Antonio López de Santa Anna

Retrato del general Antonio López de Santa Anna

Antonio López de Santa Anna (1794-1876), militar y político mexicano de constante presencia en la vida pública del país en la primera mitad del siglo XIX, fue el responsable de la pérdida del norte del territorio nacional de México, que pasó, desde 1847, a formar parte de los Estados Unidos.

La lucha por la independencia

Nacido el 21 de febrero de 1794 en Jalapa (México), López de Santa Anna ingresó en el ejército regular español en 1810, el mismo año en que se iniciaron los movimientos independentistas del país. Tras colaborar en diferentes frentes, en 1821 apoyó el levantamiento golpista de Agustín de Iturbide, que concluiría ese mismo año con la declaración de independencia de México según el Plan de Iguala.

Sin embargo, la posterior proclamación de Iturbide como emperador llevó a Santa Anna a retirarle su apoyo, llegando en 1823 a levantarse en armas contra su gobierno y exigir al emperador la supresión de su cargo y la instauración de una soberanía nacional.

Presidencias y exilios

Una vez instaurada la república en México (1823), ocupó la comandancia militar de Yucatán hasta 1825, siendo nombrado gobernador de Veracruz en 1827. Su actuación frente al ejército español en Tampico (1829) le valió un enorme reconocimiento político y militar entre sus contemporáneos, y en 1833, tras presentar su candidatura a las elecciones generales, fue elegido por primera vez presidente de la república (cargo que ocuparía once veces a lo largo de su vida). Aunque se autoproclamaba federalista y liberal, Santa Anna desarrolló de forma efectiva un gobierno mucho más próximo a posturas conservadoras y con una administración del poder excesivamente personalizada.

En 1836, aún en su primera legislatura, intentó sofocar la sublevación de los rebeldes independentistas texanos, que, sin embargo, consiguieron apresarlo. A pesar de ser liberado poco después se vio forzado a dimitir, quedando marcado por esta humillación. Decidió limpiar su honor iniciando un año más tarde la guerra contra el ejército francés, al que venció en 1838.

Aunque las hazañas militares hicieron remontar su popularidad, llevándole en 1841 nuevamente a la presidencia de la república, apenas duró unos meses en el poder, al derrocarle la sublevación dirigida por José Joaquín Herrera. En 1846, siendo otra vez presidente, inició la guerra contra los Estados Unidos que concluiría en 1847 con la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo por el que México cedía de forma definitiva los territorios de Texas, Alta California y Nuevo México al vecino estadounidense.

Después de esta derrota, Santa Anna permaneció fuera del país por algunos años hasta que, en 1853, regresó y entró a formar parte de las filas del Partido Conservador. Ese mismo año logró alcanzar una vez más la presidencia del gobierno, siendo derrocado en 1855 por el plan liberal de Ayutla (encabezado, entre otros, por Benito Juárez).

Obligado a exiliarse de México, Santa Anna pasó unos años fuera del país. Aunque en 1864 intentó regresar para, enarbolando la bandera del republicanismo, derrocar el régimen imperial recientemente instaurado por Napoleón III, al poco de haber desembarcado en México fue desterrado de nuevo por el ejército imperial, que lo trasladó a la Habana. Allí permaneció en su exilio forzoso la siguiente década (durante la vigencia del imperio y del gobierno juarista), hasta que, en 1874, una vez fallecido Juárez, el presidente Lerdo de Tejada le permitió regresar al país.

Murió dos años después, el 21 de junio de 1876, en la ciudad de México.