Transición demográfica (régimen demográfico)

Teoría desarrollada en origen por el demógrafo estadounidense Warren Thompson en 1929 que afirma que toda sociedad humana pasa por cuatro fases de crecimiento demográfico antes de alcanzar el estadio postindustrial.

Esta teoría ha sido confirmada por estudios demográficos modernos que han demostrado la relación existente entre dichos estadios y las revoluciones técnicas de la historia. Por ello, algunos demógrafos consideran que existen en realidad cinco fases en vez de cuatro al contabilizar la prehistoria como la primera de ellas.

Fase prehistórica

El ser humano se veía incapacitado para dominar el medio físico, lo que le obligaba a adaptarse a él. Esta característica ha sido considerada por algunos antropólogos como la razón que llevó al hombre a abandonar África en busca de territorios menos hostiles para la actividad humana. Las tasas de natalidad y de mortalidad en las sociedades prehistóricas de cazadores y recolectores eran muy altas, y la esperanza de vida bastante baja (apenas unos treinta años). Se puede decir que, en la actualidad, ningún país se encuentra en esta fase; sólo algunas tribus poco avanzadas siguen sin ser capaces de controlar totalmente el medio que las rodea, dependiendo de la caza y la recolección itinerante.

Fase antigua o preindustrial

Está marcada por la revolución agrícola del neolítico, la cual tuvo lugar en diferentes momentos de la antigüedad (entre 10.000 y 2.000 años a.C.). El hombre consiguió dominar las técnicas agrícolas básicas posibilitando el mantenimiento de poblaciones cada vez mayores y el surgimiento de las primeras ciudades. De los escasos 7 millones de habitantes de la fase prehistórica se pasó a los 300 millones en torno al comienzo de la era cristiana.

Este boom demográfico fue posible gracias al aumento de la producción de alimentos y, en cierta medida, a las condiciones de vida. Aún así, las tasas de natalidad y mortalidad eran muy elevadas (algunos estudios estiman que alcanzaban casi el 500/00) y la esperanza de vida muy baja (entre 30 y 40 años). Además, los grupos poblacionales estaban sometidos a continuos cambios, atravesando épocas de bonanza (plena edad media europea) o sufriendo grandes crisis demográficas como la ocasionada por la Peste Negra de 1348, que diezmó a la población europea en pocos años, reduciéndola en aproximadamente un 30%.

En la actualidad, muchos países africanos del área sahariana y subsahariana (Mali, Chad, Sudán, Etiopía, etc.) poseen un régimen demográfico mixto que conjuga las características de esta fase (natalidad de más del 400/00) con las de la primera transición.

Fase de la primera transición

Entre 1650 y 1750 se produjeron una serie de adelantos técnicos y tecnológicos que dieron pie a la llamada revolución industrial del siglo XIX. Gran parte de estos inventos fueron de aplicación directa en la agricultura, dando como resultado un incremento de la producción de alimentos y por tanto, creando la posibilidad de mantener a más población. Además, también se cosecharon grandes éxitos en campos como la medicina, lo que permitió rebajar la tasa de mortalidad a la mitad y aumentar la esperanza de vida.

En la actualidad, prácticamente la mayoría de países subdesarrollados se encuentra en esta fase aunque quedan trazos, sobre todo en las áreas rurales, de la fase precedente.

Fase de la segunda transición

A finales del siglo XIX y principios del XX, los adelantos técnicos de la revolución industrial ya habían encontrado acomodo en prácticamente todo el mundo occidental, lo que, junto a la introducción de otras mejoras (electricidad), permitió a muchos países experimentar la llamada revolución demográfica.

Esta explosión demográfica se caracterizó por una importante reducción de la tasa de mortalidad y un no tan pronunciado descenso de la natalidad. De los 800 millones de personas que había en el mundo a mediados del siglo XVIII, se pasó a unos 1.700 en la primera mitad del siglo XX. Como consecuencia, la densidad de población comenzó a aumentar fuertemente en algunos territorios del mundo occidental, creando problemas de pauperismo y llevando a la emigración a casi 75 millones de personas (especialmente con destino a Norteamérica, Sudamérica y los territorios rusos de Asia). En la actualidad, muchos de los países con economías emergentes (China, India) se encuentran en este estado evolutivo.

Régimen demográfico moderno

Se inició nada más acabar la Segunda Guerra Mundial y se caracterizó, en los países occidentales, por tasas de natalidad y mortalidad muy reducidas debido a los adelantos médicos, la mejora de la calidad de vida y algunos cambios sociales como la inserción de la mujer en el mundo laboral. En algunas naciones, por primera vez la mortalidad superó la natalidad, lo que implicó un crecimiento natural negativo. Esta situación de “despoblamiento” ha sido corregida a medio plazo por el fenómeno migratorio.

Dado que sólo los países occidentales han alcanzado esta fase o estadio, no se puede hablar en realidad de un parón demográfico a nivel mundial. De hecho, en la segunda mitad del siglo XX la población mundial ha pasado de los 3.000 a los 6.000 millones de personas y según la ONU, en 2050 se podrían superar los 9.000 millones de continuar este ritmo. Este crecimiento ha sido sin embargo muy desigual. Mientras que África y Latinoamérica han triplicado su población, Asia, Norteamérica y Oceanía “sólo” la han duplicado y Europa ha pasado simplemente de 570 millones a poco más de 700.