Alfonso X

    Escultura de Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León

    Alfonso X (1221-1284), rey de Castilla y León, conocido por el sobrenombre de El Sabio, cuyo esfuerzo en favor de las letras, las ciencias y la organización jurídica de su reino supuso un hito en la historia castellana.

    Primeros años

    Nacido en Burgos (Reino de Castilla y León, actual España) el 23 de noviembre de 1221, Alfonso X era hijo de uno de los más importantes monarcas castellanos, Fernando III El Santo, y de Beatriz de Suabia, estando asimismo emparentado con las monarquías de Alemania y Bizancio.

    Su infancia es la época peor conocida de su vida, aunque se puede suponer que en ella recibió una sólida e intensa formación, gracias a su ayo, el gallego García Fernández, lo que explica en buena medida el uso que hará posteriormente de la lengua gallega en sus escritos. Jurado heredero al trono por las cortes a la edad de quince meses, pronto fue educado en el uso de las armas, participando, en 1231, en una campaña contra el reino musulmán de Murcia.

    Su carrera militar continuó con su nombramiento, once años más tarde, como alférez real, siendo delegado por su padre para tomar posesión del reino de Murcia, declarado vasallo por aquel entonces, debiendo tomar por las armas localidades como Lorca, Mula o Cartagena. En 1244 firmó el tratado de Almizra con el monarca aragonés Jaime I, participando, un año más tarde, en una campaña en Cartagena, en 1246, en el asedio de Jaén y, en 1248, junto con su padre, en la toma de Sevilla. Al año siguiente se casó, por motivos políticos, con Violante de Aragón, hija de Jaime I y en 1252 la muerte de su padre, Fernando III, le convirtió en rey de Castilla y León.

    Reinado

    Su reinado, en comparación con el de su padre, no se caracterizó por los éxitos militares. Intentó, sin grandes resultados, ganar terreno a los musulmanes, que ocupaban el sur de la península Ibérica, aunque las únicas campañas de importancia fueron las de Niebla, Jerez, Medina Sidonia, Lebrija y Cádiz. En política interior, intentó reforzar el poder real, frente a las pretensiones de los nobles, y, en los últimos años de su vida, hubo de afrontar la rebelión de su hijo, Sancho IV El Bravo, quien finalmente le obligó a declararle heredero. Otro revés en su política fue el producido con motivo de su pretensión de hacerse coronar emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, a lo que se opusieron el Papa y los nobles castellanos. En varias ocasiones intentó hacer valer sus derechos por línea materna para ocupar el trono imperial, aunque todo fue en vano. Falleció en Sevilla el 4 de abril de 1284.

    Relevancia intelectual

    Sin embargo, si su reinado y figura resultan reconocidos es, fundamentalmente, por su altura intelectual y por su labor en favor de las letras y el conocimiento, lo que le valió el sobrenombre de El Sabio. Promovió las artes y las ciencias, estableciendo la Escuela de Traductores de Toledo, que significó un puente entre la Edad Media y los saberes clásicos greco-latinos. En ella, traductores cristianos, judíos y musulmanes recuperaron e hicieron accesibles las obras de la Antigüedad clásica.

    El monarca se preocupó, también, por la astronomía, elaborando unas tablas astronómicas que fueron utilizadas más tarde por Copérnico. Su pensamiento se plasmó en obras como la Crónica General y la Grande e general Storia, en las que se incluyen algunos poemas épicos. Son también suyas las Cantigas de Santa María, un conjunto de 402 poemas escritos en lengua galaico-portuguesa.

    Muy importante es, asimismo, su aportación al campo del derecho. Su deseo de unificar el poder del reino bajo la autoridad del monarca, frente a las intenciones centrífugas de la nobleza, le llevó a elaborar un código legal, el Fuero Juzgo, con la intención de ser aplicado en todo su reino, sustituyendo así a los numerosos fueros particulares existentes. Pero su obra fundamental, en materia jurídica, son las Siete Partidas, un tratado de derecho que abarca los campos penal, civil y eclesiástico.