Plateresco

    Claustro plateresco del monasterio de San Zoilo

    Con un sentido más bien peyorativo, el término plateresco aparece por primera vez en el siglo XVIII para comparar la decoración arquitectónica del primer Renacimiento español con el arte menor de la platería.

    Esta influencia de plateros en arquitectos, que en un primer momento podían haberse dejado llevar por una tendencia puramente decorativa, refleja el deseo de ostentación y riqueza vivido durante el reinado de los Reyes Católicos, a raíz de la prosperidad que siguió a la conquista de Granada y al descubrimiento de América en 1492.

    El Plateresco se caracteriza por enmascarar las estructuras arquitectónicas de los edificios con una decoración florida, mezclando formas góticas, mudéjares y renacentistas, por lo general realizadas en yeso. El estilo se desarrolló como un arte oficial impuesto en todo el territorio con la intención de servir de expresión a la unidad religiosa y política conseguida por los Reyes Católicos; por tanto, es también conocido con el nombre Plateresco isabelino o Gótico isabelino.

    Durante la primera mitad del siglo XVI, coincidiendo con la regencia del cardenal Cisneros y el reinado de Carlos V, el plateresco fue adquiriendo un carácter cada vez más italiano, y poco a poco se fue desprendiendo de sus atributos góticos. A aquel momento de transición pertenecen los arquitectos Enrique Egas y los hermanos Guas, vinculados con Toledo, mientras que a Gil de Siloé, por la Escalera Dorada de la catedral, se le relaciona con Burgos.

    Salamanca es la ciudad plateresca por excelencia. La obra maestra del Renacimiento plateresco, cuya realización no está atribuida a ningún autor conocido, es la fachada de la Universidad, de 1529. Se trata de una bellísima máscara superpuesta que no guarda relación alguna con la estructura principal del edificio. La parte alta está decorada con las armas de los Reyes Católicos y de Carlos V, así como por reproducciones de estatuas clásicas como el Hércules Farnesio y la Venus de Gnido; en el centro se encuentra la figura del Papa.

    En Alcalá de Henares, debido a la fama adquirida por su universidad, se encargó en 1553 al más destacado de los arquitectos salmantinos, Rodrigo Gil de Hontañón, el recubrimiento en piedra de la modesta fachada de ladrillo.

    Los elementos decorativos que aparecen como característicos del plateresco son las columnas abalaustradas, los medallones, los emblemas heráldicos, las figuras humanas entrelazadas con animales y seres fantásticos (grutescos), los entablamentos, basamentos y frontones. Posteriormente, Lorenzo Vázquez de Segovia incorporó los almohadillados italianos.