Gremio

Los síndicos del gremio de los pañeros, de Rembrandt.

Asociación de profesionales que ejercen un mismo oficio, creada para regular las condiciones de fabricación y comercialización de sus productos, así como para dar protección a sus miembros. Los gremios fueron un elemento importante en la estructura económica de Europa occidental en los siglos XI al XVI. Con el advenimiento de fórmulas precapitalistas comenzó su declive, aunque perduraron de forma marginal hasta el siglo XVIII.

Origen

Aunque en el Bajo Imperio romano ya existían asociaciones de artesanos, llamados collegia, la decadencia de las ciudades durante la Edad Media provocó su total desaparición en Europa occidental. El origen de los gremios, por tanto, no parece estar en Roma, sino que surgieron como respuesta a la etapa de crecimiento económico iniciado en Europa a partir del siglo XI.

Las primeras corporaciones profesionales fueron asociaciones de comerciantes, conocidas con el nombre de hansas, creadas por mercaderes para protegerse de los bandidos y de los señores feudales. Las hansas llegaron a ser muy poderosas en el gobierno de las ciudades y parecen estar en el origen de las corporaciones de artesanos, o gremios en sentido estricto.

A partir del siglo XI la población de las ciudades aumentó, al tiempo que se iniciaba un proceso de división del trabajo. Se instalaron pequeños artesanos, que tendían a agruparse en determinadas zonas por oficios, y que se organizaban en corporaciones, llamadas gremios, como el de los zapateros, carpinteros, tejedores, etc. Esta estructura artesanal y comercial ha dado nombre a muchas calles o barrios en las ciudades europeas.

Funciones y características

Los gremios cumplían varias funciones, tanto a nivel económico como social:

- Ejercían el monopolio sobre sus productos, de forma que nadie ajeno al gremio podía producir o vender en esa ciudad.

- Fijaban los precios de venta, que eran iguales para todos los talleres, lo que eliminaba totalmente la competencia entre los artesanos.

- Regulaban las condiciones de trabajo así como las técnicas y materiales empleados, impidiendo cualquier innovación en la producción.

- Establecían unos mínimos de calidad en sus manufacturas.

- Constituían un “grupo de presión”, que defendía los intereses de sus asociados en el gobierno de la ciudad.

- Ofrecían protección social a sus miembros en situaciones de enfermedad o falta de recursos.

Organización interna

Los gremios agrupaban a todos los trabajadores de un mismo sector, desde el dueño del taller al último aprendiz. Su estructura interna era estrictamente jerárquica y estaba organizada en tres estratos: maestros, oficiales y aprendices. Estos últimos comenzaban a trabajar en un taller a temprana edad, normalmente a cambio de alojamiento y manutención, sin que mediara el cobro de salario.

Conseguir entrar en un taller como aprendiz no siempre era fácil, y en ocasiones, para ser admitido, se debía pagar una considerable suma de dinero al maestro o dueño del taller. Tras un periodo que variaba entre cinco y nueve años, se adquiría el grado de “oficial”. Los oficiales eran artesanos cualificados, muchas veces expertos en su oficio. Para poder ascender al nivel superior debían demostrar su pericia realizando una “obra maestra” y disponer de recursos para mantener un taller con sus propios oficiales y aprendices. El ascenso al grado de maestro estuvo cada vez más restringido, quedando en algunos gremios limitado a determinadas familias.

El gremio ejercía un gran poder sobre sus miembros, pues era una institución que formaba parte del ordenamiento jurídico y tenía derecho a investigar denuncias por malas prácticas e imponer multas a sus miembros.

En las ciudades medievales autogobernadas, los gremios ejercieron gran influencia, especialmente durante los siglos XIV y XV, tras duras luchas por el poder con el patriciado urbano.

Decadencia

Su fin vino marcado por las transformaciones económicas y políticas de la Edad Moderna. La aparición de nuevos y más amplios mercados, en los que operaban empresas con grandes capitales, relegó a un segundo plano a las corporaciones, tanto de comerciantes como de artesanos. Por otro lado, la pérdida de autonomía de las ciudades, dominadas por el creciente peso de la monarquía centralista, les privó de su posición privilegiada.

Aunque formalmente, en algunos países como España o Austria, los gremios no desaparecieron hasta el siglo XIX, en general dejaron de ser operativos a lo largo del siglo XVI.