Alemania

En el corazón de Europa se halla Alemania, una de las grandes potencias económicas del mundo. La literatura, la filosofía y la música, entre otras manifestaciones culturales y artísticas de la humanidad, tienen una deuda impagable con esta nación que fue capaz de rehacerse tras la terrible devastación sufrida en la Segunda Guerra Mundial y su posterior división política entre las potencias vencedoras.

Bandera de Alemania.

Medio físico

Alemania limita al norte con el mar del Norte, Dinamarca y el mar Báltico; al este, con Polonia, la República Checa y Austria; al sur, con Austria y Suiza; y al oeste, con Francia, Luxemburgo, Bélgica y los Países Bajos. Se extiende sobre una superficie de 357.021 kilómetros cuadrados.

Vista aérea de la montaña Zugspitze en los Alpes bávaros, que con sus 2.962 metros es la más alta de Alemania.

El tercio norte del territorio alemán es una zona de llanuras surcada por varios ríos. El noroeste, a lo largo de la costa frisona y junto a la frontera neerlandesa, es una región pantanosa. Las costas son aquí bajas y arenosas. En torno a Hamburgo se extiende una depresión, en la que se halla el punto más bajo de la nación, tres metros por debajo del nivel del mar. El litoral báltico del nordeste es también mayoritariamente arenoso, aunque con algunas zonas de acantilados. En dirección sur desde la costa del mar del Norte se encuentra el valle del Rin. Pequeñas mesetas y colinas (Eifel y Hunsrück) se alzan al oeste de este curso fluvial, así como al norte y este de Frankfurt (Taunus, macizo de Vogelsberg, Rhön y selva de Turingia). Al sur de Berlín, en la zona centro-este de la nación, se encuentra otra zona de llanuras, con suelos arenosos y tierras pantanosas, que se prolonga hasta los montes Metálicos (en la frontera checa). El sur de Alemania es una región muy montañosa, dada su proximidad a la cordillera alpina. En las comarcas fronterizas con Austria se alzan los Alpes de Argovia y los Alpes bávaros. En estos últimos se levanta el pico más alto de la nación: el Zugspitze (2.962 metros). Al sudoeste, en la frontera con Francia, se encuentra la Selva Negra, zona geográfica que separa el curso del Rin del nacimiento del Danubio. Este curso fluvial discurre hacia el este, surcando el suelo de los estados alemanes meridionales hasta las selvas de Bohemia y Baviera, donde convergen los territorios alemanes, checos y austriacos.

La Selva Negra (vista parcial en la imagen) es una amplia zona boscosa que separa el curso del Rin del nacimiento del Danubio, cerca de la frontera con Francia.

Los ríos más importantes de Alemania fluyen de sur a norte, para desembocar en el mar del Norte (Rin, Ems, Weser, Elba) o en el Báltico (Oder, que marca junto con el Neisse la frontera con Polonia). La excepción es el Danubio, que, como se ha señalado, discurre hacia el este tras su nacimiento y travesía por suelo germano, donde recorre casi 700 kilómetros. Los principales afluentes del Rin son el Meno, el Neckar y el Mosela.

Los lagos más importantes de Alemania son de origen glaciar. Al sur del país se hallan el Bodensee o lago de Constanza (el 62 % de su ribera está en Alemania, y el resto en Suiza), el Chiemsee, el Starnberg y el Ammer. Al nordeste se encuentra el Müritz.

Panorámica del lago Constanza, que reparte sus riberas entre Alemania y Suiza.

El clima es oceánico templado en las zonas costeras del norte y en el noroeste, con inviernos relativamente suaves y veranos frescos. La humedad es alta en estas regiones a lo largo de todo el año, siendo frecuentes los cielos nubosos. Hacia el sur y el este, en las zonas más alejadas del mar, las condiciones climáticas tienden a ser continentales: los inviernos son mucho más fríos y los veranos más calurosos. Las precipitaciones son más bajas en estas regiones. De vez en cuando sopla el föhn, un viento cálido y seco de procedencia alpina que hace que las temperaturas estivales lleguen a superar los 30 ºC. No obstante, predominan en buena parte del país los vientos húmedos de componente oeste. La temperatura media en Hamburgo es de 0,3 ºC en enero y de 17,1 ºC en julio; en la capital, Berlín, de -1 y 18,6 ºC, respectivamente; y en Munich, de -2,2 y 17,6 ºC.

Flora y fauna

Las principales especies arbóreas de los bosques alemanes son los abetos, las hayas, los robles y los pinos. En los litorales arenosos del norte abundan los brezos y los marjales. Jabalíes, ciervos, tejones, lobos, zorros y comadrejas son algunos de los mamíferos salvajes que habitan en suelo germano. Hay que señalar también la presencia de aves migratorias como los ánsares y los pinzones. En los ríos abundan las poblaciones de truchas y de carpas. En las aguas de los mares Báltico y del Norte viven, entre otros peces, bacalaos y arenques.

Población

Demografía

La población alemana supera los 80 millones de personas, de las que cerca del 75 % vive en entornos urbanos. La densidad poblacional es de más de 226 habitantes por kilómetro cuadrado. Las zonas con mayor concentración de población son la cuenca del Ruhr, el valle del Rin, el norte del país y Baviera. La esperanza de vida es de 78 años para los hombres y de 83 para las mujeres. La tasa de crecimiento vegetativo de la población alemana ha experimentado una fuerte caída en las últimas décadas, en las que la tasa de fecundidad ha pasado a ser una de las más bajas del mundo. Las ciudades alemanas con mayor número de habitantes son Berlín (capital federal), Hamburgo, Munich, Colonia y Frankfurt. Si se tienen en cuenta las áreas metropolitanas o conurbaciones, las cinco más pobladas son la del Rin-Ruhr (incluye el distrito de Düsseldorf-Colonia y las ciudades de Essen, Dortmund, Duisburgo y Bochum), la del Rin-Meno (en torno a Frankfurt), la de Berlín, la de Hamburgo y la de Stuttgart.

Vista aérea de la ciudad de Munich (en el centro, la catedral), una de las más pobladas de Alemania.

La población alemana es mayoritariamente germánica. Entre las minorías nativas hay que señalar a los sorbios o vendos (pueblo eslavo constituido por unas sesenta mil personas, distribuidas entre los estados de Sajonia y Brandeburgo), a los daneses de Schleswig (unos cincuenta mil, concentrados en las zonas próximas a la frontera con Dinamarca) y a los frisones (en el archipiélago de Frisia oriental, bañado por el mar del Norte). Daneses y frisones, a diferencia de los sorbios, son pueblos germánicos. Dentro de la población étnicamente alemana se incluyen inmigrantes germanos procedentes de la ex Unión Soviética, Polonia y Rumania. La minoría inmigrante no alemana representa a más de 7 millones de personas, la mayor parte de las cuales son originarias de Turquía. Otros grupos numerosos de extranjeros son los formados por italianos, griegos, croatas, bosnios, neerlandeses, albaneses, serbios, españoles, austriacos, portugueses, vietnamitas, marroquíes, polacos, etc.

Lengua

La lengua oficial del país es el alemán. Existen numerosos dialectos de este idioma, agrupados en tres grandes núcleos: el alto alemán o Hochdeutsch (hablado al sur en sus tres modalidades: alemánico, bávaro y fráncico), el alemán medio o Mitteldeutsch (en el que se distinguen el turingio y el alto sajón) y el bajo alemán o Plattdeutsch (dividido entre bajo fráncico y bajo sajón, el primero muy relacionado con el neerlandés y hablado en las zonas fronterizas con los Países Bajos, y el segundo extendido en el curso bajo del Elba). Asociados a las minorías, también se hablan danés, frisón y sorbio o vendo.

Religión

Las religiones mayoritarias son la cristiana protestante (ésta tuvo precisamente su cuna en Alemania, con la predicación del reformador Martín Lutero) y la católica. Cada una de ellas representa en torno a un tercio de la población alemana. Los que se declaran ateos y agnósticos suponen más del 28 % (la observancia religiosa es mucho menor en los estados orientales). El protestantismo está extendido por el norte y el este de la nación, mientras que las regiones del sur son mayoritariamente católicas (el papa emérito Benedicto XVI es natural de Baviera). La principal iglesia protestante es la Iglesia Evangélica de Alemania, seguida por las llamadas iglesias libres (baptistas, metodistas, etc.). Los musulmanes son más de 3 millones, la mayoría de origen turco. Hay varios cientos de miles de cristianos ortodoxos (griegos y serbios, sobre todo), así como 100.000 judíos, muchos de ellos procedentes de repúblicas ex soviéticas como Rusia. La comunidad hebrea de Alemania, especialmente significativa en ciudades como Berlín, Frankfurt y Munich, era a comienzos del siglo XXI la tercera más numerosa de Europa occidental.

Economía y comunicación

Datos económicos

Un tercio del territorio alemán es cultivable. Los productos agrícolas más importantes son los cereales (sobre todo trigo, cebada, centeno y avena), las papas o patatas, la remolacha azucarera, la colza, las frutas y las verduras. La ganadería es más relevante en términos económicos que el sector agrícola, destacando sus ramas bovina y porcina. Alemania se cuenta entre los principales productores mundiales de lácteos y carnes (en particular, de jamón y otros derivados del cerdo). También es significativa la producción de cerveza y de vino. La pesca de bajura es muy escasa. La de altura, algo más importante, se desarrolla en las aguas del Atlántico norte. Las extensiones forestales del país (un 30 % de su superficie) albergan numerosas explotaciones madereras.

Casi la mitad de la energía eléctrica producida en Alemania proviene del empleo como combustible del carbón. En torno a un tercio de esa electricidad generada internamente es de origen nuclear (existen 19 plantas atómicas), mientras que un 14 % se deriva del gas natural, un 6 % de distintas energías renovables y un 2 % del petróleo. La coalición gubernamental rojiverde decidió en 2000 un abandono escalonado de la energía nuclear hasta 2022, año en que todas las centrales alemanas estarían ya desmanteladas. Por otro lado, en 2005 se acordó con Rusia la construcción de un gasoducto por debajo de las aguas del Báltico que enlazaría directamente ambos países. Alemania cuenta con escasos recursos mineros, si se exceptúa al carbón. Las minas de carbón (lignito y hulla) se localizan al oeste (sobre todo en la cuenca de Ruhr y en el estado de Sarre) y en Sajonia. Existen también pequeños yacimientos de níquel, uranio, cinc, plomo y cobre, además de algunas salinas.

Alemania es una de las principales potencias industriales del mundo. Sus producciones se cuentan entre las más avanzadas tecnológicamente del planeta. El país fabrica hierro, acero, cemento, productos químicos, maquinaria, herramientas, productos electrónicos, buques y automóviles, sector este último en el que cuenta con algunas de las más importantes firmas mundiales, como BMW, Daimler Chrysler, Porsche y Volkswagen AG. En otros sectores, han alcanzado proyección internacional empresas como BASF, Bosch, E.ON y Siemens AG. La industria editorial, una de las más poderosas de Europa, es también digna de mención.

El conjunto de los servicios, al igual que en el resto de los países desarrollados, representa la porción más grande de la economía nacional y del empleo total (69,1 % del PIB y 73,8 % de la población activa). Frankfurt es el gran centro financiero del país. Allí se encuentra la sede de importantes corporaciones bancarias extendidas por todo el mundo (caso del Deutsche Bank o del Commerzbank), así como de la autoridad monetaria en el ámbito de la zona del euro: el Banco Central Europeo (BCE). El turismo es un sector que también merece ser reseñado, aunque su importancia relativa queda ensombrecida por el gran peso de otros sectores como el industrial y el financiero. El mayor número de visitantes extranjeros proviene de los Países Bajos, los Estados Unidos y el Reino Unido. Las relaciones comerciales de Alemania se llevan a cabo principalmente con Francia, el Reino Unido, Italia, los Países Bajos, otros socios de la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos. El país es el mayor exportador del mundo, por encima de estadounidenses y chinos. Sus principales exportaciones son de maquinaria, automóviles, productos químicos, productos metálicos, alimentos (cabe reseñar aquí los productos lácteos y la cerveza), bienes electrónicos de consumo y productos eléctricos. El perfil de las importaciones alemanas es muy parecido al de sus exportaciones: destacan las compras de maquinaria, automóviles, productos químicos, alimentos, textiles y metales.

La ciudad de Frankfurt (en la imagen) es el centro financiero de Alemania y sede de numerosas ferias internacionales.

La red ferroviaria alemana ronda los 42.000 kilómetros, casi la mitad de los cuales están electrificados. Existen conexiones internacionales con casi toda Europa. Las carreteras asfaltadas tienen una longitud cercana a 650.000 kilómetros, de los que casi 13.000 corresponden a autopistas. Nueve grandes autopistas se extienden por todo el país, aunque en menor medida en el antiguo territorio oriental. En cuanto a locomoción urbana, hasta 17 ciudades cuentan con sistemas de metro o trenes ligeros.

La red de canales fluviales es de unos 7.500 kilómetros. El canal de Kiel conecta el mar Báltico con el del Norte. En 1992 terminaron en Baviera las obras del canal Rin-Meno-Danubio, que conecta a su vez el puerto neerlandés de Rotterdam (en el mar del Norte) con el mar Negro. Los principales puertos fluviales son los de Colonia, Bonn, Bremen, Dortmund, Dresde, Berlín, Oldenburg, Mannheim, Karlsruhe, Magdeburgo y Stuttgart. Los puertos de mar más importantes son los de Hamburgo (segundo más grande de Europa), Kiel, Lübeck, Bremerhaven y Rostock.

El aeropuerto más importante de Alemania es el de Frankfurt (segundo de Europa en tráfico de pasajeros, sólo por detrás de Londres-Heathrow, y primero del mundo en carga), en el que aterrizan y del que despegan diariamente cientos de aviones que enlazan con las principales urbes de Europa, América, Asia y África. Otros aeropuertos destacados son los de Berlín (Aeropuerto Internacional Berlín-Brandeburgo, antiguamente conocido como Berlín-Schönefeld), Munich (Aeropuerto Internacional Franz Josef Strauss), Hannover (Aeropuerto Internacional Hannover/Langenhagen) y Düsseldorf.

Comunicación

Entre los principales periódicos alemanes deben citarse Die Welt (Berlín), Frankfurter Allgemeine (Frankfurt), Bild Zeitung (Hamburgo), Süddeutsche Zeitung (Munich), Berliner Zeitung (Berlín) y Handelsblatt (Düsseldorf). Las cadenas nacionales de televisión pública son dos: la ARD y la ZDF. Existen además numerosos canales estatales y locales. La Deutsche Welle (DW) emite desde Bonn noticias e información por radio y televisión a todo el mundo. Sus emisiones radiofónicas se realizan en 29 idiomas, mientras que el servicio televisivo por satélite está disponible en tres idiomas: alemán, inglés y español.

Alemania cuenta con uno de los sistemas de telecomunicaciones más avanzados tecnológicamente del mundo. La red de fibra óptica está muy extendida. El número de teléfonos celulares supera los 108 millones. Por su parte, el número de usuarios de Internet se sitúa en unos 65 millones (el 80 % de la población).

Administración y política

División territorial

Alemania se divide en 16 estados o länder: Baden-Württemberg, el estado libre de Baviera, Berlín, Brandeburgo, la ciudad libre hanseática de Bremen, la ciudad libre hanseática de Hamburgo, Hesse, Mecklemburgo-Antepomerania, Baja Sajonia, Renania del Norte-Westfalia, Renania-Palatinado, Sarre, el estado libre de Sajonia, Sajonia-Anhalt, Schleswig-Holstein y el estado libre de Turingia. La denominación de estado o de ciudad libre carece de connotaciones legales (todos los länder se encuentran en pie de igualdad), empleándose exclusivamente por razones históricas. La administración local está estructurada en 439 distritos (Kreise) y ciudades (kreisfreie Städte).

Vista de la emblemática Puerta de Brandeburgo, en Berlín, la capital de Alemania.

Forma de gobierno y partidos políticos

Alemania es una república federal parlamentarista. Su Parlamento, bicameral, está constituido por el Bundestag (Cámara Baja) y el Bundesrat (Senado).

En el Bundestag se sientan 598 diputados, elegidos por un mandato de cuatro años. El sistema electoral combina el procedimiento mayoritario con el proporcional. La mitad de los diputados es elegida en 299 circunscripciones por un sistema mayoritario (sólo obtiene escaño el candidato más votado en cada una de ellas), mientras que la otra mitad es extraída de listas nacionales confeccionadas por los partidos conforme a un sistema proporcional. Para obtener representación parlamentaria, los partidos políticos deben superar el umbral del 5 % de votos a nivel nacional u obtener al menos tres escaños de elección directa.

El Bundesrat, órgano de representación de los länder, tiene 69 miembros. Dependiendo de su población, los estados cuentan con entre tres y seis votos en esta cámara. Los miembros del Bundesrat votan conforme a las directrices impartidas por sus respectivos gobiernos regionales. La jefatura del Estado la asume el presidente del país, elegido para un mandato de cinco años por un organismo específico: la Convención Federal (compuesta por todos los diputados del Bundestag e igual número de delegados enviados por los parlamentos regionales, quienes se reúnen con el solo propósito de decidir el nombre del presidente).

El edificio del antiguo Reichstag (nombre genérico que designa a los parlamentos de mediados del siglo XIX hasta la década de los años 40 del siglo XX) es lugar donde se reúne actualmente el Parlamento alemán (Bundestag). Está en Berlín, la capital de Alemania.

Dado que la nación cuenta con un sistema político parlamentarista, los poderes del presidente son eminentemente ceremoniales. Se trata de una figura que simboliza la unidad nacional, por lo que suele adoptar una postura neutral y conciliadora y se abstiene de intervenir en el juego partidista. Los estados disponen de sus propios parlamentos y gobiernos regionales. Los parlamentos de los länder son renovados cada cuatro o cinco años, dependiendo de los estados.

La Constitución nacional sigue siendo la Ley Básica de la República Federal Alemana, que en 1949 empezó a regir en la antigua Alemania occidental, extendiéndose al resto del país, con algunas modificaciones, tras la reunificación de 1990. En 1992 se institucionalizó en el texto constitucional la pertenencia del país a la UE. Posteriormente se incluyeron en la Ley Básica como objetivos políticos de las autoridades federales la protección del medio natural (1994) y de los animales (2002). Otros cambios significativos han sido los concernientes a la redistribución de competencias entre el Gobierno federal y los de los estados.

La Ley Básica dificulta la convocatoria de elecciones anticipadas a nivel federal, ya que ni el canciller ni el Bundestag tienen reconocida la facultad de convocar nuevos comicios antes del final de la legislatura: sólo puede hacerlo el presidente de la República en caso de que el Gobierno pierda una moción de confianza parlamentaria. Con esta disposición se pretendía dar una mayor estabilidad a los Gobiernos, para que no se repitiera la negativa experiencia de la República de Weimar (1919-1933).

El sistema judicial de Alemania está basado en el derecho romano, aunque con algunas referencias a las viejas leyes germánicas. A diferencia del derecho criminal y del privado, el derecho administrativo no se encuentra plenamente codificado a nivel federal (muchas materias importantes a este respecto caen, pues, dentro de las competencias de los länder). El Tribunal Federal de Justicia, con sede en Karlsruhe, ejerce las funciones de corte suprema en asuntos de índole civil y criminal. El Tribunal Federal Constitucional, también ubicado en la ciudad de Karlsruhe, se encarga de interpretar los textos de la Ley Básica y de velar por su cumplimiento.

Las formaciones políticas germanas más importantes, citadas por sus siglas en alemán, son la Unión Cristiano Demócrata (CDU), el Partido Socialdemócrata (SPD), el Partido Liberal (FPD), los Verdes (Die Grünen), la Unión Social Cristiana (CSU, formación conservadora bávara asociada a la CDU) y el Partido Democrático de la Izquierda (PDS). Este último sólo es relevante en los länder orientales. A mediados de la década de 2010 cobró creciente influencia una formación de nuevo cuño de orientación ultraconservadora, la Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán).

Servicios del Estado

La educación en Alemania es obligatoria entre los 6 y los 15 años de edad. La escuela primaria o elemental (Grundschule) dura cuatro años (salvo en los estados de Berlín y Brandeburgo, en los que llega a los seis años). El primer tramo de la enseñanza secundaria es obligatorio y cuenta con distintas sendas, dependiendo de cada land. Hay luego cuatro modalidades de secundaria no obligatoria: la Hauptschule, la Realschule, el Gymnasium y la Gesamtschule. Existen varios tipos de escuelas vocacionales. Las diferencias entre los distintos estados son notables, de modo que resulta difícil una generalización. Los centros de enseñanza superior son de tres tipos: por una parte están las universidades y escuelas superiores; por otra, los colegios artísticos y musicales, y, por último, las universidades de ciencias aplicadas y los centros empresariales de formación. Las principales ciudades del país, como Berlín, Munich, Frankfurt, Hamburgo, Colonia, etc., cuentan con prestigiosas universidades. A éstas han de añadirse los centros universitarios de urbes más pequeñas pero famosas por su dedicación a la enseñanza, entre otras Heidelberg, Maguncia, Friburgo, Bayreuth, etc.

Vista de la ciudad portuaria de Colonia, con la catedral gótica a la derecha de la imagen.

La sanidad alemana se cuenta entre las más avanzadas del mundo. Los gastos sanitarios superan el 10 % del producto interno (interior) bruto (PIB), una de las cifras más altas del continente europeo. El gasto privado en salud representa un quinto del total, lo que refleja la preeminencia del sistema sanitario público. Las prestaciones sociales de Alemania, país pionero en el establecimiento del estado del bienestar, se encuentran a un alto nivel. No obstante, en los últimos años se han producido sensibles recortes como consecuencia del grave deterioro sufrido por las cuentas del Estado.

El nivel de vida en los länder de la Alemania oriental (la ex Alemania comunista) está todavía muy por debajo del que se disfruta en los estados occidentales y del sur, pese a las cuantiosas inversiones y transferencias de renta realizadas tras la reunificación. Ello se manifiesta en menores niveles de renta, mayores tasas de paro y de marginalidad social, etc.

Historia

De la prehistoria a la Alta Edad Media

Ya en la Edad del Hierro vivían pueblos germánicos en el sur de Escandinavia y en el norte de Alemania. En el siglo primero antes de Cristo, estas tribus comenzaron a expandirse hacia el este, el oeste y el sur, donde entraron en contacto con celtas, bálticos y eslavos. En tiempos del césar Octavio Augusto se inició la invasión romana de Germania. Varo, lugarteniente de Octavio, fue derrotado el año 9 d.C. en Teutoburgo, lo que supuso un revés a los planes imperiales de ocupación de dicha región. Un siglo más tarde, las tribus germánicas se encontraban plenamente asentadas a lo largo del Rin y del Danubio, sobre buena parte del actual territorio alemán. Entre los siglos IV (coincidiendo con el comienzo del declive del Imperio romano) y IX se registraron diferentes movimientos migratorios que trajeron a suelo alemán a otras tribus germánicas como los godos, los vándalos y los francos, además de a otros pueblos de raíz eslava y a los hunos.

Los francos impusieron su hegemonía a principios del siglo VI. El monarca franco Clodoveo I (Clovis), fundador del reino merovingio, se convirtió al cristianismo. La dinastía merovingia fue reemplazada en el 751 por la carolingia, con Pipino el Breve como primer monarca. Su hijo y sucesor, Carlomagno, se hizo proclamar emperador en el año 800. En el 843, producto de la división del Imperio carolingio acordada en el Tratado de Verdún, le fueron asignadas a Luis el Germánico las tierras de Francia oriental o Germania. Desde ese momento puede ya hablarse con propiedad de Alemania.

El Sacro Imperio Romano Germánico

En el 962, Otón el Grande fundó el Sacro Imperio Romano Germánico. Bajo el reinado de la dinastía otónida, entre los años 919 y 1024, el imperio se hizo con el dominio de los ducados de Lorena, Sajonia, Franconia, Suabia, Turingia y Baviera. Posteriormente, ya bajo la dinastía salia o sálica (1024-1125), fueron absorbidos los territorios del norte de Italia y Borgoña. Por estas fechas, Alemania empezó a ser escenario del enfrentamiento entre el papado y los príncipes germanos. En 1122, en la dieta de Worms, Enrique V y el pontífice Calixto II decidieron poner fin a sus desavenencias.

Las fronteras del Sacro Imperio Romano Germánico siguieron expandiéndose con la colonización de Pomerania y Silesia en tiempos de la dinastía Hohenstaufen (1138-1256). No obstante, los príncipes ejercían el poder dentro de sus respectivos territorios de manera prácticamente independiente. Bajo el reinado de los Hohenstaufen se reprodujeron en Italia los enfrentamientos entre partidarios del papa (güelfos) y seguidores del emperador (gibelinos). Entre 1256 y 1273, en el periodo conocido como Interregno, el trono imperial estuvo vacante. La elección de Rodolfo de Habsburgo puso fin a dicha situación. No todos los príncipes de los territorios germánicos tenían el estatus de electores (o sea, el derecho a participar en la elección del emperador). Entre quienes disfrutaban de dicha condición se fueron destacando por su influencia los príncipes de Sajonia, el Palatinado y Brandeburgo, así como los arzobispos de Maguncia, Tréveris y Colonia. En 1356, la Bula de Oro estableció el procedimiento de elección. A partir de 1438, sin embargo, todos los emperadores serían elegidos (salvo en un solo caso) por su pertenencia a la dinastía austriaca de Habsburgo.

La Reforma

La Reforma protestante tuvo una enorme repercusión política en Alemania, ya que muchos estados germanos adoptaron el protestantismo como nueva religión oficial. Otros, no obstante, permanecieron fieles al catolicismo (fue el caso de Baviera, por ejemplo). Varios conflictos armados de motivación religiosa sacudieron el imperio en las décadas de 1530 y 1550, hasta que la Paz de Augsburgo (1555) reconoció el principio de Cuius regio, eius religio (bajo el cual, la religión de los estados sería aquélla adoptada por sus príncipes).

Los enfrentamientos entre católicos y protestantes se reprodujeron en la guerra de los Treinta Años (1618-1648), desarrollada sobre todo en suelo alemán, a la que puso fin la Paz de Westfalia. Esta contienda, saldada con la victoria de los protestantes, trajo consigo una atomización política del imperio. A lo largo de todo este siglo, Austria ejerció su hegemonía sobre el conjunto de los estados germánicos. Hacia 1740, sin embargo, el dominio político austriaco empezó a ser contestado por el auge del estado septentrional de Prusia, donde gobernaba la dinastía Hohenzollern. Como consecuencia de la guerra de Sucesión austriaca, Prusia arrebató a Austria el territorio de Silesia.

Dominio francés y unificación: Zollverein

Las guerras napoleónicas dieron un vuelco a la situación política de Alemania. En 1806 se disolvió el Sacro Imperio Romano, sólo días después de que varios estados alemanes (a instancias de Napoleón) lo abandonaran para constituir la Confederación del Rin. Esta nueva entidad política tuvo una efímera vida, ya que fue a su vez disuelta en 1815 tras la derrota napoleónica que marcó el inicio de la Restauración en Europa. El lugar de la Confederación del Rin fue ocupado por la Confederación Germánica, que quedó sometida a la influencia de Austria y Prusia. Por detrás de austriacos y prusianos se configuró un grupo de estados germánicos de peso político medio, entre los que figuraban Baviera, Sajonia, Hannover y Württemberg, todos los cuales adoptaron la denominación de reinos.

En 1834, Prusia fue el impulsor del Zollverein, una unión aduanera que agrupó a todos los estados germánicos a excepción de Austria. El Zollverein contribuyó de manera decisiva a reforzar la unidad económica de Alemania. La Confederación Germánica fue escenario entre las décadas de 1820 y 1840 de una gran agitación política protagonizada por sectores liberales y nacionalistas descontentos con el giro conservador de la Restauración. A ello se sumó el malestar de la creciente clase trabajadora por los abusos de la naciente industrialización. Todo ello condujo a las revoluciones de 1848, a cuyas demandas varios príncipes alemanes hubieron de plegarse. Ese mismo año se constituyó una Asamblea Nacional, que meses más tarde concluyó la redacción de una nueva constitución liberal para el conjunto de Alemania. Sin embargo, el rey prusiano Federico Guillermo IV, a quien se le había ofrecido el título de emperador constitucional, rechazó tanto el texto de la constitución como la corona. Ello llevó al movimiento revolucionario al fracaso.

El Segundo Reich

Otto von Bismarck fue nombrado canciller (primer ministro) de Prusia en 1862 tras un conflicto suscitado entre el rey prusiano Guillermo I y el parlamento liberal de ese estado. Bismarck logró mediar con éxito en dicha disputa, lo que significó un reforzamiento de la monarquía prusiana. En 1864, Prusia libró una guerra victoriosa contra sus vecinos daneses. Dos años después, el poderoso Ejército prusiano derrotó a los austriacos. Esta nueva victoria militar permitió a Bismarck disolver la Confederación Germánica y sustituirla por la Confederación de Alemania del norte, bajo el dominio de Prusia y de la cual Austria fue excluida. La posterior victoria de los prusianos frente a los franceses en 1871 abrió las puertas a la unificación alemana. Ese mismo año, merced al Tratado de Versalles, se constituyó el Imperio alemán, con capital en Berlín. Guillermo I de Prusia fue entronizado emperador y Bismarck pasó a ser el canciller de la Alemania unificada.

Imagen del emperador Guillermo II, cuya política imperialista provocó el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Guillermo II subió al trono en 1888. Dos años más tarde, el emperador forzó la dimisión de Bismarck por las desavenencias políticas y personales que tenía con el canciller. Alemania había empezado en 1884 a forjar un imperio colonial con el establecimiento de varias colonias en África y el Pacífico. La política imperialista de Guillermo II aumentó la tensión política con los países vecinos, sobre todo con Francia e Inglaterra, lo que desembocó en 1914 en la Primera Guerra Mundial. Alemania se unió en esta contienda a Austria-Hungría y al Imperio otomano para formar la alianza de las potencias centrales, que fue finalmente derrotada por las potencias aliadas en 1918.

República de Weimar y Tercer Reich

El emperador se vio obligado a abdicar tras el fracaso militar y un estallido revolucionario que trajo consigo la proclamación de la república. El socialdemócrata Friedrich Ebert se situó al frente de un gobierno provisional, que recurrió al Ejército para sofocar el movimiento espartaquista (liderado por los comunistas Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, quienes fueron asesinados). Alemania fue obligada a firmar en 1919 el Tratado de Versalles, que impuso al país unas condiciones de paz humillantes: fuertes indemnizaciones, la pérdida de las colonias y de otros territorios (Schleswig, Alsacia-Lorena y la región polaca de Poznan) y una reducción del tamaño del ejército. La nueva Constitución de Weimar entró en vigor también en 1919. Ebert fue elegido presidente un año más tarde.

En 1923 tuvo lugar en Munich un fallido golpe de Estado dirigido por Adolf Hitler, fundador del movimiento político nacionalsocialista o nazi (formación nacionalista y racista de extrema derecha). En 1925, tras morir Ebert, fue elegido presidente el mariscal Hindenburg. En la primera mitad de la década de 1930, el país se vio sumido en una grave crisis política, económica y social. El creciente descontento ciudadano se hizo patente en la polarización política de la nación, que asistió a un auge de las fuerzas nazis y de la extrema izquierda (comunistas). En 1933, tras los buenos resultados obtenidos por los nazis en las elecciones parlamentarias del año anterior, Hitler fue nombrado canciller por el presidente Hindenburg (quien, tras su muerte en 1934, fue sucedido por el propio Hitler). Los nazis abandonaron la Constitución de Weimar e implantaron un régimen totalitario de partido único, lo que supuso la proclamación de Hitler como führer y la ilegalización del resto de las formaciones políticas. Alemania se rearmó e inició una política de expansión territorial que contradecía lo dispuesto en el Tratado de Versalles. En 1935 se anexionó el Sarre (territorio que tras la Primera Guerra Mundial se había convertido en una especie de protectorado francés), y en 1936 sus tropas entraron en la zona desmilitarizada de Renania. Los siguientes pasos en esta política se dieron en 1938: la unificación con Austria (el llamado Anschluss) y la anexión de la región checa de los Sudetes. Un año después, Hitler suscribió el Pacto Molotov-Ribbentrop con la Unión Soviética de Stalin, en virtud del cual Polonia fue invadida en 1939 por el Ejército alemán. Este hecho motivó el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Adolf Hitler fue el fundador del movimiento político nacionalsocialista o nazi y canciller de Alemania desde 1933. En la imagen, junto a Benito Mussolini, líder del fascismo italiano y aliado de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Al comienzo de dicha contienda, Alemania cosechó grandes éxitos militares que le aseguraron el dominio directo o indirecto de buena parte de Europa. En 1941, Hitler rompió su pacto con Stalin y emprendió la invasión de la Unión Soviética. La apertura de este nuevo frente bélico en el este tuvo consecuencias devastadoras para Alemania. Pese al gran avance inicial de sus tropas, éstas se vieron detenidas en Stalingrado (actual Volgogrado) en 1942. La feroz batalla librada en torno a esa ciudad, en medio del crudo invierno ruso, se saldó finalmente con la derrota de los nazis. A partir de entonces, el Ejército soviético avanzó de manera imparable hacia el oeste, reconquistando todo el territorio perdido y llegando incluso a entrar en suelo alemán. Por el oeste, los Ejércitos aliados (sobre todo, británicos, estadounidenses y franceses) también infligieron sucesivas derrotas a las tropas nazis. El 8 de mayo de 1945, los soldados soviéticos entraron en Berlín. Días antes, Hitler se había suicidado en su búnker de la capital. El territorio de Alemania se redujo drásticamente como consecuencia de su derrota en la guerra. El país, devastado por completo, fue dividido en cuatro zonas de ocupación: estadounidense, francesa, británica y soviética. La capital, Berlín, también fue dividida en cuatro sectores correspondientes a cada una de las potencias vencedoras aliadas.

La división del país: RFA y RDA

En 1949 se constituyó al oeste del territorio germano la República Federal de Alemania (RFA), producto de la unificación de los sectores de ocupación británico, estadounidense y francés. La zona de Berlín oeste (la no ocupada por los soviéticos) se sumó también a la RFA, que se dotó de una Ley Básica (véase el apartado Administración y política) de carácter democrático. La ciudad de Bonn se convirtió en la capital provisional de la RFA. Por su parte, la zona oriental de la nación (ocupada por la Unión Soviética) pasó a integrar la República Democrática Alemana (RDA), régimen comunista de partido único con capital en Berlín este. Stalin decretó en 1948 el bloqueo de Berlín oeste, que estaba rodeada por completo por el territorio de ocupación soviético. Para hacer frente al bloqueo se creó un puente aéreo anglo-estadounidense, lo que permitió el abastecimiento de la zona occidental de la ciudad. Las potencias ocupantes occidentales reconocieron en 1955 la plena soberanía de la RFA o Alemania occidental, que tras acogerse al Plan Marshall de reconstrucción de Europa no tardó en convertirse en una gran potencia económica. El primer canciller de la RFA fue el cristianodemócrata Konrad Adenauer, quien se mantuvo en la jefatura del Gobierno hasta 1963. Desde dicho puesto asistió a la constitución en 1957 de la Comunidad Económica Europea, de la que Alemania occidental fue socio fundador. En la RDA, entre 1946 y 1971 Walter Ulbricht ostentó el poder como secretario general del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED, por sus siglas en alemán). A su vez, Ulbricht fue presidente de la RDA desde 1960 hasta 1973.

En 1961, para poner freno a la huida de ciudadanos de la RDA hacia Berlín oeste, las autoridades de la Alemania oriental construyeron el muro de Berlín. El muro, erigido en uno de los símbolos más dolorosos de la guerra fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, separó físicamente a la ciudad en dos partes. En 1963 accedió a la cancillería de la RFA, en sustitución de Adenauer, el también cristianodemócrata Ludwig Erhard. Éste fue sucedido en 1966 por su compañero de partido Kurt Georg Kiesinger, quien en 1969 dio paso a un Gobierno de coalición entre socialdemócratas y liberales presidido por el socialdemócrata Willy Brandt. Brandt gobernó hasta 1974, llevando a cabo una política de aproximación diplomática a la RDA y otros regímenes comunistas del centro y este de Europa conocida con el nombre de Ostpolitik. Tras la dimisión de Brandt en 1974 (al descubrirse que uno de sus colaboradores era un espía de la RDA), su compañero de partido, Helmut Schmidt, pasó a ser el nuevo canciller, también coaligado con los liberales. En la RDA, por su parte, Erich Honecker sucedió en 1971 a Ulbricht al frente del SED.

Alemania reunificada

El cristianodemócrata Helmut Kohl fue elegido canciller en las elecciones de 1982, gracias a su coalición con los liberales. Kohl renovó su cargo en las elecciones de 1987, haciendo una firme apuesta por la reunificación de Alemania. El creciente malestar interno en la RDA y, sobre todo, el nuevo clima político creado en la Unión Soviética por la llegada al poder del reformista Mikhail Gorbachev hicieron posible la caída en 1989 del régimen comunista de Honecker y del propio muro de Berlín. Los acontecimientos se sucedieron con rapidez, y en 1990 se acordó la reunificación. La victoria de Kohl ese mismo año, tanto en el oeste como en el este, lo convirtió en el primer canciller de la Alemania unificada. Berlín, también unificada, se convirtió en la nueva capital de Alemania. Los costes de la reunificación sumieron al conjunto del país en una grave crisis económica, lo que no impidió que Kohl renovase su mandato por una ajustada mayoría en los comicios de 1994.

En las elecciones de 1998, tras 16 años como primer ministro, Kohl perdió la cancillería en beneficio del socialdemócrata Gerhard Schröder. Éste formó un Gobierno de coalición entre su partido y los verdes. La coalición rojiverde se mantuvo en el poder tras la nueva victoria de Schröder en 2002, año en que el euro se convirtió en moneda corriente del país en sustitución del histórico marco.

Angela Merkel: primer mandato

En 2005, los cristianodemócratas, bajo el liderazgo de Angela Merkel, se impusieron a los socialdemócratas por un estrecho margen de votos. Los dos partidos alemanes más importantes decidieron formar un Gobierno de gran coalición, convirtiéndose Merkel en la primera mujer canciller de la historia del país. El nuevo Ejecutivo de Merkel emprendió un ambicioso programa de reformas económicas (ya iniciadas en la etapa de Schröder en algunos aspectos) para intentar sacar a la nación de la situación de estancamiento en que se encontraba sumida, con una tasa de crecimiento muy baja y un déficit público relativamente elevado en relación a otros países de la UE.

En marzo de 2008, la canciller alemana realizó una visita oficial a Israel en un viaje de especial significación política. Merkel pronunció una alocución ante el Knesset, Parlamento israelí, con motivo del 60.º aniversario de la fundación del estado hebreo.

A finales de este año, Alemania sufrió con gran crudeza los efectos de la crisis financiera y económica que se extendía por todo el mundo. El Gobierno alemán diseñó un plan para salvar de la quiebra al Hypo Real Estate, una de las principales entidades bancarias del país. El Ejecutivo destinó una cuantiosa suma de los fondos públicos para ayudar a las sociedades financieras en apuros y estabilizar la economía. No obstante, en noviembre de 2008, Alemania entró formalmente en recesión después de experimentar un crecimiento económico negativo durante dos trimestres consecutivos. Esta situación se prolongó hasta agosto del año siguiente, cuando la nación recuperó los índices macroeconómicos positivos. Según los especialistas, la recuperación alemana era aún frágil y surcada por interrogantes. Uno de los principales era la abultada deuda pública, que se estimaba próxima al 5 % del PIB.

En política interior, la canciller Merkel llevó a su partido a una nueva victoria electoral en los comicios legislativos celebrados en septiembre de 2009. La claridad de su victoria permitió a Merkel poner fin al Gobierno de gran coalición con los socialdemócratas. En esta ocasión eligió como socios de gobierno a los miembros del Partido Democrático Libre (FDP), de ideología liberal. Guido Westerwelle fue designado vicecanciller. El Partido Socialdemócrata, que obtuvo los peores resultados de su historia en unas elecciones legislativas, con el 23 % de los sufragios, pasó a la oposición parlamentaria.

Angela Merkel: segundo mandato

El segundo mandato de Merkel como canciller alemana se produjo en un contexto de dura crisis económica en la UE y, en particular, en el seno de la llamada «zona euro». Las reformas de las estructuras económicas y del mercado laboral puestas en marcha por su predecesor, Schröder y continuadas por Merkel, permitieron al país germano afrontar la difícil situación en condiciones ventajosas con respecto a otros países miembros de la UE. Aunque la economía alemana se ralentizó, con una contracción que llegó a alcanzar el 5 % en 2009 del PIB por el descenso en las exportaciones y la inversión, los índices de desempleo durante este periodo recesivo se mantuvieron relativamente estables y Alemania conservó su prestigio como gran impulsora de la economía europea. Esta fortaleza impulsó un importante flujo de inmigrantes hacia suelo germano llegados principalmente desde otros lugares de Europa.

Sin embargo, el papel del país germano y de su canciller en la definición de las estrategias europeas para combatir la crisis económica no estuvo exento de controversia. Merkel se convirtió en abanderada de la lucha contra el déficit y en promotora de las medidas de austeridad en todo el continente. Esta orientación implosiva frente a la crisis, secundada en parte por el Banco Central Europeo (BCE) con su política monetaria centrada principalmente en contener la inflación, agravó los serios problemas por los que atravesaban Grecia, Irlanda, Portugal y, en menor medida, España e Italia para ajustar sus cuentas públicas. Estas dificultades llevaron al rescate global de la economía de los tres primeros y a una cuantiosa ayuda europea para el sector bancario en el caso español. Las ayudas, concedidas por la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en forma de préstamos en condiciones ventajosas, se realizaron a cambio de la imposición de restrictivos programas de reformas que causaron un empobrecimiento general de las poblaciones de estos llamados «países periféricos» de la UE y un retroceso en sus sistemas de bienestar social.

En las manifestaciones de protesta contra los Gobiernos nacionales que provocaron los recortes se responsabilizó asimismo de los problemas sociales suscitados a la cúpula de la UE y a los dirigentes germanos, que eran considerados los principales instigadores de los mismos. Ante las presiones para que admitiera una relajación de la lucha contra el déficit, el Ejecutivo de Merkel sostuvo una posición de firme compromiso con la continuidad del proyecto europeo a la vez que aprobó avances en los planes futuros de unión bancaria, política y fiscal de la UE y logró contener al sector de la población y la opinión pública alemana que demandaban una renacionalización de la política y la economía germanas frente a los problemas de la «zona euro».

En el terreno político, el Gobierno de coalición encabezado por Merkel mantuvo una trayectoria estable y gozó de notables índices de popularidad. Por el contrario, en la presidencia federal alemana, durante este periodo, se sucedieron varios mandatarios: en mayo de 2010, Horst Köhler se vio forzado a dimitir tras unas declaraciones polémicas pronunciadas en Afganistán acerca de las misiones del Ejército alemán en el exterior; su sustituto, Christian Wulff, renunció en febrero de 2012 tras ser acusado de corrupción y tráfico de influencias. Johann Gauck, un reputado defensor de los derechos humanos de origen germanooriental, fue investido en marzo como nuevo presidente federal.

Angela Merkel: tercer mandato

En las elecciones celebradas en septiembre de 2013, Angela Merkel obtuvo una clara victoria sobre los socialdemócratas, renovando así por otros cuatro años su mandato. No obstante, con el 41,5 % de los votos y 311 escaños en el Parlamento Federal sobre un total de 630, no consiguió una mayoría suficiente. Se inició así un proceso de negociación con el principal Partido Socialdemócrata opositor para formar un gobierno de “gran coalición”. El acuerdo se ratificó con un programa conjunto de gobierno. Merkel renovaría su cargo como canciller, y el dirigente socialdemócrata Sigmar Gabriel fue nombrado vicecanciller y ministro de Economía y Energía. Dentro del programa acordado se incluyó la decisión de elevar el salario mínimo, que se estableció en 8,50 euros por hora.

En el marco de la Unión Europea, Alemania mantuvo su papel preponderante como impulsor de la economía y amplió su relevancia como referencia en la definición de las políticas y en la aplicación de los tratados. En el bienio 2015-2016, el crecimiento económico germano se plasmó en cifras moderadas, en torno al 1,5 % del producto interior bruto (PIB). En el interior del país se mantuvo la política de contención del gasto y control del empleo, que se situaba por debajo del 5 % de la población activa. No obstante, la estrategia de grandes entidades financieras y empresas alemanas no se caracterizó por líneas de actuación semejantes en sus inversiones en el exterior. En algunos foros económicos se acusó a las principales corporaciones germanas de asumir en otros países los riesgos que evitaban dentro de sus fronteras y de alimentar “burbujas” en el exterior semejantes a las que sufrió el sur de Europa y que estallaron en la grave crisis de 2008. Las dificultades por las que atravesó el Deutsche Bank, principal entidad financiera de Alemania, en los mercados bursátiles a lo largo de 2015 se interpretaron como un signo de esta arriesgada política expansiva.

El prestigio de la industria y la economía germana se vio ensombrecido en 2015 por dos episodios que afectaron a dos de sus compañías señeras: la aerolínea Lufthansa y el consorcio automovilístico Volkswagen. En el mes de marzo, un vuelo de Germanwings, filial de bajo coste de Lufthansa, que había despegado de Barcelona con destino a Düsseldorf, se estrelló en los Alpes franceses en la región de Provenza. Sus 150 ocupantes perdieron la vida. Las investigaciones sobre la causa del siniestro concluyeron que el copiloto del aparato, Andreas Lubitz, había provocado el accidente de forma intencionada, después de bloquear la puerta de la cabina cuando el piloto se ausentó brevemente de la misma. Las pesquisas posteriores determinaron que Lubitz tenía antecedentes de trastornos psicológicos graves que habían pasado desapercibidos en los exámenes médicos de la compañía.

Por otra parte, en septiembre de 2015 se hizo público que la empresa alemana Volkswagen, principal fabricante de automóviles del mundo, había contravenido sistemáticamente las leyes de control de emisiones contaminantes en once millones de vehículos de motor diésel. Para ello, sus ingenieros habían instalado ilegalmente en los automóviles un programa informático para falsear las mediciones. El escándalo se conoció a raíz de investigaciones realizadas en la Universidad de Virginia, en los Estados Unidos, a instancias de los competidores estadounidenses en la industria. El director ejecutivo de Volkswagen, Martin Winterkorn, presentó su dimisión y el Gobierno alemán y la Comisión Europea abrieron un expediente contra la compañía.

La masiva afluencia a territorio europeo de refugiados procedentes de los conflictos bélicos de Siria, Iraq y Afganistán provocó una crisis humanitaria que tuvo en Alemania uno de sus principales focos de interés. Varios cientos de miles de personas atravesaron la frontera entre Turquía y Grecia para adentrarse en la Unión Europea a través de los Balcanes con la intención de llegar a Alemania, Suecia y otros países como tierras de asilo. La canciller Merkel anunció públicamente la disposición de su Gobierno a aceptar cuotas muy importantes de estos refugiados, al tiempo que promovía en el seno de la UE un proyecto de distribución equitativa de los mismos. La oposición de varios países europeos a aceptar este reparto, en particular Hungría, Polonia y Eslovaquia, originó una crisis política a escala europea que obligó a interrumpir temporalmente la aplicación del Tratado de Schengen de libre circulación de personas en territorio de la UE y que debilitó la posición política de Merkel dentro de Alemania.

Los disturbios acaecidos en la Nochevieja de 2015 complicaron aún más la situación. En Colonia, Hamburgo y otras grandes urbes germanas, grupos muy numerosos de hombres de origen mayoritariamente árabe y norteafricano asaltaron a varios centenares de mujeres durante la celebración de la fiesta de fin de año. Las víctimas de los ataques denunciaron robos, intimidación y abusos sexuales, con algunos casos de violación. Las investigaciones policiales señalaron que entre los atacantes se encontraba un número indeterminado de solicitantes de asilo.

A consecuencia de estos hechos, la popularidad de la canciller Merkel al frente del Gobierno empezó a sufrir un cierto desgaste. Diversos sectores de la población, descontentos con una política de inmigración que consideraban demasiado permisiva, retiraron su apoyo a la CDU. Esta formación obtuvo resultados desalentadores en las elecciones en el estado de Mecklemburgo-Antepomerania y en la ciudad-estado de Berlín. Las disensiones dentro de la CDU y con su tradicional partido aliado bávaro de la CSU, unido al auge de la ultraconservadora Alternativa para Alemania (AfD), dibujaban un panorama electoral problemático para los comicios generales que habrían de celebrarse en Alemania en 2017.

Angela Merkel: cuarto mandato

Las elecciones federales se celebraron en todo el territorio alemán el 24 de septiembre de 2017. En los comicios se elegiría a los 709 diputados del Parlamento (Bundestag), que habrían de encargarse de designar al nuevo Gobierno para regir los destinos del país durante el próximo periodo de cuatro años (2017-2021). Sin embargo, según las encuestas las elecciones no otorgarían una mayoría clara a ninguna de las formaciones políticas, lo cual podría abrir un tiempo de incertidumbre en el seno del Estado federal.

De partida, la Unión Cristiano Demócrata (CDU), formación conservadora al frente del Ejecutivo saliente, con sus socios de la Unión Social Cristiana (CSU) de Baviera, volvió a presentarse con la canciller Angela Merkel como cabeza de lista. Su principal oponente, el Partido Socialdemócrata (PSD) con el que había compartido gobierno en coalición, eligió como candidato y nuevo máximo dirigente a Martin Schulz, un hombre de prestigio que había presidido el Parlamento Europeo entre 2012 y 2017.

Frente a estos dos favoritos concurrían también formaciones como el liberal Partido Democrático Libre (FPD), encabezado por Christian Lindner, y la formación de izquierda Die Linke. Los Verdes aspiraban a volver al Parlamento, después de una legislatura de ausencia. Por su parte, la formación ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) recogía en los sondeos preelectorales un apoyo suficiente, e inquietante, para acceder por primera vez al Bundestag. Según los analistas, su principal baza era el férreo rechazo a la política de inmigración auspiciada por la canciller, especialmente con los refugiados sirios.

Los resultados de los comicios siguieron las tendencias marcadas por las encuestas demoscópicas. El partido de Merkel obtuvo la victoria con el 32,9 % de los votos y 246 escaños, seguido por los socialdemócratas de Schulz, que reunieron el 20,5 % de los sufragios y alcanzaron 153 escaños. Ambas formaciones perdieron apoyo popular. Los líderes socialdemócratas, que habían confiado en que la apuesta por Martin Schulz revirtiera las predicciones, se declararon defraudados y atribuyeron la huida de sus votantes a su entrada en la coalición del Ejecutivo saliente. En consecuencia, proclamaron que no revalidarían dicha alianza, lo cual situó a la canciller Merkel en una delicada tesitura en su misión de formar nuevo gobierno.

En un principio, Merkel optó por explorar una fórmula de coalición que incluyera a los liberales del FDP y los Verdes, la cual podría sumar los escaños suficientes para reunir un ejecutivo estable. Decididamente, dejó fuera de las conversaciones a los miembros de Alternativa para Alemania (AfD) que, para consternación de los principales medios políticos y de comunicación del país, se había alzado con el tercer mejor resultado en los comicios y un respaldo del 12,6 % de los electores (94 escaños). La entrada parlamentaria de una ultraderecha con ligera orientación filonazi supuso una conmoción en la escena política alemana.

La tentativa de alianza entre la CDU (con distintivo de color negro en su marca electoral), los liberales (color amarillo) y los Verdes (de este mismo color) fue llamada en medios periodísticos “coalición Jamaica” por la combinación de unos tonos cromáticos equivalente a la bandera del país antillano. Sin embargo, las pretensiones del partido liberal dirigido por Lindner dieron al traste con el intento. El líder liberal formuló unas exigencias consideradas excesivas por Merkel y sus colaboradores e impuso unas condiciones que resultarían lesivas para el proyecto de progresiva unión política, financiera y económica de la UE.

De este modo, sobre el escenario político planeó la posibilidad, inédita hasta entonces, de que fuera necesario repetir los comicios por falta de mayoría estable. Esta perspectiva no complacía a ninguna de las dos grandes formaciones germanas, hasta el extremo de que los dirigentes socialdemócratas se mostraron dispuestos a reconsiderar su postura inicial de no formar coalición con los conservadores. Las conversaciones se prolongaron hasta los últimos días del año sin que se hubiera alcanzado una solución definitiva que alcanzar una mayoría parlamentaria suficiente.

A mediados de marzo de 2018, transcurridos seis meses desde la celebración de los comicios legislativos, la canciller Merkel fue reelegida para la jefatura de Gobierno al frente nuevamente de una gran coalición que integraba a conservadores y al SPD. El dirigente socialdemócrata Schulz abandonó el cargo y fue sucedido en la presidencia de su partido por Andrea Nahles, la primera mujer que lo ocupaba en el curso de su historia. No obstante, la acción política de Merkel se vio contenida por la pérdida de los apoyos cosechados, las dificultades para cerrar la crisis política en Alemania y el auge de las formaciones ultraconservadoras. En este contexto, impulsó tímidamente la integración europea, preconizó un aumento del gasto militar y buscó nuevas alianzas internacionales, en coordinación con el presidente francés Emmanuel Macron, para contrarrestar el claro distanciamiento producido con los Estados Unidos desde el acceso de Donald Trump a la presidencia de este país.

En otro orden de cosas, el Gobierno alemán había anunciado en mayo de 2011, en la estela del desastre nuclear de la central japonesa de Fukushima, que ocho de las 17 centrales nucleares operativas en territorio alemán serían clausuradas de inmediato. Las nueve restantes se mantendrían en funcionamiento hasta 2022, una fecha en la que se preveía que hubieran tenido efecto en el país los planes destinados al desarrollo de energías alternativas renovables.

Sociedad y cultura

Ciencia y tecnología

A lo largo de su dilatada historia, Alemania ha sido germen de gran número de científicos e inventores. En un somero repaso no podrían dejar de mencionarse nombres antiguos como los de Johannes Gutenberg, inventor de la imprenta en el siglo XV; el astrónomo Johannes Kepler, que en el siglo XVII expuso las leyes demostrativas de que los planetas giran alrededor del Sol; y el físico Daniel Gabriel Fahrenheit, que una centuria más tarde creó la escala termométrica que lleva su nombre. Cinco ilustres figuras dejaron una magna obra en el siglo XIX: Carl Friedrich Gauss, autor de las Disquisitiones Aritmeticae y de teorías para calcular la órbita de los planetas; Alexander von Humboldt, naturalista e incansable explorador de las tierras de América y Siberia; Heinrich Hertz, el primer físico que produjo ondas de radio; Rudolf Virchow, primer médico que postuló la transmisión de las enfermedades en el organismo a través de las células individuales; y el fisiólogo Robert Koch, descubridor del bacilo bautizado con su nombre que tanto ayudó a combatir la tuberculosis.

Retrato de Gutenberg, a quien se debe la invención de la imprenta en el siglo XV.

De los numerosos científicos surgidos en la pasada centuria deben destacarse el médico Paul Ehrlich, investigador de la inmunología y descubridor del tratamiento de la sífilis; los físicos Werner Heisenberg y Max Planck, precursor y elaborador, respectivamente, de las teorías de la mecánica cuántica; y los ingenieros Rudolf Diesel, inventor de un sistema de motor patentado con su nombre, y Wernher von Braun, cuyas investigaciones propiciaron el desarrollo de los vuelos espaciales. Mención aparte merece la figura de Albert Einstein, nacionalizado estadounidense pero de origen alemán, cuyo enunciado de la teoría de la relatividad sentó las bases de la física moderna.

Literatura y pensamiento

La riqueza de la literatura alemana es extraordinaria. El poema épico anónimo El cantar de los nibelungos, datado en el siglo XIII, figura entre las primeras manifestaciones de las letras nacionales. En esta gran epopeya, dividida en 39 cantos, se mezclan viejas leyendas acerca de los pueblos germánicos con creencias mitológicas y ciertos hechos históricos. De esa misma época es el relato cortesano Parsifal, de Wolfram von Eschenbach. También al siglo XIII se adscribe la obra poética de Walther von der Vogelweide, uno de los primeros genios de la lírica alemana, quien cultivó tanto la poesía amorosa como la política. Sus Sentencias para el emperador son una defensa elogiosa del poder imperial frente al papal.

La Reforma (iniciada por el alemán Martín Lutero) y los posteriores enfrentamientos entre católicos y protestantes dejaron una fuerte impronta en la literatura alemana. Tras la guerra de los Treinta Años apareció la novela picaresca El aventurero Simplicissimus, de Hans Jakob Christoph von Grimmelshausen. Se trata de un retrato de la sociedad alemana en esa época de violentas disputas religiosas (el propio Grimmelshausen, quien intervino en aquella larga guerra, abandonó el protestantismo para abrazar la fe católica). Ya en el siglo XVIII se ubica la obra literaria de Gotthold Ephraim Lessing, crítico literario (firme defensor del modelo de teatro shakesperiano) y autor de piezas dramáticas como Nathan el Sabio.

En la segunda mitad de esa misma centuria surgió el Sturm und Drang (Tempestad e impulso), movimiento literario de gran influencia sobre las letras germanas que tuvo como figura central a Johann Wolfgang von Goethe (la mayor gloria de la literatura alemana de todos los tiempos, autor de Las tribulaciones del joven Werther, Las afinidades electivas y Fausto). También destacaron dentro de esta corriente Johann Gottfried von Herder, notable recopilador de canciones populares y autor de Ideas sobre la filosofía de la historia de la humanidad, y Friedrich Maximilian von Klinger, creador de la tragedia Tempestad e impulso, que dio nombre al propio movimiento.

A caballo entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX se encuentran grandes poetas románticos como Friedrich von Schlegel, autor del Himno a la alegría y de Baladas, además de dramas históricos como Don Carlos, Wallenstein y Guillermo Tell; Friedrich Hölderlin, artífice de la novela lírica Hyperion; y Novalis, creador del famoso poemario Himnos a la noche; así como el dramaturgo Heinrich von Kleist (La familia Schroffenstein, Catalina de Heilbronn, El cántaro roto) y el narrador E. T. A. Hoffmann, creador de relatos como Cuentos de los hermanos Serapión y La princesa Brambilla. Algo posteriores son el poeta Heinrich Heine (Libro de canciones, Cuadros de viaje) y los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, quienes en Cuentos infantiles y del hogar recopilaron numerosas narraciones tradicionales germánicas.

Tras el periodo romántico se desarrollaron el realismo y el naturalismo, que en Alemania tuvieron como principales representantes a Berthold Auerbach, autor de la obra de inspiración campesina En la cumbre, y Gerhart Hauptmann, dramaturgo, poeta y novelista reconocido en 1912 con el Premio Nobel cuya obra maestra es el drama social Los tejedores. Ya en pleno siglo XX surgieron nuevos escritores de proyección internacional como los hermanos Thomas y Heinrich Mann (el primero, Premio Nobel en 1929, autor de Los Buddenbrook, Muerte en Venecia y La montaña mágica; el segundo, creador de la novela Profesor Unrat, convertida por el director austriaco Josef von Sternberg en el clásico cinematográfico El ángel azul), Hermann Hesse (nacionalizado suizo), Alfred Döblin (autor de la célebre novela Berlín Alexanderplatz), Bertolt Brecht (afamado dramaturgo y director teatral, creador de piezas de gran repercusión en el teatro moderno como Madre Coraje y sus hijos y El círculo de tiza caucasiano), Ernst Jünger (novelista y ensayista, autor de Tempestades de acero y Sobre los acantilados de mármol) y Heinrich Böll (Premio Nobel en 1972, narrador de El tren llegó puntual y El honor perdido de Katharina Blum).

Entre las figuras más recientes de las letras alemanas destacan Martin Walser, novelista y dramaturgo, autor del relato El cazador y de obras teatrales como El juego sucio; Günter Grass, novelista galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1999, creador de El tambor de hojalata, El rodaballo y A paso de cangrejo; Michael Ende, cultivador de la literatura infantil con clásicos como Momo y La historia interminable; Hans Magnus Enzensberger, cultivador de distintos géneros, con títulos como El hundimiento del Titanic, Más ligero que el aire y Los elixires de la ciencia; W. G. Sebald, narrador de Vértigo, Los emigrados y Los anillos de Saturno, y Patrick Süskind, quien escribió la novela de gran éxito comercial El perfume.

El ámbito del pensamiento, la teología y la filosofía universal no podría comprenderse sin la aportación de las numerosas figuras nacidas en suelo alemán. Dos nombres resaltan sobre todo en el campo de la teología: san Alberto Magno, que adaptó en el siglo XIII las ideas de Aristóteles al cristianismo, y Martín Lutero, disidente del catolicismo y teórico de la Reforma. Entre los primeros filósofos alemanes notables se hallan Gottfried Leibniz, historiador y teórico político que desarrolló su obra a caballo de los siglos XVII y XVIII; Immanuel Kant, que revolucionó el pensamiento filosófico del siglo XVIII con la Crítica de la razón pura y la Crítica de la razón práctica, y los filósofos idealistas decimonónicos Johann Gottlieb Fichte, Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling y Georg Wilhelm Friedrich Hegel, autor este último de una influyente Fenomenología del espíritu. Las ideas económicas y sociales encontraron en Karl Marx, autor de El capital, y Friedrich Engels a sus teóricos más revolucionarios: ambos redactaron el Manifiesto comunista, base de una nueva concepción del Estado que se plasmaría en numerosos países durante el siglo XX. Otras figuras del pensamiento decimonónico fueron Arthur Schopenhauer, que destacó por sus ideas profundamente pesimistas, y Friedrich Nietzsche, elaborador de una teoría del superhombre esbozada en Más allá del bien y del mal y Así habló Zaratustra. Ya en la pasada centuria deben citarse los nombres de Edmund Husserl, teórico de la fenomenología; los existencialistas Karl Jaspers y Martin Heidegger; Erich Fromm, que aplicó el psicoanálisis a la sociología en El miedo a la libertad, y Jürgen Habermas, el máximo exponente de la segunda generación de la escuela de Frankfurt.

Artes plásticas

Las primeras manifestaciones artísticas alemanas surgieron en la época carolingia, donde la orfebrería y el trabajo del marfil vivieron un gran desarrollo. El Renacimiento asistió a un auge de la escultura en madera, que tuvo en Veit Stoss a su protagonista más notable. Hans Holbein el Viejo figura como uno de los primeros grandes exponentes de la pintura alemana, con una obra en la que sobresalen los retablos y los retratos. Posteriores son los trabajos de otros valiosos pintores como su hijo Hans Holbein el Joven (Erasmo, Retrato del comerciante Georg Gisze, Los embajadores), Albrecht Dürer (o Alberto Durero, el más famoso de los artistas alemanes renacentistas, creador de célebres cuadros como Autorretrato, La adoración de la Trinidad y Adán y Eva), Lucas Cranach (La fuente de la juventud, Venus y Cupido), Mathias Grünewald (especializado en retratos religiosos como el Cristo de los ultrajes), Hans Baldung (La muerte besando a la doncella) y Albrecht Aldortfer (grabador además de pintor, con cuadros como El martirio de San Florián y Retrato de mujer joven).

Dentro de la pintura neoclásica brilló el talento de Anton Raphael Mengs, retratista, entre otras personalidades, del rey Carlos III de España, la princesa de Asturias, María Luisa de Parma, y el papa Clemente XIII. Adscrito al romanticismo figura Caspar David Friedrich, magnífico paisajista cuya obra tiene un marcado carácter alegórico: La cruz de las montañas, La luna levantándose sobre el mar, El árbol con cuervos.

La arquitectura alemana vivió un periodo de esplendor en el siglo XVIII. En esta centuria desarrollaron sus trabajos Balthasar Neumann, constructor de magníficas iglesias y palacios de estilo rococó como la residencia de Wurzburgo, y Carl Gotthard Langhans, diseñador de la famosa puerta berlinesa de Brandeburgo y del palacio también berlinés de Charlottenburg. Al siglo posterior pertenecen las obras de Karl Friedrich Schinkel (Gran Teatro de la Ópera de Berlín, iglesia de San Nicolás de Potsdam), Leo von Klenze (artífice de la transformación neoclásica de Munich con edificios como los de la Pinacoteca, la Gliptoteca y los Propileos) y Georg Dollman, quien por encargo del rey Luis II de Baviera levantó en suelo bávaro los espectaculares castillos de Linderhof, Neuschwanstein y Herrenchiemsee.

A la escuela de arquitectura y artes aplicadas de la Bauhaus, fundada en Weimar en 1919 y trasladada a Dessau seis años más tarde, se adscriben grandes figuras como las de Walter Gropius (Edificio Werkbund de Colonia, Casa Bauhaus en Dessau, Embajada de los Estados Unidos en Atenas) y Ludwig Mies van der Rohe (Casa Tugendhat de Brno, Edificio Seagram de Nueva York, Edificio IBM de Chicago). La Bauhaus ha ejercido una gran influencia sobre toda la arquitectura alemana (y también internacional) posterior, entre cuyos creadores cabe señalar a Gottfried Böhm (iglesia Wallfahrtskirche de Neviges, Edificio de oficinas Zublin en Stuttgart), Günter Behnisch (diseñador del estadio olímpico de Munich) y Helmut Jahn (discípulo de Van der Rohe en los Estados Unidos, constructor del Xerox Center y del CityCorp Center de Chicago, de la torre Park Avenue de Nueva York y de la torre Messeturm de Frankfurt).

A comienzos de la pasada centuria nació en Alemania el movimiento pictórico conocido como expresionismo. Sus artífices fueron los artistas reunidos en torno al grupo Die Brücke (El puente), entre otros Emil Nolde, pintor de Niños bailando locamente y El juerguista, y Ernst Ludwig Kirchner, autor de Cinco mujeres en la calle y Grupo de artistas. Otros pintores que cultivaron posteriormente el expresionismo, aunque con estilos muy personales, fueron Max Beckmann (Lirios negros, Infierno de pájaros), George Grosz (también ilustrador, autor de Metrópolis y Café) y Otto Dix (Mujer con niño y David y Saúl). Este último, que ejerció, además, el arte del grabado, fue el líder del movimiento Neue Sachlichkeit (Nueva objetividad). Bajo otros planteamientos artísticos, Max Ernst (Ubu imperator, El ojo del silencio) se consolidó como el principal exponente del surrealismo alemán.

Dentro de la escena pictórica alemana más reciente cabe destacar tres nombres: los de Georg Baselitz, expresionista figurativo, creador de composiciones invertidas como Desnudo masculino y Cena en Dresde; Sigmar Polke, cofundador, junto a Gerhard Richter, del movimiento pictórico conocido como realismo capitalista, caracterizado por su ironía rayana con el sarcasmo, y Anselm Kiefer, cultivador del arte matérico, que emplea en sus obras materiales de muy variada naturaleza.

Patrimonio cultural

Dentro del rico patrimonio monumental de Alemania pueden destacarse, en primer lugar, las catedrales románicas de Spira, Maguncia y Worms, así como las góticas de Colonia, Magdeburgo y Munich. Del patrimonio berlinés, lo más notable es la Puerta de Brandeburgo (uno de los símbolos de la capital germana), la iglesia gótica de Santa María, la iglesia de San Nicolás, la Rotes Rathaus (sede actual del Parlamento del Estado de Berlín), la catedral francesa (Französicher Dom), el palacio de Charlottenburg, la iglesia conmemorativa del emperador Guillermo (cuyo campanario se ha conservado en ruinas en recordatorio de la devastación sufrida durante la Segunda Guerra Mundial) y el nuevo edificio del Reichstag (sede del Parlamento alemán, cuya reforma fue diseñada por el arquitecto británico Norman Foster).

En Munich, aparte de su catedral, lo más destacado son las iglesias de San Pedro y San Miguel, la Residencia (palacio de los duques de Baviera), los palacios de Holstein y Nynphenburg, el Teatro de la Residencia (espléndida muestra del rococó) y la Marienplatz.

Palacio Holstein, uno de los edificios que constituyen el patrimonio arquitectónico de Munich.

En Dresde, lo más valioso de su patrimonio histórico está representado por la iglesia de la Santa Cruz o Kreuzkirche (que exhibe rasgos barrocos y neoclásicos tempranos), el Zwinger (conjunto monumental del barroco tardío que se levanta sobre la antigua muralla de la urbe) y el Fürstenzug o Cortejo Real (enorme pintura callejera al fresco en la que aparecen retratados los reyes de Sajonia). También tienen un alto interés histórico-artístico edificios como el Landhaus (actual sede del Museo Municipal), la Hofkirche o catedral católica (con un magnífico púlpito rococó obra de Balthasar Permoser), la Ópera del Estado de Sajonia (más conocida como Ópera de Semper, de estilo neorrenacentista) y el palacio Pillnitz (construido en las afueras de la ciudad por encargo del rey Augusto II el Fuerte).

En Hamburgo hay que resaltar la catedral de San Miguel, la iglesia de San Nicolás y el Ayuntamiento (Rathaus). En Leipzig, por su parte, lo más señalado es el Ayuntamiento (con sus torres) y la plaza del mercado.

Otras ciudades con notable valor monumental son Aquisgrán, Ratisbona, Constanza, Augsburgo, Coblenza, Heidelberg, Passau, Potsdam, Friburgo, Bremen, Wurzburgo, Frankfurt, Bayreuth y Bamberg.

Centro histórico de Bremen, una de las muchas ciudades alemanas que alberga un importante patrimonio histórico y monumental.

En la isla berlinesa de los museos (Museuminsel), rodeada por el río Spree, se hallan algunos de los mejores centros museísticos del país como el Pergamon (con una excelente colección de arte helenístico y del cercano oriente, en la que destaca el altar de Zeus de la ciudad anatolia de Pérgamo y la puerta babilonia de Ishtar), el Museo Antiguo (donde se exhiben antigüedades clásicas) y la Antigua Galería Nacional (que alberga fundamentalmente pintura romántica e impresionista). Otros museos berlineses de interés son el Museo Egipcio (en el palacio de Charlottenburg, cuya pieza más preciada es el busto de la reina Nefertiti), la Nueva Galería Nacional (construida por Mies van der Rohe, en la que se exhibe arte perteneciente a los dos últimos siglos) y el Museo Brücke, donde se encuentran algunas de las mejores obras de los integrantes del ya citado grupo expresionista alemán Die Brücke.

Otras ciudades alemanas con interesantes museos son Dresde, Munich, Hamburgo, Frankfurt, Colonia y Leipzig. En Dresde destaca la Galería de Pintura, ubicada en el complejo del Zwinger, que exhibe una colección integrada por más de dos mil cuadros. También puede reseñarse la Galería de Pintura de Nuevos Maestros, dedicada sobre todo a la pintura alemana. En cuanto a Munich, los centros más importantes a este respecto son la Nueva Pinacoteca, el Museo Bávaro de Etnografía (especializado en los continentes asiático y americano) y el Museo Alemán de las Ciencias y de la Técnica (uno de los más destacados del mundo en su género). Por lo que respecta a Hamburgo, hay que señalar su Museo de Bellas Artes (Kunsthalle), el Museo de Arte Decorativo (con la colección modernista más grande del mundo) y el Museo de Arte Erótico (con esculturas, pinturas y dibujos de famosos artistas). En Frankfurt se localizan el Museo de Arte Moderno, el Stadell Museum (que alberga una gran colección de pintura europea desde el Renacimiento) y la Casa de Goethe (lugar de nacimiento del famoso escritor, reconvertida en museo). En Colonia destaca el Museo Ludwig, especializado en arte contemporáneo. Por su parte, el Museo de Bellas Artes es el más importante de Leipzig.

Artes escénicas y música

En Alemania existe una gran afición por el teatro, lo que se manifiesta en la cifra de más de treinta millones de espectadores anuales. El Festival Internacional de Teatro de Hamburgo, el Festival de Teatro del Mundo de Berlín y la Bienal Internacional de Bonn son los eventos más destacados de la agenda teatral nacional. Gozan de una gran aceptación las representaciones ambientadas en la época medieval. En cuanto a la danza, destacan el Festival de Hamburgo y el Festival Internacional de Renania del Norte-Westfalia. Alemania posee compañías de danza de proyección internacional como la del Ballet de Stuttgart, uno de los más innovadores de la escena europea, y la del Teatro de la Danza de Wuppertal, a cuyo frente se sitúa la famosa bailarina y coreógrafa alemana Pina Bausch.

En cuanto a la música, es bien conocida la importantísima contribución de Alemania a la filarmonía universal. Las primeras muestras se remontan al Minnesang, género musical profano cultivado por los minnesänger (compositores e intérpretes de temas amorosos, a semejanza de los trovadores provenzales) entre los siglos XII y XIV. Los grandes músicos alemanes del barroco fueron, en primer lugar, Michael Praetorius, quien compuso himnos, motetes, danzas y salmos, y Johann Pachelbel, compositor del célebre Canon. Son posteriores las figuras de Georg Phillip Telemann, compositor de suites, sonatas, oberturas y conciertos; Georg Friedrich Haendel (nacionalizado británico); Johann Sebastian Bach, uno de los compositores alemanes más universales, creador de una vasta obra musical de temática religiosa (tanto vocal como instrumental) en la que se incluyen sus Conciertos de Brandeburgo, su Clave bien temperado, sus misas, sus sonatas y sus cantatas, y Christoph Gluck, autor de las óperas Orfeo y Eurídice e Ifigenia en Áulide, con las que el Barroco germano conoció su etapa de máximo esplendor.

En la transición de los siglos XVIII y XIX surgió la genial figura de Ludwig van Beethoven, cuya amplia producción (nueve sinfonías, numerosos cuartetos de cuerda, más de treinta sonatas para piano, conciertos para piano, violín y otros instrumentos, la ópera Fidelio, etc.) enlaza el periodo clásico con el romántico. Entrado ya el siglo XIX triunfó el Romanticismo, cultivado en Alemania por compositores de la talla de Carl Maria von Weber, autor de las óperas El cazador furtivo y Oberón; Felix Mendelsson Bartholdy, que compuso un concierto para violín, las Sinfonías Italiana y Escocesa, las Canciones sin palabras y Sueño de una noche de verano; Robert Schumann, creador de numerosas obras para piano y de cuatro sinfonías; Johannes Brahms, célebre por sus cuatro sinfonías y su concierto para violín; y Max Bruch, autor de tres elogiados conciertos para violín y orquesta. Mención aparte merece la figura de Richard Wagner, renovador de la ópera de su tiempo con obras como Tannhäuser, Tristán e Isolda, Parsifal o la tetralogía de El anillo del nibelungo.

Imagen del compositor alemán Richard Wagner.

Ya dentro del siglo XX debe destacarse a Richard Strauss, compositor de las óperas Salomé y Electra, así como de los poemas sinfónicos Don Juan, Muerte y transfiguración y Till Eulenspiegel; Paul Hindemith, autor, entre otras piezas, de un ciclo de canciones y de las óperas Cardillac y Matías el pintor, y Carl Orff, artífice del Tríptico teatral (donde se incluye la célebre cantata Carmina Burana) y de diversas óperas. En el ámbito de la música contemporánea, por otra parte, sobresalen nombres como los de Hans Werner Henze, compositor de siete sinfonías y varias óperas, y Karlheinz Stockhausen, exponente de la música electrónica y de vanguardia, autor de Sirius.

Entre las 146 orquestas profesionales que hay en Alemania brilla con luz propia la Orquesta Filarmónica de Berlín. El Festival de la Ópera de Munich, el Festival Mozart de Wurzburgo, el Festival de Bayreuth (dedicado a las óperas de Wagner, que se celebra en un hermoso teatro construido en 1872), el Festival de Bonn (dedicado a Beethoven) y el Festival Bach de Leipzig, así como los del Palacio de Heidelberg, Mecklemburgo-Antepomerania, Rheingau, Baden-Baden y Schleswig-Holstein, son las citas más importantes de la intensa agenda de la música clásica en Alemania.

Por su parte, la música popular alemana goza de una gran vitalidad en el sur del país, sobre todo en Baviera. En lo que respecta a la escena del pop y el rock, han destacado en las últimas décadas artistas como Scorpions, Kraftwerk, Nena, Modern Talking y Nina Hagen.

Cinematografía

Algunos cineastas alemanes se cuentan entre los más grandes realizadores de la historia del séptimo arte. La película de estilo expresionista El gabinete del doctor Caligari, dirigida en 1919 por Robert Wiene, puede señalarse como la pionera de la fecunda filmografía germana de la primera mitad del pasado siglo. Este filme marcó en buena medida la senda de directores del talento de Friedrich Wilhelm Murnau, autor de clásicos del cine mudo como Nosferatu y Fausto, y Ernst Lubitsch, entre cuyas obras maestras, realizadas en Hollywood, figuran La viuda alegre, Ser o no ser y El diablo dijo no. Uno de los pocos cineastas que permaneció en Alemania durante los tiempos del nazismo fue Leni Riefenstahl, creadora de documentales propagandísticos del régimen de Hitler en los que ensayó diversas innovaciones de orden estético y técnico (tras la Segunda Guerra Mundial se dedicó a la fotografía y a la realización de documentales marinos).

Dentro del cine contemporáneo de autor cabe destacar a Rainer Werner Fassbinder (Desesperación, El matrimonio de Maria Braun, Lola), Werner Herzog (Aguirre, la cólera de Dios, Fitzcarraldo, Invencible) y Wim Wenders (El amigo americano, París-Texas, Buenavista Social Club). Realizadores de gran éxito comercial radicados en los Estados Unidos son Wolfgang Petersen (El submarino, En la línea de fuego, La tormenta perfecta) y Roland Emmerich (Independence Day, Godzilla, El día de mañana).

Deportes

El fútbol es el deporte más popular en Alemania. La selección nacional de balompié, históricamente una de las más competitivas del planeta, ha ganado tres Campeonatos Mundiales y otras tres Eurocopas. El Bayern de Munich, club de fútbol alemán más laureado, tiene en su palmarés cuatro copas de Europa y dos intercontinentales. En el país también gozan de gran aceptación otros deportes como el balonmano, el baloncesto, el automovilismo (el piloto Michael Schumacher ha sido campeón del mundo de Fórmula 1 en siete ocasiones, y el joven Sebastian Vettel pareció recoger su relevo, con tres campeonatos mundiales consecutivos entre 2010 y 2012), el tenis (Boris Becker y Steffi Graf fueron números uno del mundo en los rankings masculino y femenino, respectivamente), el golf, la natación, el ciclismo, el hockey sobre hielo, la vela, el alpinismo y el esquí. Las ciudades de Berlín (1936) y Munich (1972) han sido sede de sendos Juegos Olímpicos de Verano. Por su parte, Garmisch-Partenkirchen acogió las Olimpiadas de Invierno de 1936.