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14 artículos

Apariencia y realidad

La teoría del conocimiento siempre se ha basado en la consideración de dos polos distintos: unas facultades que intentan conocer, y un objeto o cosa que se quiere conocer. La distancia entre uno y otro extremo ha conducido a la contraposición de dos mundos: el real y el aparente. Esta cuestión, que desde una perspectiva natural u ordinaria puede parecer innecesaria, constituye sin embargo la base del pensamiento filosófico de todas las épocas, ya que si el objeto de la filosofía es conocer lo que existe, ¿cómo saber que aquello que uno considera cierto no es sino algo aparente, accidental o innecesario?. Imaginemos que se intenta conocer un objeto cualquiera, como un árbol. Según la teoría del conocimiento clásica, se puede distinguir entre la imagen mental del árbol y el árbol mismo, que crece al margen del entendimiento humano y es por sí. ¿Qué garantía hay de que la imagen mental que el hombre tiene del árbol se corresponde con la naturaleza del árbol mismo? Podría suceder...

El saber científico

Desde un punto de vista etimológico, el concepto de ciencia halla su origen en el de scientia, que procede de scier y quiere decir «saber». Así, en rigor, la ciencia está íntimamente ligada al saber y al conocimiento objetivo, que está dirigido por unas reglas concretas y un método preciso. Sin embargo, popularmente también se llama ciencia al hecho de saber algo indeterminado acerca de las actividades más diversas, como «la ciencia del amor» o «la ciencia del saber estar». Por ello, para realizar una caracterización cabal del concepto de ciencia lo primero que debe hacerse es diferenciar su sentido etimológico y académico de su significado vulgar y general. El origen de la ciencia moderna occidental se encuentra en la Grecia clásica, donde se llevaron a cabo las primeras caracterizaciones sistemáticas de la actividad científica. En su Metafísica, Aristóteles (384-322 a.C.) realizó una clasificación de las actividades humanas relacionándolas con el saber y con el grado de...

El trabajo

El concepto de trabajo está revestido de cierta ambigüedad, puesto que hace referencia a dos realidades similares pero no idénticas. Por un lado designa la actividad que produce algo útil, lo que supone un enunciado objetivo del fenómeno; por otro apunta a una labor penosa, que implica esfuerzo y sacrificio, lo que configura, en cierto sentido, una consideración moral del concepto. Desde un punto de vista etimológico, el término trabajo procede de la palabra latina tripaliare, que quiere decir «torturar», lo que indica que, en su origen, el trabajo estaba emparentado con el sufrimiento antes que con la ejecución de actividades útiles. Otros dos términos latinos sirven para hacer referencia al trabajo e inciden en unos significados similares: opus, que quiere decir obra, acción de fuerza, y laboro, que indica laboriosidad. Esta doble significación del concepto también se encontraba en los dos términos empleados en el griego clásico para referirse al trabajo: enérgeia, equivalente a...

Facultades del conocimiento. Sensación y percepción

Una de las características más importantes de la filosofía consiste en su capacidad para volver sobre sí misma con el fin de determinar la validez de las verdades que propone. De esta forma, es habitual leer en la obra de los filósofos más notorios que pensar es reflexionar, volver sobre lo ya pensado con el fin de obtener una conciencia más certera de ello. Esto lleva a la filosofía a replantearse continuamente cómo se llega a un conocimiento «verdadero». Sin embargo, como la filosofía se basa en el pensamiento en tanto que facultad universal, como parte esencial de la naturaleza humana, lo que se analiza no es tanto cómo piensa o se acerca a la realidad éste o aquél filósofo sino la manera en la que razona el hombre mismo, cómo el ser humano conoce el mundo que le rodea. De esta forma, cuando se legitima a sí misma en tanto que ciencia del conocimiento también legitima al hombre y a las demás ciencias particulares. Por contra, cada vez que estudia la manera en la que una ciencia...

La metodología científica

La ciencia es un modo de conocimiento formulado en un lenguaje riguroso y elaborado de acuerdo con una metodología adecuada, de tal forma que lo que la distingue de cualquier otra forma de saber es, sobre todo, la posesión de un método específico de investigación. El saber ordinario, por el contrario, constituye una forma de expresión que contiene un conocimiento impreciso y relativo de las cosas, que se presenta de manera asistemática y sin ningún grado de objetividad. La historia del pensamiento y la historia de las ciencias suponen, en este sentido, una tentativa por determinar cuál es la manera adecuada de abordar el fenómeno del saber y cómo marcar las distancias entre el conocimiento basado en una metodología y el saber ordinario, que se halla desprovisto de ella. Por otra parte, la consideración de un método que satisfaga las exigencias más apremiantes de la investigación científica supone la confrontación de dos vías: la que va desde la razón y la lógica hasta los hechos,...

La técnica y la tecnología

La técnica y la tecnología constituyen la prolongación natural de la ciencia y de la consideración racional de la realidad. La filosofía, contra lo que muchos suelen pensar, no se limita a describir el mundo en términos abstractos. El pensamiento de Hegel, por ejemplo, llamaba al ser humano a tomar las riendas de lo real, a transformar la naturaleza a través del trabajo y de la técnica. Ahora bien, ¿cuáles son las consecuencias de esta consideración técnica del mundo? ¿Hasta qué punto puede el hombre transformar lo real sin verse expuesto a unas consecuencias que no puede controlar? En otras palabras: el sujeto puro del conocimiento, que René Descartes se encargó de postular en sus meditaciones, sólo existe desde una consideración abstracta del hombre y su mundo. En lo que se refiere al mundo real, «de carne y hueso», el despliegue del saber conduce a la consideración del mundo como instrumento para la satisfacción de unos anhelos y unas necesidades. De esta manera, la técnica y la...

La verdad

Como corolario a todas las consideraciones en torno a la teoría del conocimiento aparece la verdad. Las estructuras gnoseológicas, las facultades humanas, la relación entre Dios y el hombre, los fenómenos, las cosas en sí..., todos los conceptos trazados a lo largo de la historia del pensamiento poseen un único fin: hallar la verdad. Lo verdadero ha sido concebido desde distintos puntos de vista, atendiendo a la manera en que cada periodo histórico y cada pensador han comprendido el mundo, de tal forma que ha acabado presentándose como un reflejo de la concepción del hombre y su realidad. Así, estudiar la verdad supone acercarse a la esencia humana y a sus expectativas a partir de la relación entre los contenidos mentales y las estructuras de la mente del hombre y los objetos que pueblan el mundo. El concepto de verdad puede tener una serie de significaciones muy diversas, de tal modo que hace referencia tanto a la existencia real de una cosa como a la verdad de un juicio, de una...

Las revoluciones científicas

El concepto de revolución posee una serie de significaciones emparentadas, de tal modo que puede hacer referencia tanto a los cambios bruscos dentro del transcurrir de la política o de la ciencia como al movimiento regular de un objeto o fenómeno cualquiera. El origen del término se encuentra en una metáfora científica, más concretamente astronómica, que indica que las revoluciones son «el movimiento de un astro en todo el curso de su órbita». En lo que se refiere a su aplicación política, el empleo del concepto astronómico halla su justificación en el hecho de que, según los historiadores y los políticos, los procesos históricos y sociales están conformados por cuatro fases distintas: la tiranía, la resistencia, la guerra civil y la restauración. Sin embargo, desde un punto de vista histórico y científico, el concepto de revolución hace una referencia directa tanto a la profunda transformación que Nicolás Copérnico (1473-1543) operó en el mundo de la cosmología cuando demostró...

Los límites del conocimiento

La teoría del conocimiento supone la comprensión del conocer a través de la relación entre unas facultades que conocen, que se encuentran en un sujeto, y un objeto que es conocido, y que suele situarse en el mundo de la experiencia. Las diferentes teorías que llenan la historia del pensamiento occidental han acotado el alcance del conocimiento humano determinando la forma en la que se relacionan ambas estancias, bien dándole mayor libertad al sujeto y reduciendo el alcance del objeto; bien limitando las facultades del conocimiento y concibiendo el objeto como una realidad que no puede ser ni manipulada ni transformada. En esta delimitación del conocer humano es mucho lo que se pone en juego. Un conocimiento ilimitado supone la aprehensión completa del mundo, y legitima al ser humano para que lo utilice y lo explote como se le antoje, como si se tratase de un nuevo dios racional que es capaz de crear y destruir. Por el contrario, un conocimiento restringido por las circunstancias,...

Los procesos del conocimiento

A la hora de conocer una realidad cualquiera, uno de los hechos más determinantes es la manera en la que el sujeto delimita el objeto de estudio y los procesos que sigue para llegar al establecimiento de la verdad. La teoría del conocimiento no puede limitarse en este sentido a describir la forma en la que funcionan las facultades del conocimiento, la sensación, la apariencia o la verdad. También hay que analizar cómo se concibe el objeto de estudio y qué relación guarda éste con otros objetos y conceptos. Dentro de los procesos de conocimiento cabe destacar muy particularmente tres: la abstracción, la inducción y la deducción, cada uno de los cuales ha estado sujeto a importantes y determinantes estudios a lo largo de la historia del pensamiento y de la teoría del conocimiento. En filosofía, se denomina abstracción a la operación mediante la cual el sujeto elige el objeto o propiedad del objeto que va a estudiar y lo separa de los otros objetos o propiedades que lo rodean, sean...

Método científico

El objetivo de la ciencia, especialmente de las experimentales en mayor o menor grado, es establecer teorías que permitan conocer lo desconocido a partir de observaciones. Ello lleva a fundamentar los desarrollos teóricos en los resultados empíricos y, a su vez, a refrendar la validez de las teorías científicas por su valor predictivo o explicativo de los fenómenos naturales. Este conjunto de hipótesis contrastadas experimentalmente se reúnen en un cuerpo doctrinal de conceptos y leyes de interrelación. Así pues, según el procedimiento aceptado del método científico, el comienzo de una ley está en las observaciones. A partir de ellas, se elabora una explicación racional y coherente de las mismas que recibe el nombre de hipótesis. El paso siguiente es el contraste de estas hipótesis en un doble plano: con nuevos hechos observados y con aplicación a predicciones. Si este contraste es positivo, la hipótesis se revela como veraz y pasa a la categoría de ley. En caso contrario, la...

Método deductivo

En la antigüedad y en periodos posteriores no ha sido inhabitual que el ser humano busque explicación a los fenómenos del mundo que le rodea en las acciones de unos poderes ocultos identificados con diversos dioses. Así, por ejemplo, el hecho de que la cosecha de un año hubiera sido buena se comprendía por la benevolencia de la deidad de la agricultura y, si había sido mala, se justificaba por la irritación de esa misma deidad por alguna ofensa de los campesinos. Entre los primeros grupos de pensadores que rechazaron este tipo de justificaciones y en afirmar que el hombre puede explicarse todo con el único ejercicio de su capacidad de razonar fueron los filósofos griegos, conocidos con el nombre de presocráticos. Entre ellos, por su influencia en la matemática, puede citarse a Euclides y a Tales de Mileto. En el siglo IV a.C., Aristóteles aportó los principios de la lógica, que consideraba imprescindible para llegar a conclusiones correctas. El filósofo griego definió dos métodos...

Método inductivo

En el siglo IV a.C., Aristóteles, consciente de la importancia de la observación y la experiencia, definió la inducción como el método lógico que permitía pasar de lo particular (lo observado) a lo general (lo universal). En resumen, el método inductivo afirma que lo que se cumple en algunos casos es ampliable a otros, aunque éstos no se hayan presentado. En matemáticas, la inducción no se entiende literalmente en el sentido de lo anteriormente expuesto, sino más bien como un razonamiento que permite justificar una proposición dependiente de un parámetro, n, siguiendo este esquema:. Demostración de que la proposición es cierta para n = 1. Aceptación de que si es cierta para n = k, también lo es para n = k + 1. Así, por ejemplo, si se desea probar por inducción la igualdad:. 2 + 4 + 6 + ... + 2 n = n (n + 1). según lo dicho, se procederá de la siguiente manera:. Comprobación de que la igualdad es cierta para n = 1. Efectivamente:. 2 ·1 = 1 · (1 + 1). Si se admite que es...

Reducción al absurdo

Los primeros geómetras surgieron en Egipto, Sumeria y Babilonia y sus trabajos estaban encaminados a solucionar cuestiones eminentemente prácticas, ligadas con la agrimensura y la construcción. Los griegos, desde el siglo VII a.C. en adelante, recogieron sus conocimientos, logrados por simple empirismo, y trataron de sistematizarlos, aplicando métodos científicos. Esta actitud fue seguida por los matemáticos de épocas posteriores. Cristalizaron en la creación de métodos de trabajo que, aunque no exclusivos de la geometría, son de profusa aplicación en este campo. Uno de ellos es la reducción al absurdo. Este método consiste en negar, en principio, lo que se quiere afirmar. Si razonando en este supuesto se llega a algo falso, evidentemente no cabe esa negación, con lo que la proposición de partida es cierta. Un ejemplo sencillo parte del siguiente teorema: “si dos rectas, a y b,son paralelas a una tercera, c, son paralelas entre sí”. Aplicando la reducción al absurdo se diría:...