El mundo social

A menudo se ha afirmado que el ser humano es en realidad un ser social. Necesita de sus semejantes para alcanzar su plenitud y desarrollar aquellas capacidades, especialmente las intelectuales, que le diferencian de los animales. No puede pues vivir aislado; debe vivir en sociedad.

La sociedad puede definirse como un sistema formado por seres humanos que se relacionan entre sí y que forman un conjunto interdependiente. Se trata de una comunidad humana en la que sus miembros realizan una serie de funciones que permiten la supervivencia del grupo, no tanto de forma individual como en su conjunto. Su carácter homogéneo viene dado porque sus miembros comparten una serie de normas y valores culturales que le dan cierta cohesión y la diferencian de otras comunidades.

El estudio de las sociedades humanas reviste una gran complejidad, pudiendo ser abordado desde perspectivas muy diferentes. Por una parte se puede estudiar todo el fenómeno de la socialización, es decir, de cómo unos seres humanos se relacionan con otros de acuerdo a unas normas y valores más o menos preestablecidos. En este sentido, no sólo será necesario analizar dichas normas y valores sino también qué mecanismos existen para transmitirlos: la familia, las instituciones o, por ejemplo, los medios de comunicación de masas.

Por otro, es necesario comprender que las sociedades son entidades vivas y que, por tanto, están sujetas a continuos cambios. Este dinamismo provocará conflictos internos e incluso graves crisis que pueden alterar al completo la estructura de una sociedad y, por tanto, muchos de los mecanismos que ésta posee para garantizar su funcionamiento.

Finalmente, también es posible abordar el análisis de las sociedades humanas atendiendo a su tipología: cómo se estructuran los grupos humanos, cómo se organiza el trabajo o la toma de decisiones, etc.

Esto no quiere decir que las sociedades presenten fenómenos totalmente independientes entre sí; todo lo contrario. Las características particulares de las sociedades humanas interaccionan constantemente entre sí de forma que, por ejemplo, la distribución de los medios de producción puede determinar una estructura social concreta. Esto, a su vez, creará un tipo de conflictos internos característicos que, en algunos casos, podrán ser solucionados mediante procesos de socialización mientras que en otros casos, provocará fuertes modificaciones en la estructura social y económica.

Por todo ello, cuando se estudia cualquier aspecto concreto de las sociedades humanas, es conveniente siempre tener en mente la relación existente entre esta característica y las demás.

El proceso de socialización

La socialización es el proceso por medio del cual los miembros de una sociedad interiorizan sus valores y sus normas, aprendiendo la manera de comportarse y de manejarse adecuadamente en el ámbito social. Dichos valores y normas son transmitidos por los diversos agentes de socialización existentes: familia, instituciones, etc.

Este proceso puede dar lugar a dos tipos de socialización, la primaria y la secundaria:

Socialización primaria. Es aquella merced a la cual los integrantes más jóvenes de una sociedad adquieren sus primeras capacidades sociales. Se ejerce por instituciones sociales primarias: la familia, la escuela y los grupos de pares, compuestos por personas de aproximadamente la misma edad y/o que comparten ciertos rasgos sociales, caso de los compañeros de estudios. Este tipo de socialización forja la personalidad de un individuo en sus primeros años de vida. Mediante ella, los niños aprenden qué es lo que está bien y lo que está mal, qué es lo que se espera de ellos y qué es lo que deben esperar de los demás, cómo comportarse ante el resto de personas, etc.

Socialización secundaria. Es la ejercida por instituciones sociales secundarias como la Universidad o el Ejército. Proporciona a la persona unas competencias sociales más específicas que le sirven para valerse en determinados contextos como puede ser el campo laboral.

La socialización sigue un proceso gradual que comienza en la infancia y se va desarrollando progresivamente. La escuela proporciona el grado de socialización primaria, mientras que en otros ámbitos, como en la universidad se alcanza el nivel de socialización secundaria.

La socialización sigue un proceso gradual que comienza en la infancia y se va desarrollando progresivamente. La escuela proporciona el grado de socialización primaria, mientras que en otros ámbitos, como en la universidad se alcanza el nivel de socialización secundaria.

Toda sociedad cuenta a su vez con una serie de mecanismos de control para asegurarse de la eficacia de la socialización y corregir las posibles desviaciones. Es obvio que en todas las sociedades siempre hay personas que se desvían o tienden a desviarse, de las normas.

El control social puede ser formal o informal. El primero se expresa en leyes, normas y sanciones, desde apercibimientos y multas hasta penas de prisión e incluso la ejecución del trasgresor. Por su parte, el control social informal se basa en normas no escritas como las convenciones y la costumbre. Es ejercido por la sociedad mediante la crítica, la reprobación y el avergonzamiento de quienes se desvían de lo establecido. Muchas veces es suficiente para corregir las desviaciones sociales, ya que está fuertemente enraizado en la personalidad de los individuos. A las sociedades que gozan de una mayor legitimidad, caso de las tradicionales, les suele bastar con recurrir al control informal para mantener el orden. Por el contrario, para mantenerse en pie, los Estados autoritarios se ven obligados a ejercer un control social formal muy fuerte.

La familia como agente básico de socialización

La sociología define a la familia como un conjunto de individuos vinculados por lazos de parentesco, y sujetos a una jerarquía, tanto de edad como sexual, entre los que se establece una cooperación. El concepto de familia, en cualquier caso, varía de una cultura a otra. En Occidente, por ejemplo, se refiere sobre todo a la familia nuclear monógama formada exclusivamente por el padre, la madre y los hijos de la pareja. No obstante, junto a ese modelo de familia tradicional, cada vez es más frecuente encontrarse con casos de familias monoparentales en las que sólo hay un progenitor, ya sea el padre o la madre. La adopción de hijos por parejas homosexuales, autorizada en algunos países, ha contribuido a hacer más complejo si cabe el panorama familiar occidental.

Por otro lado, en las culturas no occidentales es común el modelo de familia extendida: ésta comprende no sólo a los miembros de la familia nuclear, sino también a los abuelos, tíos, primos, etc. Al frente de este tipo de unidad familiar se encuentra la figura del patriarca, al que todos los miembros reconocen autoridad para tomar decisiones relativas al grupo y solucionar los posibles conflictos internos. Otro modelo de familia presente en algunas sociedades –sobre todo en el África subsahariana y en algunas naciones islámicas– es la nuclear polígama, integrada por el padre, sus distintas esposas y todos los hijos de éstas.

Los actos cotidianos de la vida familiar, como una comida conjunta, van creando fuertes pautas de socialización entre los más pequeños.

Sea cual sea su estructura, en las sociedades humanas, la familia tiene como cometido tres funciones básicas:

  • La procreación, que asegura la pervivencia biológica del colectivo.

  • La asistencia a todos sus miembros para satisfacer sus necesidades primarias –alimentación, cobijo, vestido, etc.– y protegerlos de los peligros de su entorno, con especial atención a los más jóvenes.

  • La transmisión de valores culturales como los roles de género, la solidaridad, el respeto, la lengua o la religión.

Algunas sociedades africanas (en la imagen, ceremonia nupcial tribal) presentan modelos familiares radicalmente distintos de los occidentales.

Estas funciones han ido cambiando en la forma con el paso del tiempo. En las sociedades primitivas, la familia era una unidad económica organizada conforme a una división sexual del trabajo: los hombres solían encargarse de la caza, mientras que las mujeres tenían como cometido la recolección de frutos, la preparación de los alimentos y el cuidado de los niños.

El seno familiar es el primer lugar donde los niños perciben los valores culturales. El juego es un excelente medio de aprendizaje.

Aunque la familia moderna continúa siendo el núcleo básico de la sociedad, muchas de sus funciones tradicionales han experimentado grandes cambios. Así, ha dejado de ser en las sociedades avanzadas una unidad económica, ya que las funciones productivas se han desplazado desde el ámbito familiar a la empresa.

En las sociedades desarrolladas, la empresa ejerce el dominio de la economía familiar. Ésta se basa en la remuneración que reciben sus miembros por el trabajo que realizan.

Asimismo, ha delegado modernamente en la escuela y en otros agentes sociales como los cuidadores o las niñeras una parte de sus responsabilidades como agente de socialización primaria. Esto ha tenido mucho que ver con la incorporación masiva de la mujer al mundo del trabajo, lo que ha alterado su papel tradicional de ama de casa. Sin embargo, no es la única causa de ello: en la actualidad, las normas y los valores son a menudo fijados por los medios de comunicación de masas y la publicidad, especialmente en el mundo desarrollado.

Estructura y dinámica de las sociedades

A pesar de que las familias constituyen el agente social por excelencia y cuentan más o menos con las mismas funciones independientemente de la sociedad analizada, esto no quiere decir que constituyan un conjunto «igualitario». De la misma forma que en una familia existen jerarquías basadas en el género o la edad –por ejemplo, en aquellas que siguen modelos patriarcales el hombre suele gozar de mayor estatus que la mujer–, en la mayoría de sociedades existe también una estructura piramidal que otorga a algunos de sus miembros de cierta ascendencia sobre otros. Es decir, toda sociedad se articula o estructura de acuerdo a un sistema jerárquico; tres de los sistemas más conocidos son los de castas, los estamentales y los de clases.

Las castas. Las castas son grupos sociales cerrados, endogámicos y muy estratificados. El ejemplo típico de una sociedad de castas es el ofrecido por la India; aunque la discriminación por castas está legalmente prohibida en este país, sigue llevándose a la práctica a pesar de los esfuerzos gubernamentales por erradicarla.

El sistema de castas de la India está enraizado en las creencias de la religión hindú. Para el hinduismo, existen cuatro grados principales de ser o varnas (los sacerdotes, los guerreros, los comerciantes y artesanos, y los criados), cuyas subdivisiones o jatis representan las miles de castas actualmente existentes. Cada varna cuenta con sus propias reglas de conducta, referidas a aspectos como la alimentación –no se permite comer alimentos cocinados o manipulados por personas de castas inferiores–, el matrimonio –no se admiten las bodas entre personas de clases de diferente nivel– o el contacto físico –un brahmán o sacerdote y un shudra o criado no deben tocarse jamás–. La pertenencia a una casta es hereditaria y para toda la vida, exigiendo la tradición que las personas permitan la identificación visual de a qué casta pertenecen mediante la vestimenta, maquillaje, etc.

Hasta la Revolución francesa, la sociedad europea vivió compartimentada en tres estamentos: los guerreros, que protegían al resto de la estructura social; los oradores (es decir, el clero), que velaban por la salud espiritual, y el pueblo llano, que se encargaba de los trabajos manuales.

Hasta la Revolución francesa, la sociedad europea vivió compartimentada en tres estamentos: los guerreros, que protegían al resto de la estructura social; los oradores (es decir, el clero), que velaban por la salud espiritual, y el pueblo llano, que se encargaba de los trabajos manuales.

Hasta la Revolución francesa, la sociedad europea vivió compartimentada en tres estamentos: los guerreros, que protegían al resto de la estructura social; los oradores (es decir, el clero), que velaban por la salud espiritual, y el pueblo llano, que se encargaba de los trabajos manuales.

Al no existir la movilidad social, es decir, el ascenso o descenso personal de una casta a otra, el sistema se basa en entidades o grupos cerrados. Éstos deben perpetuarse mediante relaciones endogámicas o internas al propio grupo: los miembros de la casta de los shudra sólo pueden casarse entre ellos y sus hijos heredarán la condición social de sus padres.

Los estamentos. Los estamentos son grupos sociales definidos jurídicamente: sus miembros disfrutan de unos derechos y obligaciones fijados de antemano. La división de una sociedad en estamentos implica que cada grupo posee leyes específicas que fijan sus privilegios y deberes particulares.

Se refieren sobre todo a los distintos niveles sociales (pueblo llano, nobleza, clero) existentes en Europa durante el régimen anterior a la Revolución francesa. Dichos niveles sociales surgieron durante la Edad Media con la división de la sociedad en bellatores (guerreros), oratores (oradores) y laboratores (trabajadores): los primeros debían defender a oradores y trabajadores; los segundos procuraban el bien espiritual de los otros dos grupos, y los trabajadores, por último, debían desarrollar las actividades económicas necesarias para mantener a los bellatores y a los oratores. Esta división acabaría por institucionalizarse mediante la promulgación de leyes que tendían a eximir de impuestos a los dos primeros estamentos y reducir la representación parlamentaria de los últimos.

Los estamentos, por otra parte, eran grupos sociales relativamente cerrados y endogámicos, aunque no de manera tan rígida como las castas. De hecho, la movilidad social fue un fenómeno bastante habitual en la Europa moderna, permitiendo el ascenso de campesinos al rango de la burguesía como por ejemplo los conocidos yeoman ingleses, y de ricos comerciantes al mundo de la nobleza o el alto clero. A pesar de ello, se trataba de un sistema social injusto e inigualitario lo que, con el tiempo, provocaría una fuerte conflictividad y el estallido de la Revolución francesa.

Las clases. Una clase social es un colectivo de personas con unos niveles de poder parecidos en relación al acceso a los recursos y a la distribución de la riqueza. Es decir, de la misma forma que las sociedades estamentales se componen de grupos diferenciados jurídicamente, las sociedades clasistas se estructuran de acuerdo a factores económicos. En este sentido, es posible hablar de tres clases generales: la clase baja formada por los pobres o personas con escasos recursos económicos; la clase media compuesta por personas cualificadas con cierto estatus y capacidades económicas y la clase alta, formada por la alta burguesía.

Dado que no existen componentes jurídicos que distingan a una clase de otra, se podría decir que se tratan de sociedades igualitarias y, por tanto, democráticas; todos sus miembros son iguales ante la ley. Sin embargo, esto sólo es relativamente cierto debido a la fuerte relación existente entre la diferenciación en clases y la jerarquía estatal: las clases altas están relacionadas de una manera más estrecha con las altas instancias del poder político, es decir, con aquellos que deben promulgar las leyes y garantizar su cumplimiento. Por ello, es posible decir que las sociedades organizadas en clases sociales siguen mostrando una estructura jerárquica; en aquellas sociedades con una menor concienciación democrática, la jerarquización será más acusada que en aquellas en las que el concepto de «igualdad jurídica» esté más firmemente establecido.

De la misma forma que las sociedades clasistas poseen ciertas reminiscencias estamentales, también poseen características que pueden recordar, aunque vagamente, a las diferenciaciones entre las distintas castas. Las clases no sólo se diferencian por su poder sino también por sus estilos de vida. Esto se manifiesta en cuestiones externas tan diversas como la vestimenta, el aspecto físico, etc. Esta distinción entre los miembros de las diferentes clases no es casual: ha sido necesaria para asegurar el mantenimiento de la jerarquía, ya que permite a una persona identificar la clase social de otra.

De la clase media surge buena parte de la fuerza laboral de un país; la clase alta, por su parte, suele proporcionar los elementos dirigentes de la economía. En las imágenes, planta de extracción petrolífera y edificio del Continental Bank, en la ciudad canadiense de Toronto.

De la clase media surge buena parte de la fuerza laboral de un país; la clase alta, por su parte, suele proporcionar los elementos dirigentes de la economía. En las imágenes, planta de extracción petrolífera y edificio del Continental Bank, en la ciudad canadiense de Toronto.

El mantenimiento de algunas características de las sociedades de castas o estamentos en las sociedades de clases se debe, en gran medida, a la división técnica y social del trabajo a lo largo de la historia. Desde los comienzos de la humanidad, las tareas se han ido repartiendo: primero entre los miembros de la familia; posteriormente, y a medida que las tareas se iban haciendo más complejas y se requería mayor especialización, entre los miembros de una sociedad. Esta división provocó una primera diferenciación entre guerreros, sacerdotes y campesinos, que subyace en realidad en los sistemas sociales de castas y estamentales. Es decir, aunque las castas y estamentos se definan en otros términos que las clases, en todas ellas hay un fuerte componente económico: el de la división de trabajos y tareas.

La dinámica social

Las sociedades no son entes estáticos sino que evolucionan con el paso del tiempo. Los valores transmitidos de generación en generación se ven modificados o bien grupos sociales insatisfechos se organizan para alterar la situación vigente, como sucedió durante las revoluciones rusa o francesa. En definitiva, las sociedades son dinámicas.

Las fuertes desigualdades sociales y económicas han propiciado grandes movimientos revolucionarios que han acabado transformando el curso de la historia. La Revolución francesa del siglo XVIII y la rusa de la pasada centuria dieron paso a una nueva estructuración de la sociedad. Arriba, grabado que representa el episodio del asalto a las Tullerías y, abajo, instantánea de un momento de la Revolución rusa.

Las fuertes desigualdades sociales y económicas han propiciado grandes movimientos revolucionarios que han acabado transformando el curso de la historia. La Revolución francesa del siglo XVIII y la rusa de la pasada centuria dieron paso a una nueva estructuración de la sociedad. Arriba, grabado que representa el episodio del asalto a las Tullerías y, abajo, instantánea de un momento de la Revolución rusa.

La dinámica social está de hecho determinada por los llamados procesos de cambio, crisis y conflicto. Éstos tienen lugar en todas las sociedades con independencia de su modernidad o su grado de desarrollo.

El cambio social hace referencia a transformaciones en las instituciones o en los comportamientos sociales. Dichos cambios pueden ser de diferente grado, desde pequeñas modificaciones hasta la propia destrucción de las instituciones, producto generalmente de revoluciones. Están frecuentemente asociados a situaciones de crisis, ya sea económica, política o moral: por ejemplo, la Revolución rusa se fundamentó en el descrédito de la política del zar durante la Primera Guerra Mundial y el desabastecimiento de los mercados.

Por otra parte, en sociología, se entiende por conflicto un estado de oposición o desacuerdo entre dos o más grupos humanos. El conflicto puede estar asociado tanto a situaciones de competencia como de cooperación. El primer caso es evidente: el competir por una misma meta (la disputa electoral de un escaño entre varios partidos políticos) hace inevitable el choque de intereses entre dos o más grupos. Las situaciones competitivas son, por su propia naturaleza, fuente de conflicto; sin embargo, las situaciones cooperativas no están libres del mismo debido a los frecuentes desacuerdos entre los distintos grupos acerca de la manera más adecuada de lograr las metas comunes.

El conflicto viene a veces acompañado de violencia física. Su expresión más cruda y violenta es la guerra, el enfrentamiento militar entre dos o más grupos o naciones. En las sociedades avanzadas, no obstante, los conflictos entre los distintos grupos sociales suelen ser resueltos de manera pacífica mediante la negociación y el pacto.

Tipos de sociedades

Representación de un homínido. Los pueblos más primitivos de la humanidad se dedicaban preferentemente a la caza.

Las sociedades son entes complejos que engloban todas y cada una de las actividades humanas, la forma en que sus miembros se relacionan entre sí, etc. En un intento por clasificar y comparar las sociedades, diferentes investigadores como Emile Durkheim, Auguste Comte, Karl Marx o Herbert Spencer han intentado aislar criterios que sirvan para tal fin, desde aquellos relacionados con la producción económica hasta los que se basan en el análisis de la estructura social o familiar. En este sentido, algunas de las clasificaciones más importantes han sido las que se centran en analizar las sociedades según su principal actividad económica, su modalidad de organización política o su modo de producción predominante.

Según las actividades económicas

Una clasificación de las sociedades según su actividad económica principal incluye a las sociedades de cazadores y recolectores, a las agrarias, a las industriales y a las postindustriales. Cada una de ellas es propia de un determinado estadio de desarrollo histórico de forma que, mientras el mundo desarrollado ha transitado ya por todas ellas, algunas tribus siguen manteniéndose todavía en el primer estadio.

Sociedades de cazadores y recolectores. Estas sociedades son propias de los pueblos más primitivos ya que fueron las primeras formas de organización social de la especie humana. Todas las actividades sociales realizadas por los cazadores y recolectores –la organización de la caza, las tareas recolectoras de frutas y raíces, la distribución de la comida, etc.– tenían como ámbito el marco familiar. Se trataba de sociedades nómadas o seminómadas, de economía de subsistencia debido a la inexistencia de excedentes, con un nivel tecnológico muy rudimentario y básicamente igualitarias, aunque algunas personas disfrutaban de privilegios. En la actualidad sigue habiendo sociedades de este tipo, aunque muy amenazadas por la presión de la «civilización», en lugares remotos de la Selva Amazónica y otras regiones de América, África y Australia.

Ilustración de un manuscrito medieval. La agricultura constituyó uno de los pilares de la economía de la Edad Media.

Sociedades agrarias. Con el nacimiento de la agricultura y la sedentarización de la humanidad hicieron su aparición las sociedades agrarias. A diferencia de las anteriores, las sociedades de este tipo se fundaban en una profunda desigualdad social. A su estructura fuertemente jerárquica se añadía un nivel tecnológico mucho mayor que el correspondiente a las sociedades de cazadores y recolectores. Otro elemento destacable de las sociedades agrarias –algunas de las cuales se convirtieron en auténticos imperios como fue el caso de Egipto o Mesopotamia– fue la generalización del comercio, que fue posible gracias a la producción de excedentes agrícolas. A la par que se desarrollaba la sociedad urbana, la sociedad agraria continuó su predominio hasta los inicios del siglo XIX.

Sociedades industriales. Surgieron en Europa occidental en el siglo XIX, producto de la revolución industrial y del consiguiente auge de la urbanización. Se trata por tanto de sociedades urbanas y con una avanzada tecnología. Si bien en las sociedades agrarias muchas de las actividades económicas tenían como ámbito el hogar, esto cambió radicalmente con la aparición de las sociedades industriales, que trajo consigo la generalización de las fábricas como unidades especializadas de producción. En estas sociedades, la jerarquía social es menos rígida que en las agrarias, puesto que la movilidad social permite teóricamente a los individuos –gracias, sobre todo, a la educación– ascender en el escalafón social. No obstante, las sociedades industriales suelen presentar una distribución de la renta muy desigual, tal y como se puede comprobar hoy en día en países como la India.

Sociedades postindustriales. Las naciones más avanzadas del mundo son sociedades postindustriales o de servicios, basadas sobre todo en el conocimiento (sociedad de la información). La producción en masa desempeñada por las fábricas deja en estas sociedades paso a la distribución y venta de productos así como a la investigación científica, generalmente con fines comerciales. Por otra parte, la distribución de la renta en los países postindustriales más desarrollados suele ser menos desigual que en las sociedades industriales, dado el importante papel redistribuidor desempeñado por el Estado (Estado del bienestar).

Según el modo de producción dominante

Atendiendo al modo de producción predominante y a la relación entre las clases sociales, los alemanes Karl Marx y Friedrich Engels establecieron una clasificación en seis grupos que posteriores teóricos del comunismo redujeron a tres o cuatro. Esta síntesis se basa en la posibilidad de definir a las sociedades en esclavistas, feudales y capitalistas; otros investigadores añaden a éstas la sociedad socialista caracterizada por la colectivización de los medios de producción.

Sociedad esclavista. El empleo de mano de obra esclava, forzada a trabajar a cambio de un mínimo sustento, definía este tipo de sociedad, considerada como natural en antiguas civilizaciones como la griega y la romana. Su agotamiento se produjo como consecuencia de distintos factores, entre ellos una producción insuficiente ya que los esclavos carecían de incentivos para producir más y mejor, los problemas de los amos para conseguir nuevos esclavos y las frecuentes revueltas protagonizadas por éstos. Sin embargo, la esclavitud se perpetuó durante la conquista y colonización de las tierras descubiertas por los exploradores europeos. En esta época, numerosos individuos africanos fueron reducidos por la fuerza y trasladados a América para ser vendidos como esclavos.

El siglo XIX vio nacer la sociedad industrial. Este grabado decimonónico ilustra una fábrica de la época.

Sociedad feudal. Esta sociedad surgió a partir de la esclavista, al convertirse los esclavos en siervos y los amos en señores feudales. Los siervos eran personas que se sometían a la autoridad de un señor a quien, a cambio de recibir tierras para trabajarlas, se comprometían a hacer contribuciones en especie y diversas prestaciones personales. Los distintos señores, a su vez, quedaban sometidos a otros de mayor rango. En la cúspide de la pirámide feudal, coronando todas las relaciones de vasallaje, se encontraban los reyes o príncipes.

Durante el periodo colonial, el empleo de esclavos como fuerza laboral fue una práctica normal en los territorios de América. La lámina ilustra este fenómeno.

Sociedad capitalista. Nacido a partir de la sociedad feudal, el capitalismo convirtió a los siervos en trabajadores asalariados pagados por los empresarios. Según el pensamiento marxista, el sistema capitalista se basa en la explotación de los asalariados por parte de los dueños de los medios de producción, al apropiarse éstos del valor del trabajo realizado por aquéllos. Tal como se indicó anteriormente, Marx consideraba que la sociedad capitalista sería sucedida inevitablemente por la socialista, la cual, a su vez, sería la antesala del comunismo.

El triunfo de la Revolución rusa propició el dominio del comunismo en el este de Europa durante casi todo el siglo XX. En la imagen, arenga de Lenin a los sublevados.

Sociedad socialista o comunista. Según Marx, las sociedades socialistas debían sustituir a las capitalistas como forma de garantizar un reparto igualitario de la renta. El papel del Estado era por ello fundamental ya que este debía convertirse en el mecanismo de redistribución. Los experimentos realizados en este sentido tras la Revolución rusa de 1917 demuestran sin embargo que es prácticamente imposible este ideal: la sociedad sigue estructurándose de forma jerárquica lo que provoca, de nuevo, un reparto desigual de la riqueza.

Las sociedades organizadas bajo las directrices de un estado han alcanzado el máximo grado de desarrollo político. En la imagen, reunión constitutiva de la Comunidad Sudamericana de Naciones celebrada en Cusco, Perú, con representantes de distintos estados.

Según la organización política

La modalidad de organización política permite distinguir entre sociedades de bandas y aldeas, y sociedades estatales.

Sociedades de bandas y aldeas. Las sociedades de bandas representan el llamado estado de «comunismo primitivo», en el que todos los adultos tienen supuestamente un libre acceso a los recursos naturales necesarios para el sustento (agua, caza, pesca, frutos, etc.). Las bandas consisten en la agrupación en un mismo territorio de varios linajes o clanes sujetos a dos tipos de liderazgo: el de los cabecillas y el de los jefes. Los cabecillas son personajes sin demasiado poder pero con una cierta capacidad de persuasión basada en el prestigio personal. Actúan sobre todo como árbitros encargados de dirimir las disputas entre miembros del grupo. Para mantenerse en su posición, los cabecillas han de procurar conservar el respeto del resto de los integrantes del colectivo.

Los jefes, por su parte, tienen un mayor poder que los cabecillas, extendiendo su autoridad sobre varios grupos de bandas y aldeas. Sin embargo, su poder está igualmente condicionado al mantenimiento del prestigio, ya sea a través de triunfos en la guerra o a través de prebendas otorgadas a sus partidarios.

Sociedades estatales. El Estado es un tipo avanzado de organización política, nacido como producto de la evolución de las grandes jefaturas. Se trata de una forma de sociedad centralizada cuyos gobernantes tienen el poder de obligar a sus súbditos a obedecer una serie de leyes, pagar impuestos y prestar ciertos servicios (por ejemplo, el militar). El paso de las jefaturas a los Estados fue posible gracias, sobre todo, a dos factores: el incremento de la población de las aldeas y su transformación en ciudades, y el desarrollo de la agricultura, lo que permitió generar un excedente alimentario y favoreció la aparición del comercio. Todo ello trajo consigo el levantamiento de una estructura burocrática centralizada capaz de gestionar estas riquezas y de actuar como intermediaria entre el grueso de la población y lo sobrenatural. Esta división entre gobernantes (castas militares y sacerdotales) y gobernados (pueblo llano) acabaría favoreciendo la aparición de las monarquías y el progresivo monopolio de determinadas funciones como la defensa o la sanidad.