Antonin Dvorak

    Antonin Dvorak (1841-1904), compositor checo, logró el reconocimiento mundial gracias a la fusión del estilo popular de su país con las tendencias del romanticismo tardío.

    Nacido en Nelahozeves, ciudad cercana a Praga, República Checa, el 8 de septiembre de 1814, aprendió los fundamentos del arte musical en Zlonice, donde además estudió alemán. El desarrollo de su formación quedó interrumpido a los 15 años, cuando, siendo el mayor de ocho hermanos, se vio obligado a trabajar en la carnicería de su padre, dada la mala situación económica de la familia. En 1857 se trasladó a Praga para continuar sus estudios en la Escuela de Órgano. Dos años después ingresó en el Teatro Nacional Checo de Praga como violinista, al tiempo que impartía lecciones de música para incrementar sus escasos ingresos. Fruto de sus primeras incursiones en el ámbito escénico son sus óperas Alfred (1870) y El rey y el carbonero (1871), ambas escritas bajo la influencia de Richard Wagner. La auténtica popularidad la consiguió con su obra Hymnus (1873), que narra una epopeya histórica de su país, mientras que el reconocimiento internacional lo obtuvo al ser galardonada su Sinfonía en mi bemol mayor (1874) en un concurso celebrado en Austria.

    Entre 1874 y 1877 ejerció el cargo de organista de la iglesia de San Vojtech de Praga. En 1879 publicó Danzas eslavas y Cantos moravios gracias al apoyo de Johannes Brahms, el cual convenció a su propio editor (Simrock) para que las incluyese en su catálogo. El éxito del estreno en Londres de su Stabat Mater (1884) le abrió las puertas de Gran Bretaña, país al que acudió con frecuencia con el fin de dar a conocer sus nuevas obras.

    A partir de 1891 comenzó a impartir clases de composición en el Conservatorio de Praga y al año siguiente aceptó la invitación de dirigir el Conservatorio Nacional de Nueva York, donde creó una importante escuela de discípulos que ejercerían un importante papel en la vida musical de los Estados Unidos. A esta época se remonta la Novena Sinfonía “Del Nuevo Mundo” (1893), que muestra su interés por la música india y afroamericana.

    En 1895 regresó a su país, retomando sus clases en el Conservatorio de Praga. Los poemas sinfónicos Vodnik y Polednice así como la ópera Armida (1904) fueron el resultado de su dedicación compositiva en los últimos años de su vida. Falleció en Praga el 1 de mayo de 1904.

    La música de Dvorak abarca un amplio abanico de géneros, que son fiel reflejo de sus inquietudes por todo tipo de expresión musical. Rasgos principales de su estilo son la adscripción al nacionalismo musical y su correspondiente exaltación de los valores autóctonos; el empleo de fuentes folclóricas; la fertilidad creativa gracias a su rica imaginación melódica; el perfecto conocimiento de la orquestación, lo que le permitía una notable sofisticación técnica y la experimentación de nuevos colores armónicos mediante la ambigüedad tonal y las modulaciones atrevidas.

    En su música orquestal (sinfonías, poemas sinfónicos, rapsodias y conciertos) revela la impronta de Brahms en el aspecto formal y de Wagner en el plano de la armonía sonora. Asimismo se sintió inclinado hacia los géneros camerísticos (tríos y cuartetos) debido a su formación como violista.

    Si en los comienzos de su trayectoria artística se sintió influenciado por los compositores del romanticismo, a partir de la década de los 60 abrazó con entusiasmo las tendencias renovadoras que propugnaban la creación de alternativas nacionales mediante el recurso a las formas y danzas populares checas (mazurca, dumka, sparcirka o furiant). Muestras de ello son el último movimiento de su Sexta Sinfonía (1886), escrito siguiendo el ritmo de esta última danza, o los seis movimientos del Trío para piano op. 90, estructurados conforme a la dumka.