Industria farmacéutica

    La industria farmacéutica es el sector de actividad industrial que se ocupa de la elaboración de todo tipo de principios activos de efectos medicinales, incorporados en una amplia diversidad de formatos, tales como comprimidos, cápsulas, preparaciones líquidas para inyección o para administración en gotas nasales, óticas u oculares, jarabes, pomadas, óvulos, supositorios, lociones, pomadas, aerosoles, parches transdérmicos, etc. También queda incluida en su marco de actuación la elaboración de vacunas.

    Se trata de un sector tecnológicamente avanzado, que alcanza cifras de producción que constituyen un porcentaje significativo en las economías de los países más desarrollados en este ámbito. En él convergen la investigación de nuevos fármacos, su producción y los aspectos relacionados con su mercadotecnia y su comercialización.

    Evolución de la industria farmacéutica. La elaboración de medicamentos sobre una base industrial empezó a gestarse en las primeras décadas del siglo XIX, cuando los químicos y farmacéuticos comenzaron a producir principios activos en cantidades excedentes para su comercialización. A partir de la síntesis de la urea por parte del alemán Friedrich Wohler en 1828, se inició una denodada investigación para sintetizar sustancias orgánicas de efectos terapéuticos.

    Los primeros fármacos sintéticos que se comercializaron, respectivamente en 1885 y 1897, fueron la acetofenidina, de la que se obtendría el analgésico paracetamol, y el ácido acetilsalicílico, que con el nombre comercial de aspirina convertiría al laboratorio alemán que lo obtuvo, Bayer, en la primera gran compañía farmacéutica.

    Sucesivos hitos en este sector industrial fueron la síntesis en 1910 del salvarsán, primer fármaco antiinfeccioso de uso generalizado, contra la sífilis; o la de la insulina, para el tratamiento de la diabetes, que en 1922 dio fama a los la laboratorios Lilly, encargados de su comercialización

    El descubrimiento de la penicilina a cargo de Alexander Fleming en 1928, de cuya producción a gran escala se encargó el laboratorio estadounidense Pfizer, abrió un amplísimo campo de estudio de principios activos antibacterianos.

    En la década de 1950 la investigación farmacéutica se expandió al tratamiento de las más diversas enfermedades y se abrieron nuevas áreas de estudio, como el de las hormonas sexuales y el consiguiente desarrollo de las píldoras anticonceptivas y la terapia hormonal para el tratamiento de los trastornos de la menopausia.

    La moderna investigación farmacológica se centra en la consecución de fármacos para el tratamiento de distintos tipos de cáncer, las cardiopatías, la artritis, las alteraciones del sistema nervioso central o el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). De ciertos sectores se desprende, no obstante, la objeción de que las compañías farmacéuticas se concentran en las enfermedades de mayor presencia en los países industrializados, mientras que no se incide en las terapias destinadas a enfermedades que afectan a países en vías de desarrollo, como el paludismo o la enfermedad de Chagas, de alta incidencia en Sudamérica.

    Investigación farmacológica y economía. La industria farmacéutica esta dominada por una serie de grandes laboratorios constituidos en empresas multinacionales. En la década de 2000 las corporaciones dominantes en este ámbito, con matrices principalmente estadounidenses, alemanas, francesas y suizas, son grandes consorcios constituidos a través de un proceso de fusión entre las principales marcas, que se desarrolló sobre todo a partir de la década de 1990. Cabe citar entre las mayores a Pfizer, Glaxo-Smithkline, Sanofi-Aventis, Johnson & Johnson, Merck, Astra-Zeneca o Novartis.

    Éstas y otras compañías dan a los medicamentos que producen marcas registradas, cuyas patentes son explotadas en exclusiva durante periodos que, en la mayor parte de los ordenamientos legales, se sitúan en un periodo próximo a los quince años. Una vez vencido este plazo, los medicamentos pierden los derechos de patente y pueden ser fabricados por otros laboratorios que cumplan las normativas sanitarias, pasando entonces a denominarse genéricos.

    Los ingentes beneficios de las empresas farmacéuticas, que ellas mismas justifican por la necesidad de costosos proyectos de investigación en el desarrollo de nuevos fármacos y por los ensayos clínicos de control sanitario previos a la comercialización, han sido objeto de críticas de ciertos sectores. En ellos se aboga por la supresión de las patentes para tratamientos de enfermedades que, como el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), asuelan las poblaciones de los países de economías emergentes o en vías de desarrollo. En tal contexto se sitúa, por ejemplo, la autorización en la década de 2000 para fabricar genéricos de antirretrovirales, que son la base terapéutica del SIDA, por parte de gobiernos como los de Brasil o Sudáfrica.