de tipo moderno.

Durante los siglos XVIII y XIX, siguiendo los principios de la Ilustración y, más tarde, de los gobiernos liberales, la mayoría de los países comenzaron a establecer medios rigurosos de registro de la población, pues las teorías de Malthus habían dejado claro que para los distintos países era necesario conocer la composición de sus habitantes.

El término demografía fue utilizado por vez primera en 1855, siendo acuñado por Achille Guillard en su obra Elementos de estadística humana o demografía comparada. Con este trabajo contribuyó a asentar las bases de la ciencia demográfica, si bien su interés principal se centraba en temas puramente estadísticos.

El desarrollo de la demografía

Durante el siglo XIX se dieron los primeros pasos para lograr la consolidación de la demografía como ciencia. Todos los gobiernos, tanto los de los países europeos como los recientemente independizados de América, tomaron conciencia de la importancia que supone conocer a sus poblaciones, y por ello fomentaron la realización de censos y registros, más o menos periódicos. Así, por ejemplo, en Chile se realizó un primer censo de población en 1813; en Argentina en 1869, bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento; o en México en 1895, por citar solo algunos casos. Estos censos venían a suceder en el tiempo a otros anteriores, mucho menos rigurosos, realizados durante la colonia, como los que se efectuaban con motivo de las visitas generales de los virreyes, los informes realizados para la corona o los impulsados por algunas municipalidades, órdenes religiosas, etc.

La práctica generalizada de realizar censos cada vez más precisos y rigurosos contribuyó al desarrollo de la demografía. A pesar de ello, en esta fase la demografía era vista más bien como una cuestión meramente estadística, pues el objetivo se centraba más en recabar datos, generalmente de territorios concretos, sin realizar ningún tipo de análisis cualitativo, comparación o interpretación en profundidad de los resultados.

El auténtico desarrollo de la demografía se producirá durante el siglo XX. Es entonces cuando adquiere su definitivo carácter científico, logrando autonomía respecto de otras ciencias sociales y asentándose en el mundo académico universitario. El mayor impulso a este proceso se dio desde Francia, gracias a Alfred Sauvy y al Institut National d'Estudes Démographiques. Esta escuela demográfica se interesó por superar la simple acumulación de datos, que era común hasta entonces, apostando por la interpretación y comparación de los resultados y el establecimiento de correlaciones con aspectos económicos, geográficos y socioculturales.

El relevo a la escuela francesa lo tomó, desde mediados del siglo pasado, la escuela estadounidense, encabezada por figuras como Borah o Zelinsky, que aportó una mejora en los medios técnicos gracias a la informatización de los datos, así como nuevas herramientas de análisis conceptual y de recogida de información.

El desarrollo de la ciencia demográfica ha hecho que, en la actualidad, todos los países elaboren censos y estadísticas, con organismos creados expresamente para este fin y para la investigación demográfica. Cuando, por razones económicas o de otra índole, un país no puede realizar esta labor, es asumida por la Organización de las Naciones Unidas. Con todos estos informes, anualmente se elabora el Libro demográfico del año, en el que se expone la información demográfica mundial, una verdadera radiografía de la población del planeta.

La toma de conciencia acerca de la importancia de conocer el volumen y composición de la población, así como la mejora de las herramientas de cuantificación y análisis, han incidido en que cada vez las políticas demográficas tengan mayor peso, no sólo a nivel nacional, sino global. Actualmente, los organismos supranacionales se enfrentan a problemas de orden planetario, como el cambio climático, la superpoblación o los movimientos migratorios, lo que ha incidido en un desarrollo e interés aún mayores por la demografía, que ya no se limita a ofrecer una instantánea de la población, sino a proporcionar proyecciones y propuestas de intervención para la resolución de problemas.

Las áreas de la demografía

El desarrollo de la ciencia demográfica, su evolución y la propia complejidad de su objeto de estudio han hecho que la demografía haya ido especializándose en los últimos tiempos en distintas áreas o ramas, que suelen estar muy interrelacionadas y cuya separación resulta, en algunos casos, algo artificial. De un modo general, las dos ramas principales son:

a) Demografía estática. Se encarga del estudio de las poblaciones en un momento determinado, atendiendo a tres parámetros: dimensión, territorio y estructura. Con el primero se investiga el número de personas que residen un territorio; el segundo atiende al lugar de residencia, y el tercero a las distintas categorías de clasificación, como sexo, edad, ocupación, procedencia, nivel económico, estudios, etc.

b) Demografía dinámica. Al contrario que la anterior, realiza un estudio de la población a lo largo de un periodo de tiempo determinado, analizando su evolución y los factores que inciden en ella, como tasa de nacimientos, defunciones, divorcios, migración, empleo.

Además de estas dos grandes áreas existen otras más especializadas, en función del método de estudio. Así, se pueden citar:

c) Demografía descriptiva. Centra su interés en la realización de amplias series estadísticas, en las que se analiza una población por medio de parámetros como su volumen, distribución territorial, estructura y evolución.

d) Demografía cualitativa. Se encarga del análisis de las diferencias entre los distintos individuos que componen una población, atendiendo a factores biológicos, culturales o socioeconómicos.

e) Demografía cuantitativa. A diferencia de la anterior, recaba y estudia datos exclusivamente numéricos sobre las poblaciones.

Igualmente, existen diversas áreas de la demografía en función de su ámbito concreto de estudio, como la demografía económica, histórica, política, social o teórica.

En cuanto a su relación con otras ciencias, la demografía está íntimamente ligada a otras disciplinas como geografía, historia, sociología, economía, antropología o política, entre otras, a las que en muchas ocasiones sirve como ciencia auxiliar.