Población y cultura

La cultura es un fenómeno específicamente humano, tanto que puede considerarse como el rasgo que distingue propiamente a nuestra especie del resto de los animales. Está conformada por diversos aspectos: desde la lengua a la religión pasando por las costumbres sociales y la tecnología disponible. La civilización, por su parte, es un estadio superior de la cultura de tal forma que, mientras que todas las sociedades poseen una cultura, sólo algunas de ellas alcanzan el grado de civilización.

Entre los rasgos más significativos de las distintas culturas y civilizaciones cabe destacar la diferenciación étnica (a veces confundida con la de raza), la lengua y sus manifestaciones (escritura) así como el conjunto de creencias religiosas, especialmente en cuanto a su influencia sobre la sociedad. En cualquier caso, el concepto de cultura es tan amplio que no acepta definiciones estrictas atendiendo a estas características y es posible hablar de una cultura argentina específica diferenciada de la cultura mexicana y, al mismo tiempo, englobar ambas en la categoría más genérica de cultura latinoamericana. Es por ello que es necesario atender a las diversas concepciones y definiciones de cultura así como a los rasgos específicos de ésta.

La cultura y sus elementos

En un sentido amplio, la cultura comprende el conjunto de todos los conocimientos, técnicas, creencias, costumbres, manifestaciones artísticas, reglas morales y leyes de un colectivo humano. Esto incluye el modo de pensar, sentir y comportarse de los miembros de una sociedad. Ciertos antropólogos prefieren una definición menos amplia de cultura, limitándola a una serie de reglas no escritas para actuar en sociedad que son compartidas por todos sus miembros (por ejemplo, cómo dirigirse a una persona desconocida o cómo comer marisco en un restaurante).

Gracias a la labor de los museos ha podido transmitirse la cultura artística a través de numerosas generaciones. En la imagen, sección central del madrileño Museo del Prado.

La cultura tiene cuatro rasgos característicos:

  • Es fuertemente simbólica: se basa en símbolos (palabras, gestos, banderas, etc.) y en la capacidad de comunicarse con ellos a través del lenguaje.

  • Es compartida por todos los miembros de una sociedad.

  • Se transmite socialmente mediante un proceso de aprendizaje.

  • Es adaptativa, o sea, permite a las personas adaptarse a los cambios registrados en el entorno de una manera flexible.

Tatuajes, bisutería de fetiches, piercing o la obsesión por vestir ropas de riguroso color negro se encuentran entre los rasgos más recurrentes de las subculturas modernas.

Tipos de cultura

Puede hacerse una clasificación de la cultura en cuatro grandes categorías: la cultura material (los productos fabricados por el hombre y la tecnología), la social (las distintas formas de organización de la sociedad), la ideológica (el conjunto de creencias, valores e ideales compartidos por los miembros de una sociedad) y la artística (desde la música hasta las bellas artes pasando por la literatura, el cine, la moda, etc.).

Por otra parte, puede distinguirse entre cultura dominante, mayoritaria o hegemónica, y subcultura. La subcultura hace referencia a un conjunto de valores culturales (creencias, conductas, símbolos, sentidos de la estética, etc.) distintos de los de la cultura dominante, y que son seguidos por un grupo minoritario de personas. Cuando la subcultura se define sobre todo por su oposición a la cultura dominante, se puede hablar de contracultura. Así, por ejemplo, la cultura underground, surgida entre la juventud de los Estados Unidos en la década de 1960, es un fenómeno contracultural típico: pretendía derribar a una cultura dominante que consideraba reaccionaria. Muchas de las modernas subculturas juveniles, como la punk o la hip-hop, se definen fundamentalmente por un determinado estilo musical o forma de vestir y, en muchos casos, no han conseguido adquirir un carácter de oposición sino, simplemente, pasar a formar parte de la llamada cultura de masas.

La cultura de masas es un fenómeno surgido el siglo pasado gracias a la generalización de la alfabetización, al desarrollo de la industria editorial (con el consiguiente incremento en la difusión de periódicos, la edición de novelas, etc.) y del arte fotográfico, al nacimiento de la industria discográfica y a la aparición de nuevos géneros de entretenimiento (como la radio, el cine, la televisión, el cómic y los videojuegos). Ha traído consigo el nacimiento de una potente industria cultural, lo que ha supuesto la mercantilización de la cultura de tal forma que ésta se ha convertido en una mercancía más.

La cultura de masas es, en propiedad, la cultura popular moderna. Con anterioridad, ésta se limitaba a aspectos como las costumbres, la gastronomía, los refranes, la música, la danza y las vestimentas tradicionales. Todos ellos formaban parte de la realidad cotidiana de la mayoría de los miembros de una sociedad, transmitiéndose por vía oral de generación en generación. Esto hacía que la cultura popular se identificara plenamente con el folclore de un pueblo concreto; en la actualidad, sin embargo, el fenómeno de la globalización ha roto muchas de esas barreras y, a menudo, es preferible alejarse de las concepciones etnográficas de cultura para pasar a definiciones más amplias (cultura occidental).

La audición de música clásica y la contemplación de las obras artísticas expuestas en los museos figuran entre las actividades de la llamada alta cultura. En las imágenes, Ópera-Garnier de París (arriba) y patio del Museo Nacional de Arqueología de Lima (abajo).

La audición de música clásica y la contemplación de las obras artísticas expuestas en los museos figuran entre las actividades de la llamada alta cultura. En las imágenes, Ópera-Garnier de París (arriba) y patio del Museo Nacional de Arqueología de Lima (abajo).

Estrechamente relacionado con el concepto de cultura popular o de masas se encuentra la diferenciación entre alta y baja cultura. La alta cultura es la consumida por las élites de una sociedad y se le supone una mayor calidad, refinamiento y sensibilidad; su disfrute goza de una alta consideración social. En el mundo occidental, manifestaciones artísticas, culturales o deportivas como las bellas artes, la música clásica, la literatura de calidad o la filosofía entrarían dentro de esta categoría. Por su parte, la baja cultura es un término despectivo para referirse a ciertas manifestaciones de la cultura de masas de dudosa calidad artística como la música comercial, la «telebasura» (teleseries, reality shows, etc.) o las películas de serie B. De todas formas, la distinción entre alta y baja cultura –que no dejan de ser dos modalidades de subcultura– tiende a difuminarse cada vez más y su distinción responde en realidad a ciertas concepciones elitistas que son difícilmente justificables desde un punto de vista científico.

La transmisión de la cultura

Uno de los principales rasgos de la cultura es su capacidad para ser transmitida entre los miembros de una sociedad o, incluso, de una sociedad a otra. Existen dos mecanismos básicos de transmisión cultural: la endoculturación y la difusión cultural.

Endoculturación. Es el proceso merced al cual los miembros más jóvenes de una sociedad son «programados» desde su nacimiento –mediante premios y castigos– para imitar las pautas culturales de sus mayores (por ejemplo, el uso de los cubiertos para comer entre los niños occidentales). Se trata, por tanto, del mecanismo que permite asegurar la perpetuación de una cultura de generación en generación. Ello no significa que la cultura no esté sujeta a cambios, ya que la imitación de las pautas culturales nunca es completa. Esto es algo que se observa especialmente en el mundo moderno, con independencia del grado de desarrollo de las sociedades: es lo que los antropólogos han denominado abismo generacional, consistente en una fractura cultural entre una generación y la siguiente.

Tres vestigios de algunas de las más antiguas civilizaciones de la historia: a la derecha, figura colosal del templo egipcio de Abú Simbel; bajo estas líneas, arriba, vaso de la dinastía Chou, una de las que gobernaron China en tiempos anteriores a nuestra era; abajo, cabeza olmeca encontrada en el yacimiento mexicano de La Venta.

Tres vestigios de algunas de las más antiguas civilizaciones de la historia: a la derecha, figura colosal del templo egipcio de Abú Simbel; bajo estas líneas, arriba, vaso de la dinastía Chou, una de las que gobernaron China en tiempos anteriores a nuestra era; abajo, cabeza olmeca encontrada en el yacimiento mexicano de La Venta.

Tres vestigios de algunas de las más antiguas civilizaciones de la historia: a la derecha, figura colosal del templo egipcio de Abú Simbel; bajo estas líneas, arriba, vaso de la dinastía Chou, una de las que gobernaron China en tiempos anteriores a nuestra era; abajo, cabeza olmeca encontrada en el yacimiento mexicano de La Venta.

Difusión cultural. La difusión cultural se refiere a la transmisión de los elementos culturales no por vía generacional, sino de una cultura a otra diferente. Gracias a ella se cultivan papas o patatas en Europa, se habla español en México, se profesa el islam en el norte de África o se emplean los ideogramas chinos en Japón. La difusión cultural se encuentra siempre con una mayor o menor resistencia o aceptación por parte de las culturas receptoras. Esta resistencia se manifiesta a veces de manera violenta, especialmente cuando intervienen sociedades con un fuerte nacionalismo cultural. La resistencia a la importación de patrones culturales –en la actualidad, por su condición de potencia hegemónica, exportados sobre todo desde los Estados Unidos– es lo que hace que el mundo siga siendo culturalmente plural a comienzos del tercer milenio.

Las civilizaciones

Una civilización es una cultura con un grado relativamente alto de complejidad social y desarrollo técnico, un estadio avanzado de sociedad que cuenta con una sólida trayectoria histórica y una unidad cultural. Las civilizaciones no son entidades estáticas, ya que están sujetas a una continua evolución. Su trayectoria presenta claras semejanzas con la de todo organismo vivo: una civilización nace, se desarrolla, llega a su apogeo, entra en decadencia y, finalmente, termina por desaparecer en la vorágine de la historia.

Las primeras civilizaciones surgieron entre hace ocho mil y seis mil años. La producción agrícola y ganadera, la actividad comercial, la forja de los metales, la escritura, la vida urbana, la división del trabajo y la existencia de una organización estatal fueron algunos de los aspectos definitorios de aquellas primeras civilizaciones. Ello no significa que todos estos aspectos se diesen en cada una de ellas, ya que ni el entorno en que se desarrollaron las civilizaciones ni su evolución histórica y cultural fueron los mismos. Por ejemplo, la civilización maya clásica no conocía la pólvora pero, en contrapartida, poseían un nivel avanzado de conocimientos astronómicos.

Los historiadores coinciden en señalar dentro de las más importantes civilizaciones antiguas a la andina, la mesoamericana, la china, la india, la egipcia, la sumeria, la babilonia, la cretense minoica, la semítica (fenicio-cartaginesa), la grecorromana y la bizantina. En la actualidad perviven, adaptadas a los nuevos tiempos, viejas civilizaciones como la china y la india, junto con otras nacidas más recientemente como la islámica (aparecida en el siglo VII en Arabia con la predicación del profeta Mahoma) y la occidental, producto básicamente de la fusión medieval de la herencia cultural grecorromana con el legado religioso judeocristiano.

Las civilizaciones, focos de irradiación cultural. El alto nivel de desarrollo de las civilizaciones convierte a estas de forma casi automática en importantes focos de irradiación o difusión cultural. De hecho, se puede considerar que la difusión cultural es un fenómeno intrínseco a toda civilización: los rasgos que la definen como tal superan las fronteras geográficas y sociales y son imitadas, en mayor o menor medida, por otros grupos humanos. Un ejemplo de ello es la influencia de la civilización occidental: aunque nació en torno al mundo mediterráneo (Grecia, Roma, Palestina), durante la Edad Media fue avanzando por Europa hasta que, a partir del siglo XV, «exportó» gran parte de sus valores a América, Oceanía y partes de África y Asia.

Los conquistadores europeos llevaron a América sus patrones de civilización, los cuales, fusionados con la sensibilidad autóctona, hicieron posible construcciones tan bellas como la iglesia mexicana de Santa María de Tonantzintla (imagen superior). En China, por el contrario, la aportación extranjera sufrió un fuerte rechazo. La imagen de abajo muestra un fragmento de la decoración de la «Ciudad Prohibida» de Pekín, de acusados rasgos orientales.

Los conquistadores europeos llevaron a América sus patrones de civilización, los cuales, fusionados con la sensibilidad autóctona, hicieron posible construcciones tan bellas como la iglesia mexicana de Santa María de Tonantzintla (imagen superior). En China, por el contrario, la aportación extranjera sufrió un fuerte rechazo. La imagen de abajo muestra un fragmento de la decoración de la «Ciudad Prohibida» de Pekín, de acusados rasgos orientales.

El grado de difusión cultural y de permeabilidad mostrada ante la irradiación de los rasgos característicos de una civilización depende de muchos factores. Por ejemplo, las civilizaciones precolombinas adoptaron muchas características culturales de los colonizadores españoles debido al largo contacto temporal y a la diferencia de progreso técnico entre ambas. Al contrario, la cultura china se mostró siempre reacia a adoptar características occidentales debido a su alto grado de desarrollo y a la escasez de contactos entre ambas culturas. La civilización occidental, a su vez, ha recibido la influencia de otras culturas y civilizaciones a pesar de su predominancia actual: el alfabeto de los fenicios, los números de la tradición hindú islámica, el papel de China, etc. Todo ello quiere decir que la difusión no depende tanto de la hegemonía política o militar (los conquistadores germánicos se «convirtieron» en muchos casos a la derrotada cultura grecorromana) sino al diferente desarrollo entre unos y otros.

Rasgos de culturas y civilizaciones

Aunque la cultura está compuesta por innumerables factores, existen tres que suelen aparecer de forma constante y que tienen una gran influencia en las sociedades humanas: la cuestión etnográfica, la lengua y la religión. Este tipo de factores en ningún caso debería servir para establecer una categorización jerárquica de las culturas ya que, objetiva o científicamente, no se puede afirmar por ejemplo que la lengua española sea mejor que la china.

Además, hay que tener en cuenta que para muchos autores, las sociedades humanas evolucionan de acuerdo a sus necesidades específicas y a las soluciones que ellas mismas pueden desarrollar o conseguir a través del intercambio cultural. Por ejemplo, los países europeos consiguieron un alto grado de sofisticación armamentística durante la época moderna debido a que la guerra formó intensamente parte de su historia; la sociedad maorí australiana, por su parte, no tuvo dicha necesidad ya que la guerra nunca alcanzó una magnitud similar a la europea.

Etnia y raza

Aunque han sido numerosas las teorías sobre el número de razas humanas, en la actualidad se sostiene que éstas se reducen a cuatro (de arriba abajo en la imagen): blanca o caucásica, negra, amarilla o mongoloide y cobriza.

Aunque han sido numerosas las teorías sobre el número de razas humanas, en la actualidad se sostiene que éstas se reducen a cuatro (de arriba abajo en la imagen): blanca o caucásica, negra, amarilla o mongoloide y cobriza.

Aunque han sido numerosas las teorías sobre el número de razas humanas, en la actualidad se sostiene que éstas se reducen a cuatro (de arriba abajo en la imagen): blanca o caucásica, negra, amarilla o mongoloide y cobriza.

Aunque han sido numerosas las teorías sobre el número de razas humanas, en la actualidad se sostiene que éstas se reducen a cuatro (de arriba abajo en la imagen): blanca o caucásica, negra, amarilla o mongoloide y cobriza.

El concepto de raza, aplicado a la especie humana, es científicamente poco riguroso. Ello es así porque no se basa en la genética sino en una serie de rasgos físicos externos (sobre todo, el color de la piel), para clasificar a los distintos grupos humanos. Aunque el término suele usarse inadecuadamente –para referirse a pueblos como el gitano o el judío, por ejemplo–, en puridad sólo existen cuatro grandes razas humanas: la blanca o caucásica, la negra o negroide, la amarilla o mongoloide y la cobriza.

En cualquier caso, las diferencias entre razas son muy superficiales. La ciencia afirma, sin ninguna sombra de duda, que todos los seres humanos pertenecen a la misma especie (Homo sapiens) y que sus diferencias genéticas son prácticamente insignificantes –además, éstas no tienen nada que ver con el color de la piel y otros aspectos físicos externos–.

Por ello, en vez de raza, los antropólogos prefieren emplear el término etnia (del griego ethnos, nación). Un grupo étnico es un colectivo humano unido por una serie de lazos comunes, no sólo raciales –si es el caso– sino también culturales, religiosos, lingüísticos o históricos. Una etnia está generalmente vinculada a un territorio (se puede constatar que muchos estados nacionales se han construido sobre una base étnica) pero hay casos –como el de los judíos y gitanos– en los que el grupo étnico se encuentra disperso por todo el mundo. Por otra parte, el factor religioso es determinante en la configuración de la etnia judía pero otras se definen sobre todo por su singularidad lingüística –caso de los flamencos en Bélgica–.

Todo ello quiere decir que, a la hora de identificar a las diferentes culturas mundiales, no se puede emplear de forma exclusiva o estricta ninguno de estos conceptos. Un afroamericano, a pesar de no ser de raza caucásica, puede participar plenamente de la cultura occidental imperante en los Estados Unidos e incluso, se puede convertir en un protagonista de la evolución de la misma –por ejemplo, participando en la definición de una ética social como fue el caso de Martin Luther King–. Los conceptos de etnia o raza, éste en menor medida, pueden servir pues para hacer una diferenciación inicial pero en ningún caso definitiva.

Lengua

La lengua es un conjunto de signos orales y escritos empleados para comunicarse por los integrantes de una comunidad humana. Esto quiere decir que se trata de un componente clave a la hora de distinguir e identificar distintas culturas: todas las personas que compartan una misma lengua serán susceptibles de pertenecer a una misma cultura; en cambio, una persona que no hable un idioma o lengua determinado tendrá más dificultades en participar del intercambio cultural propio de una sociedad determinada.

Esta afirmación necesita, en cualquier caso, ser relativizada ya que todo dependerá de los factores que se utilicen para definir a una cultura en concreto. Por ejemplo, si se deciden manejar los componentes de estructura socioeconómica, política y tecnológica es posible hablar de una cultura en la que la lengua no es un factor excluyente. Así, la cultura occidental se caracteriza por el capitalismo democrático y un desarrollo tecnológico avanzado, pero está integrada por hispanoparlantes, angloparlantes, francoparlantes, etc. Se puede hablar pues de una globalización cultural: distintos grupos humanos comparten unos mismos rasgos culturales.

A pesar del fenómeno globalizador, la lengua, si se tiene en cuenta el matiz introducido, servirá para definir culturas en cuanto es el vehículo de transmisión de ciertos valores sociales (los usos y costumbres, por ejemplo) a través del proceso de endoculturación. Es posible hablar de una cultura argentina dado que algunas costumbres tradicionales y definitorias se han podido transmitir de padres a hijos a través de la lengua. Dicha cultura argentina no será en cualquier caso una cultura cerrada y absoluta ya que, a través de la lengua, es partícipe asimismo de una «mayor» como es la hispana; además, al adoptar algunos factores externos también conseguirá traspasar las limitaciones propias de la lengua y participar activamente de la cultura occidental.

El mapa muestra las zonas de la Tierra donde se hablan las principales lenguas. La enorme diversidad étnica de algunas grandes metrópolis, como Nueva York (vista de Manhattan en la imagen), ha convertido a estas ciudades en auténticas «torres de Babel» del mundo moderno.

El mapa muestra las zonas de la Tierra donde se hablan las principales lenguas. La enorme diversidad étnica de algunas grandes metrópolis, como Nueva York (vista de Manhattan en la imagen), ha convertido a estas ciudades en auténticas «torres de Babel» del mundo moderno.

En este sentido, es conveniente a menudo manejar los conceptos de lenguas maternas o vernáculas, las cuales definen los grupos culturales «locales», y las lenguas vehiculares, capaces de actuar como canales transmisores de cultura.

Lenguas maternas o vernáculas. La lengua materna, nativa o vernácula es aquella que primero aprende una persona, al ser la empleada en el seno familiar. Atendiendo al número de hablantes nativos, las principales lenguas del mundo son el chino mandarín, el hindi (llamado urdu en Pakistán), el español, el inglés, el árabe, el bengalí, el portugués, el ruso, el japonés y el punjabí. Todas ellas superan el número de cien millones de hablantes nativos. Sin embargo, existen muchas otras lenguas en el mundo y cada una de ellas puede servir para definir un grupo cultural.

Lenguas vehiculares. La lengua vehicular es aquella no aprendida en el seno familiar pero ampliamente utilizada con fines comerciales o culturales. El latín se impuso como lengua vehicular entre la multitud de pueblos integrantes del Imperio romano y lo mismo ocurrió con el árabe, el español o el francés. Desde el siglo XX, es el inglés el idioma vehicular por excelencia del mundo: de hecho, en la actualidad, el número de personas que hablan inglés sin ser su lengua vernácula es superior al de angloparlantes nativos. Otros ejemplos significativos de lenguas vehiculares actuales son, en sus respectivos ámbitos geográficos, el chino mandarín, el hindi, el español, el árabe, el bengalí, el malayo indonesio, el portugués, el ruso y el francés.

Religión

Distribución sobre la tierra de las religiones más practicadas.

La religión es un conjunto de creencias y de ritos que pretenden poner en contacto a los seres humanos con la divinidad. Ofrece una respuesta sobrenatural a los grandes misterios de la existencia, desde el origen del mundo hasta el porqué de la muerte –y lo que hay más allá de ésta– pasando por el sentido de la vida humana o el fenómeno del mal. Estas respuestas se articulan en creencias, credos, ritos, normas de conducta e instituciones más o menos complejas según el estadio cultural alcanzado por la sociedad.

En cualquier caso, la observancia religiosa está muy vinculada a la conducta moral ya que determina claramente lo que se espera de cada persona, lo que está bien y lo que está mal. Esto quiere decir que la religión trasciende el ámbito de lo sobrenatural para influir directamente en el mundo de lo social, a veces organizando a la sociedad de acuerdo a unas normas y leyes (los Diez mandamientos, la ley coránica, etc.). Por ello se dice que la religión es un componente fundamental de la cultura: no sólo organiza las ideas de lo sobrenatural que pueden existir en una sociedad sino que a menudo, también la estructura, diferenciándola de otros grupos humanos con religiones distintas.

En este sentido, es posible distinguir diferentes ámbitos culturales e incluso civilizaciones atendiendo a las principales religiones del mundo: el islam (con sus dos grandes ramas: sunní y chiita), el cristianismo (con las vertientes católicas, protestantes y ortodoxas), el judaísmo, el hinduismo, el budismo, el confucianismo, el taoísmo, el sintoísmo y el animismo.

Judaísmo. Tras la destrucción del templo de Jerusalén (70 d.C.), el judaísmo se diseminó por casi todo el mundo en la llamada diáspora, un fenómeno que se repitió en algunos territorios con las expulsiones forzosas de judíos (España en 1492, por ejemplo). La constitución del Estado de Israel a mediados del siglo pasado atrajo a muchos judíos de la diáspora aunque, no obstante, sigue habiendo importantes comunidades judías fuera de Israel (sobre todo en los Estados Unidos).

Cristianismo. A pesar de ser una religión que brotó del judaísmo, es decir, en Oriente Próximo, hoy en día ha quedado desplazada de su «cuna» por el islam. Sin embargo, es una de las grandes religiones mundiales y se extiende por casi toda Europa, América y Oceanía, así como en ciertas zonas de África (caso de Etiopía) y Asia (caso de Filipinas). Esto se debe especialmente a su fuerte arraigo en Europa y a la colonización de diversas partes del mundo por parte de los europeos.

Islam. A partir de su pequeño núcleo inicial en la península de Arabia, el mundo islámico se ha expandido hasta ocupar en la actualidad casi todo el Oriente Próximo, el norte de África, algunas zonas de Europa (Bosnia, Albania, Turquía, etc.), el centro de Asia, el suroeste de Rusia, el norte de la India, Malasia, Indonesia y el sur de Filipinas. De hecho, aunque el centro islámico por excelencia es la ciudad de La Meca (Arabia Saudí), es en Indonesia donde más musulmanes viven.

Hinduismo. Se localiza principalmente en el subcontinente indio, con algunos enclaves aislados como la isla de Bali (Indonesia). Es también practicado en las numerosas comunidades indias del exterior (Malasia, Reino Unido, Sudáfrica, etc.). Se trata de una religión politeísta con fuertes implicaciones sociales (sistema de castas).

Budismo. Nacido en la India con la predicación de Buda, por número de fieles se trata de la cuarta religión mundial. Tiene su principal asiento al este de Asia aunque desde la década de 1980, cuenta con numerosos adeptos en Europa y Norteamérica. Al ser una religión que se concentra más en los aspectos existenciales que teológicos, tiene una gran importancia social.

El monoteísmo religioso está representado por tres grandes confesiones: judaísmo, cristianismo e Islam. Las imágenes muestran tres lugares representativos de cada una de ellas: la basílica de San Pedro del Vaticano (arriba), el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén (en medio) y la mezquita imperial de Badshahi, en la ciudad paquistaní de Lahore (abajo).

El monoteísmo religioso está representado por tres grandes confesiones: judaísmo, cristianismo e Islam. Las imágenes muestran tres lugares representativos de cada una de ellas: la basílica de San Pedro del Vaticano (arriba), el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén (en medio) y la mezquita imperial de Badshahi, en la ciudad paquistaní de Lahore (abajo).

El monoteísmo religioso está representado por tres grandes confesiones: judaísmo, cristianismo e Islam. Las imágenes muestran tres lugares representativos de cada una de ellas: la basílica de San Pedro del Vaticano (arriba), el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén (en medio) y la mezquita imperial de Badshahi, en la ciudad paquistaní de Lahore (abajo).

Taoísmo y confucianismo. Estas dos religiones nacieron en China y con el paso del tiempo, se han expandido por gran parte del Extremo Oriente. Se trata de dos religiones que comparten numerosos puntos en común como la alternancia entre el ying y el yang. Esta confluencia y el hecho de que mientras que el taoísmo se centra en lo místico y en los conceptos teológicos más complejos, el confucianismo trata lo social, ha provocado un alto grado de sincretismo entre ambas.

Sintoísmo. Aunque confinada al Japón, lugar donde nació, el sintoísmo es una religión importante debido a que ha ayudado a forjar numerosas costumbres niponas y, entre otras cosas, legitimar el sistema político imperial.

Animismo. Más que una religión formal, se trata de un conjunto de creencias comunes en muchos pueblos. Atribuye alma no sólo a todos los seres vivos sino también a los objetos inanimados y a los fenómenos naturales. Abarca casi todo el África subsahariana, las regiones árticas (esquimales y pueblos siberianos), las regiones amazónicas (entre los pueblos amerindios) y el interior de Australia (entre los aborígenes).

Ritual sintoísta en un templo de Tokio. El sintoísmo es un credo ampliamente difundido en el «país del sol naciente».

Una línea divisoria entre estas religiones es la que separa a las tres grandes creencias monoteístas –el judaísmo, el cristianismo y el islam– del resto. Las tres religiones citadas tienen un origen común y numerosas coincidencias dogmáticas como la creencia en un solo dios creador o en un juicio final. A pesar de este origen común y las similitudes existentes, están claramente diferenciadas y por tanto, configuran grupos culturales distintos. Esto está motivado, en algunas cuestiones, por el alto grado de conflictividad que han mostrado a lo largo de la historia.

Contrariamente, hay religiones que consiguen convivir en una misma sociedad intercambiando sus características mediante el fenómeno denominado sincretismo. Éste consiste en la fusión de elementos tomados de distintas religiones y es frecuente en el este de Asia (en China, budismo, taoísmo y confucianismo llegan a confundirse; en Japón ocurre lo mismo entre budismo y sintoísmo) y en algunos territorios de Latinoamérica, donde el cristianismo se ve influenciado por creencias animistas existentes entre las culturas precolombinas o mantenidas por los esclavos africanos llevados allí en la etapa colonial.