Cátaros

Secta herética cristiana defensora del dualismo maniqueísta, que negaba la encarnación de Dios en Jesucristo y predicaba el ascetismo. Alcanzó una notable influencia en el sur de Francia y norte de Italia durante los siglos XII y XIII, y fue totalmente erradicada en el siglo XIV por la Iglesia católica.

Orígenes y doctrina

Etimológicamente, “cátaro” deriva del griego katharos, que significa “puro”. También son conocidos como “albigenses” por la ciudad de Albi (Francia) donde existía una importante comunidad. Según su doctrina, existen dos principios: el Bien, que se manifiesta en el “alma” y el Mal, que aparece en la “materia”. Jesucristo era una emanación divina carente de materia, por lo que negaban su padecimiento y muerte. Partidarios de la austeridad, veían en el lujo y ostentación de la Iglesia católica una manifestación del Mal. Propugnaban el ayuno y la abstinencia sexual para liberar el espíritu de lo material. Sus estrictas reglas quedaban suavizadas al ser exigidas sólo a los “perfectos”, aquellos elegidos que, tras el sacramento del “consolamentum, dedicaban su vida a la salvación de las almas. Los demás, llamados “creyentes”, veían tratados sus pecados con tolerancia.

Evolución histórica

Desde los comienzos del cristianismo existía una corriente dualista en zonas del este de Europa. El sacerdote Bogomil predicó esta doctrina en Bulgaria dando origen al movimiento de los bogomilos, antecedente de los cátaros. En el siglo XI aparecieron grupos bogomilos aislados en Alemania, Flandes y el norte de Italia, pero fue a partir de mediados del siglo XII cuando esta corriente arraigó, especialmente entre los artesanos y la pequeña oligarquía urbana del Languedoc y la Provenza (hoy sur de Francia), regiones vasallas del rey de Aragón. En 1140 los cátaros formaban ya una iglesia organizada, con su propia liturgia y varios obispos.

La Iglesia católica trató de eliminarla mediante las órdenes mendicantes, especialmente los dominicos. Tras el asesinato de un legado del papa Inocencio III por un paje del conde Raimundo VI de Toulouse, en 1208, Roma proclamó una cruzada contra los albigenses (1209-1229) dirigida por el noble francés Simon de Montfort y apoyada por la monarquía francesa, que buscaba la anexión del territorio del Languedoc a su corona. Los habitantes de Toulouse y Béziers fueron masacrados y Raimundo VI se vio obligado a entregar sus posesiones a la corona francesa, mediante la boda de su hija con un vástago del monarca francés.

Tras la victoria católica, el tribunal de la Inquisición continuó la persecución religiosa, apoyada por el rey Luis IX de Francia. Un grupo de cátaros se refugió en la fortaleza de Montségur, próxima a los Pirineos, hasta que fue asaltada en 1244. Sus aproximadamente trescientos habitantes fueron quemados tras negarse a abjurar de su fe. A partir del siglo XIV la doctrina cátara quedó definitivamente erradicada.